<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093</id><updated>2011-10-31T15:13:53.955-07:00</updated><category term='Savino'/><category term='Guarnieri'/><category term='Mudanó'/><category term='García'/><category term='Fiszman'/><category term='La yapa'/><category term='Riccardo'/><category term='Ingberg'/><category term='Volonteri'/><category term='Quiroga'/><category term='Mazar'/><category term='Heer'/><title type='text'>visiones de néstor sánchez</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>31</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-2310598689095449573</id><published>2009-05-20T11:37:00.000-07:00</published><updated>2009-06-02T08:57:01.893-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiQgIJB6I_I/AAAAAAAAAIA/EmtKXz0woXo/s1600-h/nestor_2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5342430382203216882" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 251px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiQgIJB6I_I/AAAAAAAAAIA/EmtKXz0woXo/s400/nestor_2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-2310598689095449573?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/2310598689095449573'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/2310598689095449573'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/06/blog-post.html' title=''/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiQgIJB6I_I/AAAAAAAAAIA/EmtKXz0woXo/s72-c/nestor_2.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-3503982950876854580</id><published>2009-05-19T13:48:00.000-07:00</published><updated>2009-07-24T07:08:28.092-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fiszman'/><title type='text'>CABEZÓN 2915, por Mariano Fiszman</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;“… no rescato nunca hechos significativos…”&lt;br /&gt;N. S.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy por tocar el timbre de la casa de Néstor Sánchez por primera vez. Es el año 92 o principios del 93, lo que me acuerdo bien es la hora por su manera de decir “a las doce” en el teléfono haciendo sonar todas las consonantes a fondo y la o profunda, un poco a lo Riverito. La casa, baja, la primera desde la esquina, tiene un frente de mármol claro, puerta de chapa con un rectángulo vertical de vidrio oscuro en el centro y dos ventanas a los costados, las celosías cerradas siempre. El timbre suena fuerte, se enciende una luz a través del vidrio, el cuerpo atrás de la puerta lo oscurece, abre. Néstor es alto y corpulento, usa la ropa de los viejos del barrio, alpargatas con suela de goma, pantalón de tela liviana con elástico y camisa. Nos damos la mano, me hace pasar, nos sentamos alrededor de una mesa baja, carpeta tejida, en los sillones del juego de madera oscura, de estilo, duros, con apoyabrazos, cada uno ocupa el lugar que va a mantener después durante años, yo a la izquierda de la puerta, frente a la pared descascarada y el cuadro de Gorriarena y él a mi derecha, enfrente de una biblioteca también de madera oscura con tres puertas de vidrio y cortinitas que no dejan ver adentro, a mitad de camino, él, entre la puerta de entrada y otra, la que esconde el resto de la casa sin terminar de filtrar las voces de mujeres, los tangos de radio, el olor del bife o las milanesas cocinándose. A sus espaldas enmarcada la foto infantil. Hablamos de literatura, del barrio y sus personajes, que conozco bien porque viví casi toda la vida en esta misma manzana, justo a la vuelta, sin saber que esta era la casa de Néstor Sánchez, al lado de la pescadería que para nosotros sigue siendo la farmacia aunque cerró hace quince años, y cuando más adelante me presente a su madre la voy a conocer de haberla visto barrer la vereda. Pero si en la charla hay entusiasmo es mío, y es mudo. Néstor se sienta erguido y saca cigarros del bolsillo de la camisa, Particulares 30, fuma en silencio. Su cara es redonda y grande, como sus ojos, y la boca ancha. Tiene una sonrisa enorme, contagiosa, se ríe con toda la cara, asintiendo, y los ojos le brillan intensamente. Otras veces la mirada se opaca, apagada, el contraste es grande. Me veo obligado a llevar adelante la conversación, no es mi juego y lo hago torpe, pregunto por ejemplo si esa foto que se ve es de la nieta y me dice que no, que es el hijo, o pregunto fechas, tratando de situar su viaje en el tiempo, y me dice ah, no sé, yo de años no sé nada, meneando la cabeza con los ojos cerrados, como si lamentara no poder ayudarme. Le pregunto qué lee. Casi nada, dice, con la misma desolación, Joyce, “Estoy preso en esta escena ardiente”, cita, y se le ilumina la cara. De Claude Simon hay un libro que está bien, El viento, una edición de Fabril, de tapas duras. No lo conozco. En el silencio, se pasa las palmas por los muslos, cruza los brazos, mira fijo la biblioteca, respira pausado y de pronto hondo y suelta todo el aire con un soplido fuerte. Tiene el mismo pelo con el que aparece en las fotos de joven, sin canas, ondulado, bien peinado, y un gesto repetido de alisárselo con la palma, no a los costados, no por coquetería, sino la parte de arriba, unas palmadas, como achatándolo. En cambio la dentadura es postiza, parece que le molesta, todo el tiempo la acomoda y corrige con la yema del pulgar. Cuando su reloj de malla negra y agujas sobre un fondo blanco marca una menos cuarto me dice que se tiene que ir a comer. Llamame, dice. Nos volvemos a dar la mano y salgo.&lt;br /&gt;Ese esquema de visitas se repite un par de años, siempre día de semana, siempre a las doce y hasta la una menos cuarto. Néstor no ve a casi nadie, no lo llaman. Dice que es traductor de inglés, italiano y francés pero que no le dan trabajo, es una mafia. ¿Escribe? Ya no. Estoy seco, dice, sin expresión, sólo confirmando el hecho. No escribe porque no tiene una épica. Antes tenía una épica, una épica de vida, y esa vida se volcaba en la literatura. ¿Ahora de qué voy a escribir, de la vejez? Le dejo una copia de algún cuento que estoy escribiendo, él la hojea y la guarda en esa biblioteca que me empieza a intrigar con sus cortinas. Lee y llama enseguida, no es complaciente ni jodido, ninguna pretensión. Hablando de un cuento, dice que le pareció parte de una novela, y yo a partir de ahí arranco mi primera novela, como si me hubiera dado permiso o hecho creer que estaba en condiciones. Como estoy por irme a Francia por un tiempo largo, le preguntó si hay alguien a quien pueda ir a ver. No. Estaba Beckett, lástima que murió. Después no pasa nada, y repite el gesto desolado.&lt;br /&gt;Cuando nos volvemos a ver nos reímos de los parisinos y del clima, de Paris no. En la biblioteca del Pompidou encontré sus libros, editados por Gallimard en los setenta. Estaba Cómico de la lengua, pero prefiero esperar a leerlo en castellano. No tengo ninguno, dice Néstor, se perdió todo. Sí leí El viento, y también encontré, medio de casualidad, a un lingüista argentino con el que cenamos un par de veces en la rue Dunois, fuimos a bares y a la presentación de un libro de poesía en idisch en una librería del boulevard Saint Michel con buen vino y comida y un borracho gritón con su perro al que nadie se animaba a echar, y cuando el lingüista me pregunta a quién leo le digo, para desalentarlo, Néstor Sánchez, entonces el tipo se ahoga con el Bordeaux y dice que Néstor lo inició en la literatura a los quince años, era novio de la hermana de uno de sus amigos, educó a toda la barra, nunca más lo vio, me pregunta o me dice, como se dicen esas cosas, si no estaba internado. Esa noche somos dos personajes de Néstor Sánchez buscando a nuestro autor.&lt;br /&gt;En Cabezón y Nazca, a las doce, cada uno vuelve a su silloncito. Un día aparece recién levantado, en pijama celeste de pantalones cortos y camisa con botones blancos, solapas y un bolsillo para los Particulares, y chancletas con dos tiras de cuero en equis, como otros vecinos de esta cuadra no hace tanto, a lo Siberia. Las novelas las escribió en un año, catorce meses cada una, no más. Era como un ciclo. El tiempo siempre presente, la fecha de escritura de la novela al final, su rúbrica. Escribía ocho horas diarias todos los días. Cuando se escribe la novela es todo el día y toda la noche, hasta en los sueños. Antes que los personajes envejezcan, dice. El tiempo y la muerte. Cuando le pregunto por el barrio, dice muchos muertos. ¿Ruido? ¿El 90 que pasa por la puerta? No, muertos, se está muriendo mucha gente. Pregunta por Martini Real, de qué murió. Me avisa que murieron Burroughs y Ginsberg, dudo si es reciente o pasó hace mucho y me olvidé, o si ya me lo dijo. Sigo dejándole mis textos. Aparece en La ballena blanca un viejo artículo suyo sobre la novela y le pregunto, buscando las palabras, por algo que él dice ahí, si entonces ya contemplaba la posibilidad de dejar de escribir. Si, asiente con la cabeza, ya la contemplaba, y me queda mirando. Ahora había empezado una novela pero la abandonó. Setenta páginas. No le gustaba. Me muestra una antología de Perfil en la que aparece “Adagio”. Están Macedonio, Lamborghini, Gusmán. Al día siguiente le dan 300 pesos, le da risa, es lo que se paga en las antologías. Leo la reseña, el libro de cuentos es del 88, ¿tanto? Yo también pensé que era menos, dice, con la mano derecha sobre el pelo y ojos muy abiertos. ¿El personaje de “Adagio” es su padre? No, es Juan L. Ortiz. Es el relato de una visita a Juan L. Ortiz, aunque no pasó nada de lo que se cuenta, sonríe. Iban a verlo a Paraná con Hugo Gola. Su poesía le gustaba, pero hablaba mucho, tenía logorrea. Tomaba mate todo el día y anfetaminas. Vivía con un montón de animales, no se acuerda si perros o gatos. Era alto y flaco, y las plumas que usaba para escribir y la bombilla del mate y su boquilla, todo era fino y alargado. Voy rearmando su itinerario. Perú, ya metido en Gurdjieff, Venezuela, Monte Ávila, la traducción de Muerte a crédito, con eso se pagó los pasajes a Europa, Italia, España, en esa época andaba bien, llegué a tener auto y todo, después Paris, siete años y Estados Unidos, ocho, en total veinte años afuera. Lo invito a cenar alguna vez a mi casa. Queda en pensarlo. Al centro no voy, dice. A todo lo que está más allá de Chacarita, en Villa Pueyrredón se le dice el centro.&lt;br /&gt;Empiezo a verlo afuera, en un café de Chacarita justamente, adonde se reúne los sábados, a las cinco de la tarde, con Raschella, Hugo Savino y Pablo Ingberg. Hasta acá Néstor viene de zapatos y jeans, y ahora nos saludamos con ese abrazo porteño con choque de mejillas. Entre otros recupero un poco mi silencio, se habla de tango y de jazz, de escritores que no conocía, José Agustín, El oro, de Cendrars, Kerouac, “Y yo me vuelvo a casa, habiendo perdido su amor. Y escribo este libro”, cita Néstor, le brillan los ojos, cuenta cuando fue a Big sur, ilusionado, creyendo que lo iba a recibir una colonia de artistas pero no había dónde quedarse ni cómo volver, un desastre, se entusiasma con Molina, “Bañándome en el río Túmbez un cholo me enseñó a lavar la ropa”, si alguien nombra a Saramago él pregunta quién es, de Borges le gustan la Historia universal de la infamia, El Aleph y Otras inquisiciones, lo entrevistó en la Biblioteca antes de irse, la secretaria tres veces interrumpe “Borges, teléfono”, y el viejo “le dije que aparentara que era un hombre ocupado pero creo que está exagerando”, y el sábado que estaba en la cama antes de ir al bar y se le apareció un recuerdo olvidado de esa entrevista, un flash, él con Gurdjieff y con Ouspensky, hasta que Borges lo interrumpe “¿usted es teósofo?”, la risa de Néstor nos hace felices, escritura en estado de gracia, como cuando escribía, a veces estaba escribiendo un capítulo y se le armaban los seis siguientes, anotaba, después del seis al doce, la novela se iba armando sobre la marcha, un esqueleto después la escritura, para los personajes nombres de jugadores de primera C, Orsinis se iba a llamar La juntidad espeluznante, Cómico por los cómicos de la legua, trashumantes que recorrían América, además en esa época como una manera socarrona de dirigirse, “qué hacés, cómico”, o “éste es un cómico”, escrito en Barcelona algunas partes que salían directas a máquina otras a mano, anotaciones en papeles sueltos, con letra grande, a veces escribía “con trago”, de noche, en un bar vacío, el dueño un fantasma, de mañana las pasaba a máquina, Chicago vista un sólo día, el viaje en auto ida y vuelta desde el aburrimiento profundo de la residencia para escritores de Iowa, la gente que escribe “temas” y la imposibilidad de escribir una novela con personajes que no tengan nada que ver con uno, como un militar, qué se yo cómo es un militar, para eso hay que ser novelista (peyorativo).&lt;br /&gt;Cuando muere la madre queda solo, la casa se me abre, de la sala pasamos al comedor que corresponde a la otra celosía que da a la calle, juego de mesa y sillas tapizadas y vajillero, la cama de Néstor, pastillas sobre la cómoda, atados de Particulares, monedas, páginas de cuaderno llenas de su letra cursiva, de ahí a la pieza que era de la madre adónde están el teléfono y el televisor y un diploma que imita un pergamino con caligrafía cuidada y muchas firmas. Los muebles, artefactos, cuadros, adornos, todo es de hace treinta años, todo mantiene su lugar. Lo desperté. Se peina y tomamos mate en la cocina oscura, uno a cada lado de la mesa, yo de espaldas a la heladera, él cerca de la hornalla encendida a mínimo, un reloj cuadrado de fórmica imitación madera clara y la inscripción Aconcagua nos vigila. Néstor es muy puntual. Se acuesta temprano, se levanta tarde, duerme siesta. Me aburro, como no escribo me aburro. Sin dientes se parece a Benedetti. Querían meterme en el boom y yo me fui a la mierda. Se ríe de Vargas Llosa, “la luz entró en el cuarto como un cuchillo en la carne”, Carlos Fuentes codeándose con presidentes y embajadores. ¿Hoy pasa el basurero? Tiene que sacar ramas a la calle, a la mañana estuvo el jardinero. También la chica que limpia. Se nota, ¿no? Igual vos sos ordenado. Si, soy ordenado. La cocina da al jardín por una puerta de alambre tejido. Salimos. El contraste con la casa golpea. El jardín es una isla de claridad. El pasto, las enredaderas sobre las paredes, muchas variedades de plantas y flores, a un costado hasta un banco de madera, todo crece fuerte, cuidado, alegre, mágico.&lt;br /&gt;Aparece lo de la computadora, dice que sí y en el café nos ilusionamos, ¿y si empieza de vuelta? Un sábado al mediodía llego a Villa Pueyrredón en remise y me está esperando en la puerta de su casa. Bajamos la máquina del baúl y dejamos todo sobre la mesa del comedor. Preparó bifes y una ensalada de lechuga bien condimentada, hay pan lactal, fruta, tomamos cervezas hablando de Alberto el almacenero, de Fanego, salimos a buscar una ferretería abierta por el barrio para comprar una zapatilla, el nombre del artefacto lo hace reír, caminamos por Cuenca abajo del sol, le gusta caminar, las calles están vacías, mantiene la espalda recta, el paso un poco rígido pero elegante. Empezó a escribir de chico, en el colegio, tenía aptitud. Redacciones, cartas. A los dieciocho años un maestro le dijo que escribiera. ¿Un maestro de escuela? No, un maestro, un tipo. No había terminado la secundaria, a los dieciséis años estudiaba en el Normal Mariano Acosta cuando murió el padre, dejó la escuela y fue a trabajar. Al ferrocarril. Retiro. El padre y el tío eran ferroviarios. Tiene un hermano ocho años menor que vive en Italia y también escribe. El padre parece que escribía también, era muy lector, a Néstor le quería poner Florencio, Florencio Sánchez, se ríe, por suerte después lo convencieron. Primero escribía poesía, después dejó. No se me da la poesía, me pongo filosófico, me voy por las ramas. En cambio, creó esta escritura que llama poemática. Pero sus relaciones siempre fueron con poetas, no con narradores. Era amigo de Aguirre, Bayley, Madariaga, Molina, Ortiz, Gola, Alonso. Le gusta mucho Molina, más que Girondo. Es más denso, Girondo no es un gran poeta. Cuando él lo conoció, a través de Madariaga, Girondo andaba en silla de ruedas, lo había atropellado una moto por Florida. Era muy mujeriego, hacía grandes fiestas. De Bayley dice que necesitaba la murga, y que él se fue, no lo soportó. Fueron los primeros lectores de Nosotros dos, a la novela no le dieron el premio en el concurso de Primera Plana porque dijeron que tenía influencia de Cortazar. A Cortazar no lo conocía, le había enviado la novela a Paris y él escribió una carta fuerte de recomendación para Sudamericana, y discutiendo lo de su influencia. Así entró a publicar. ¿Cortazar? Le había pegado mucho Rayuela. También Marechal, Adán, pero más todavía El banquete.&lt;br /&gt;Cada dos o tres sábados en el café, con Pablo, Hugo y Roberto, ahora algunos asados, otra noche en una pizzería brindando por los libros que aparecen y la perspectiva de que por primera vez se va a editar Cómico de la lengua en Argentina, ese fin de año todos juntos en la casa de María Teresa, pero al mismo tiempo en el comedor oscuro clases de computación que los dos queremos que terminen rápido para ir al bar de Mosconi, a cinco cuadras, adonde va todas las tardes. Entrando, levanta el brazo derecho y muestra la palma de la mano junto a su cara y cabecea apenas. Alfredo, el mozo, le trae un sifón y dos vasos, uno lo llena hasta el borde de vino Toro que Néstor va estirando, cuando se le termina el mozo se acerca y le vuelve a servir. La reacción rápida, sin necesidad de palabras, la precisión de cada gesto. Pregunto por las drogas. En esa época en Buenos Aires había droga por todas partes, estaba a la orden del día. Tomó eso que estaba dando vueltas para Orsinis, pero él no la usaba. Una sola vez fumó y le hizo mal, se separó en cinco, no sabía donde estaba. El verbo como en ingles, usar marihuana, usar cocaína. En el televisor pasan un amistoso Holanda-Brasil, le causa gracia que conozca los nombres de los jugadores. Desprecia el fútbol a favor del turf, aristocrático, aunque es de River y los domingos en la casa escucha los partidos por radio. Le divierte mucho el apodo Muñeco, de Gallardo, por la cara que tiene. Atrás de las mesas juegan al billar. Jugaba de chico, de prohibido, después ya no. Lo que sí le gustaban eran las carreras, y la quiniela. Ahora es imposible, hay carreras todos los días, y sorteos, lotería, quini, loto, raspadita, provincia, nacional, uf, sopla a través de los dientes. Para jugar a las carreras hay que estudiar, hay que leerse la revista. Una tarde en el café de Chacarita, hablando de las carreras, dice ese fue mí vía crucis. Y que en Paris trabajaba de mañana en Gallimard y a la tarde iba a las carreras. ¡Tres mil quinientos dólares en Boulogne! Además estaban Saint Cloud, Auteil, que era de vallas. Y también el póker, con Mariani y Juan Carlos Martelli. O en vez de ir al bar de Mosconi compró dos botellas de cerveza y yo traje una de wiskie y cuando salgo de su casa es de noche, es invierno, necesito mucho caminar, las frases se agolpan, ¿un Gorriarena puede valer 40 pesos?, meo en los pastos de una vía por Monroe, en Triunvirato y Olazábal subo a un 127 y me despierto en Boedo e Independencia, salto al viento frío, a un taxi, cuando se lo cuente va a sonreír con la punta de la lengua entre los dientes y los ojos muy abiertos brillándole.&lt;br /&gt;La casa es alquilada de toda la vida, ahora por el hijo del antiguo dueño. Sólo, le queda grande, y piensa buscarse otra más chica o una pieza. Le da vueltas al asunto. Una de las últimas tarde que voy, me dice que si se muda va a tener que desprenderse de los muebles, también de la biblioteca, y que elija qué libros me quiero llevar. Abre las puertas. Veo uno o dos estantes con libros. El único que quiere conservar, además de los suyos, es la antología del surrealismo creo que de Pelegrini, un volumen gordo de Fabril, por el poema de Daumal “Hechos memorables”. Me lo hace leer, “Acuérdate de tu guardián”. El texto está marcado con algunos puntos negros al margen, tiene correcciones a la traducción, algunos yo tachados. Resaltan tres Cómicos, y un Nous deux del 74 que le mandó a la madre desde Paris, con una dedicatoria cariñosa de tono tanguero. Son los únicos ejemplares que tengo. Después, el resto, libros de conocidos, curiosidades, un Alambres dedicado con devoción por Perlongher. Abochornado, al final elijo El conocimiento silencioso, de Castaneda. Hablamos de Castaneda, le pregunto por Gurdjieff, dice que es muy complicado, que no quiere saber nada con eso. A mí me llevó a la locura. Un mal camino. Si, asiente, un mal camino.&lt;br /&gt;Lo seguimos encontrando cada mes en el café de Chacarita. El cinco de abril lo vemos ahí, en algún momento de la charla pide si alguien le puede conseguir un almanaque grande, que se vean bien los números. Dos semanas más tarde me estiro hasta Villa Pueyrredón por última vez, es un lindo domingo de otoño, bajo del 90 por adelante y las piernas me llevan solas, paran frente a la puerta de chapa pintada de beige, acá quisiera que me dejen, al sol, con un pie sobre el umbral de mármol y a punto de apretar el botón de bronce mudo, mirando la chapa 2915 blanca, su borde de óxido que avanza, detenerme antes de ir al kiosco de a la vuelta, antes que salga la mujer se ponga una mano sobre la boca y diga que era tan correcto, un señor, que a los vecinos les extrañó no verlo, uno notó que la llave estaba puesta, habrán entrado, más tarde voy a entrar yo a una estación de servicio y voy a hacer los llamados, mañana en la comisaría 47, en Judiciales, el sargento primero Méndez, todas son escenas y nombres de una novela cómica escrita por él, pero ahora, en este instante, lo que yo quiero es parar el tiempo, que nada de esto pase, tocar el timbre y que suene, que la luz no esté desconectada, que no haya este silencio, se abra la puerta y aparezca Néstor Sánchez.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Mariano Fiszman&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.marian/"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;a href="http://www.marianofiszman.blogspot.com/"&gt;www.marianofiszman.blogspot.com&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-3503982950876854580?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/3503982950876854580/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/06/cabezon-2915.html#comment-form' title='39 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/3503982950876854580'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/3503982950876854580'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/06/cabezon-2915.html' title='CABEZÓN 2915, por Mariano Fiszman'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>39</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-5477006076141112343</id><published>2009-05-18T14:00:00.000-07:00</published><updated>2009-06-02T08:57:54.274-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiRBlnuatgI/AAAAAAAAAII/6UtDBM_Fcn0/s1600-h/nestor_3.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5342467172542887426" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 62px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiRBlnuatgI/AAAAAAAAAII/6UtDBM_Fcn0/s400/nestor_3.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-5477006076141112343?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/5477006076141112343'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/5477006076141112343'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/06/blog-post_01.html' title=''/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiRBlnuatgI/AAAAAAAAAII/6UtDBM_Fcn0/s72-c/nestor_3.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-4324744911572586770</id><published>2009-05-17T12:04:00.000-07:00</published><updated>2009-06-03T06:55:50.469-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='García'/><title type='text'>ENCUENTROS Y DESENCUENTROS, por Germán García</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;Conocí a Néstor Sánchez en la época en que publicó Nosotros dos, cuando paseaba con Vicky –a quien le dedica el libro– por el mismo circuito que frecuentaba yo: los bares de la avenida Corrientes, el bar Moderno que se sustituiría por el Bárbaro, con esa población que retrataba el filme Tiro de gracia, protagonizado por Mario Skubin y Sergio Mulet (también autor del libro).&lt;br /&gt;Fuimos amigos de entrada, leíamos cosas parecidas y teníamos un pasado donde algunos hilos se cruzaban. Algunas experiencias nos hermanaban (uso esta palabra por mi hermano, ya muerto).&lt;br /&gt;Vicky era Victoria Slavuski, que mucho después publicaría Música para olvidar una isla, una novela erótica donde los temas de la amistad y el amor, con algo iniciático, hace presente, de alguna manera, a Néstor Sánchez.&lt;br /&gt;Lo recuerdo altivo, con una mezcla de paciencia y violencia contenida que apareció más de una vez (en esa época las peleas eran frecuentes).&lt;br /&gt;Nosotros dos tenía para mí, en aquella lectura de hace cuarenta años, algo del tono de Pavese y de la Nadja de Breton, también de Kerouac (lecturas que compartimos). Además el gusto por cierta literatura iniciática que giraba en torno al budismo zen, la experiencia de la mescalina, etc. Lo que no excluía que leyéramos los trabajos sobre el lenguaje de Merleau-Ponty, un poco antes de que el “estructuralismo” estuviese de moda y la lingüística circulara entre quienes escribíamos.&lt;br /&gt;Julio Cortázar elogió a Néstor Sánchez en unas páginas de La vuelta al día en ochenta mundos, lo que hizo que la segunda novela, Siberia blues, fuera más leída y llamara la atención sobre la primera.&lt;br /&gt;Yo era nueve años menor que Sánchez, de manera que podía celebrar sus logros, lo que no era fácil para los que tenían su edad. Nuestra amistad no era privada. De los años que viví en hoteles y pensiones me quedó la costumbre de los bares y los restaurantes como los lugares más apropiados para la amistad. Aunque alguna vez Sánchez fue a mi casa, donde yo vivía con mi primera mujer y mis dos hijos.&lt;br /&gt;Recuerdo que una noche lo invité porque Osvaldo Lamborghini lo quería conocer (mejor sería decir que quería saber qué opinaba de El fiord, que se estaba por publicar). Y llegó la pregunta que Sánchez no podía eludir porque yo le había pasado el manuscrito antes, de manera que respondió sin inmutarse: “No me interesa en absoluto este tipo de literatura”. Lamborghini, según le dijo una noche a Rodolfo Walsh, dividía la literatura en un antes y después de su libro. Así que la respuesta lo dejó mudo un rato. Hasta que empezó a explicar la ceguera de Sánchez, que había dejado de escucharlo y hablaba de Coltrane, que sonaba en el tocadisco.&lt;br /&gt;La comida duró, pero el clima había cambiado. Nuestra charla viró hacia temas iniciáticos y entendí que los tomaba demasiado en serio. Eso para mí era una especie de broma para él empezaba a ser parte de una desesperación.&lt;br /&gt;De su literatura me gustaba –me gusta– el fraseo musical deliberado y una desarticulación de la sintaxis que es imposible no relacionar con la de Macedonio Fernández en los mejores momentos de Museo de la novela de la eterna.&lt;br /&gt;Cuando publicó El amhor, los orsinis y la muerte (1969), yo había publicado Nanina un año antes y Sánchez me hizo comentarios amistosos. La dedicatoria particular de su libro lo dice: “Para Germán, entre el maestro y la parca, con la intuición de la amistad que no debe finir, Néstor”.&lt;br /&gt;La búsqueda de un maestro, la parca y el deber de la amistad: su programa de vida parece resumirse en estas palabras. Amhor, con esa letra muda y enigmática, las mujeres sustituidas por los orsinis en paráfrasis de un conocido título. Leo en la página 153: “¿El surrealismo es una pendejada infamante, la arrogancia úbico-psicologística? Escribo más de diez horas por día (palabras viejas, viejísimas) me alimento mal mientras crece la barba; como si todo absolutamente todo pretendiera empezar a partir del Sarmiento y yo que lo miro. ¡Acaso sigo necesitando una mujer benéfica, concertante, de cámara?” La pendejada del surrealismo había sido de su gusto, leía y conocía a los surrealistas de Buenos Aires: Madariaga, Molina, Pellegrini. Ahora comienzan a resonar otras preocupaciones, la búsqueda de una sabiduría más allá del amor, más allá de una mujer benéfica.&lt;br /&gt;Cuando se publicó Cómico de la lengua hacía tiempo que no sabía por dónde andaba, pero enseguida supe cómo leer ese libro extraño. Nuevos narradores argentinos (Monte Ávila, Venezuela, 1970), compilado por Néstor Sánchez, incluía a Miguel Briante, Antonio Dal Masetto, Fernando de Giovanni, Jorge Di Paola, Raúl Dorra, Mario Expósito, Aníbal Ford, Germán García, Leandro Katz, Gregorio Kohon, Héctor Libertella, Reynaldo Mariani, Juan Carlos Martelli, Martín Micharvegas, Basilia Papastamatíu, Ricardo Piglia, Ruy Rodríguez, Horacio Romeu, Germán Rozenmacher y Rubén Tizziani. Me llegó de sorpresa. La presentación dice que se trata de veinte narradores argentinos que “en el peor de los casos, sólo llegarían a los 25 años de edad” (en alusión a una decena de años antes de la publicación). Agrega: “Por dos motivos (exceso de edad y/o divulgación suficiente) fueron excluidos: Manuel Puig, Daniel Moyano, Tomás Eloy Martínez, Juan José Hernández, Rodolfo Walsh y Juan José Saer.&lt;br /&gt;De los veinte narradores varios compartían con Néstor Sánchez el gusto por un texto que no siguiera lo que llama “novela de cámara”.&lt;br /&gt;Dice en la misma presentación: “... por un lado la permanencia inevitable del realismo sin atenuantes (o con sus propias esfumaturas y modorras); por el otro la irrupción del Texto que querría negarse a ser cuento, o relato, crónica (...) el material vale la pena porque muestra una transición y, al mismo tiempo, un cansancio, cierta confianza cuestionadora en relación con determinado criterio de realidad (y de palabra), más, al mismo tiempo, la sospecha de que el lenguaje escrito podría protagonizar una sospecha, como tal”. Creo que esta cita dice bastante de lo que Sánchez pensaba de la literatura, como de lo que efectivamente realizó.&lt;br /&gt;Pasé unos años en Barcelona, cuando volví en 1985 no tardé en encontrarme con Néstor Sánchez, que unos meses, un año después volvía de una travesía de largos años, de una penuria impuesta por su certeza de encontrar un absoluto, de escapar de la finitud de la parca. Charlamos unas horas en un departamento que yo tenía en Junín y Viamonte. Fui a comprar una botella de whisky –fue lo que prefirió–.&lt;br /&gt;Me preguntó si me molestaría que se sacara una dentadura postiza que le molestaba. La dejó sobre la mesa, era un objeto que presentificaba la muerte de la que no dejaba de hablar. Había publicado o estaba por publicar La condición efímera, un libro de relatos donde aparecían sus ideas esotéricas. Después de un tiempo en París había vagado años por Nueva York, extraviado en su búsqueda de la eternidad (otro rasgo que lo relaciona con Macedonio).&lt;br /&gt;Le presté un lugar donde dar clases, hacer un taller literario, alguna cosa que lo pusiera de nuevo en circulación. Dio algunas clases a unos jóvenes entusiastas que conocían su nombre y algo de lo que había escrito. Ignoro por qué la cosa no siguió.&lt;br /&gt;La tarde de nuestra charla me dijo que era posible que viviese cientos de años. Frente a mi silencio matizó con algo que podía convertir su desesperación en una broma: “No puede ser que uno se pase la vida como un imbécil y que cuando empieza a entender algo tenga que morir”. Acepté sus palabras con un movimiento de cabeza, era alguien a quien quería y ese encuentro me resultaba doloroso.&lt;br /&gt;La novela de Victoria Slavuski (Vicky) tiene una cita de Tennessee Williams, que podía ser justa para definir ese momento, donde estábamos “como niños armando un nombre de Dios con un rompecabezas que está equivocado”. Supe de sus últimos años lo que hubiese preferido ignorar, por eso me alegra que ahora exista para otros como existió para muchos de nosotros.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Germán García&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-4324744911572586770?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/4324744911572586770/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/06/encuentros-y-desencuentros.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/4324744911572586770'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/4324744911572586770'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/06/encuentros-y-desencuentros.html' title='ENCUENTROS Y DESENCUENTROS, por Germán García'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-7667183323111032857</id><published>2009-05-17T09:08:00.000-07:00</published><updated>2009-06-02T08:58:35.727-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiRDfXhNNLI/AAAAAAAAAIQ/EfR1rPUgvVY/s1600-h/nestor_5.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5342469264136549554" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 116px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiRDfXhNNLI/AAAAAAAAAIQ/EfR1rPUgvVY/s400/nestor_5.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-7667183323111032857?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/7667183323111032857'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/7667183323111032857'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/06/blog-post_4137.html' title=''/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiRDfXhNNLI/AAAAAAAAAIQ/EfR1rPUgvVY/s72-c/nestor_5.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-1791320079695334343</id><published>2009-05-16T08:42:00.000-07:00</published><updated>2009-06-04T12:11:42.798-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Guarnieri'/><title type='text'>MIETTES,  por Norberto Guarnieri</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Escribo, aunque tenga un sentimiento ambivalente, tal vez porque escribir sobre un hombre tan... no puedo definirlo definitivamente, sobre eso quiero manifestarme, sobre las sensaciones que Néstor Sánchez despertaba en mí: en su alumno, en su admirador y en su intrigado observador. ¿Cómo sacarlo de esa oscura sensación que lo envolvía?; sí, me hubiera encantado poder ayudarlo y les aseguro que lo pensé en muchas ocasiones, sobre todo cuando lo veía tan triste, no recuerdo haberlo visto verdaderamente alegre alguna vez, y creo que no exagero si les digo que no recuerdo una carcajada de Néstor, yo mismo trataba de hacerlo reír, creía que de esa forma lo ayudaba, ¡qué iluso!, no comprendía lo profundo de su sentir por la vida y por la muerte (“Se debe vivir de modo que se tenga, en el momento oportuno, la voluntad de morir”, Nietzsche). Creo que me apreciaba mucho y he logrado hacerlo sonreír en más de una ocasión (no, carcajadas no); corría con alguna ventaja ya que el taller era en su mayoría formado por mujeres; lejos de ser una observación machista, esto significa solamente que se sentía mas relajado en algunas charlas conmigo, puesto que con las mujeres era extremadamente respetuoso, en esa época al menos, espero que no lo haya sido siempre.&lt;br /&gt;Néstor Sánchez era un gran erudito, siempre hablaba con gran seguridad, la del que ya lo vivió, le gustaban mucho las miettes (“Morirse es un drama sin atenuantes”, N. S.); pequeñas frases o trozos de poemas que sorprendían al oyente por su justeza y por lo conciso del mensaje. Él vivía de miettes, un pedazo de pan y otro de queso un vasito de vino y charlamos un poco: “Un trabajito, por favor, un trabajo, Norberto”. Me pidió que le consiguiera un trabajo varias veces y yo le decía: “Néstor, ¡qué trabajo te puedo conseguir yo a vos!; el trabajo que vos te mereces no puedo conseguírtelo yo”. Así eran los diálogos extraliterarios, que hacían pensar en un país para “piolas y avivados” en el peor sentido; en esa segunda década infame de los noventa, una persona tan valiosa como Néstor Sánchez no tenía lugar en ningún puesto acorde con su capacidad cultural y humana, tenía que tratar de vivir dando algún taller o dando clases de algún idioma, o no sé cómo, les juro que me jodía poderosamente y me sentía incapaz de solución alguna.&lt;br /&gt;Quizás tenga que hablar del taller literario, más que de mi impresión sobre Néstor como hombre integral, pero quizá sólo de esa manera podríamos entender a un hombre como él, que llegó a ser un gran escritor sólo después de ser persona y, como a toda persona, le pasaban cosas, y a Néstor vaya si le pasaban. Nosotros, y ahora hablo de los compañeros del taller, sabíamos algunas, pero seguramente eran las menos; lo cierto es que su falta de alegría me obsesionaba, no podía entender cómo un hombre como él, que había logrado lo que yo ambicioné tanto tiempo, lo que yo creí que sería la felicidad y la cima para cualquier aspirante a escritor, no podía ser feliz. ¿Será que la felicidad completa es una ficción?, ¿será que la realidad supera la ficción?; lo cierto es que Néstor hizo que (me) replanteara mi vida de escritor, seudo escritor, aspirante, o de intelectual, seudo intelectual, aspirante; fue una persona muy importante en mi vida por acción o por omisión, ya que aprendí muchas cosas que él nos marcaba, quizá sutilmente con algún breve comentario, siempre cuidadoso de no lastimar; creo que Néstor era incapaz de lastimar a nadie, me impresionaban muchísimo sus silencios, me gritaban montones de cosas que yo quería rebatir y no sé por qué siempre lo hice, en estos casos, desde el silencio o la cobardía del no decirle lo que pensaba totalmente; creo que fue por el respeto que siempre le tuve que temí lastimarlo, justamente a él que era el que menos se lo merecía (hay un poema mío que habla de este tema y que le dediqué). Siempre es grato recordar aquellas horas en que, entre silencio y silencio, nos recomendaba que leyéramos El oficio de poeta de Pavese o el Eclesiastés del libro sangrado, el penúltimo capítulo del Ulises o el Giacomo de Joyce, Hechos memorables de René Daumal, el “Kaddish” de Allen Ginsberg o a Eliot y algunos más que luego seguiré enumerando. Sus comentarios eran muy escuetos y había que saber tomar rápidamente lo que decía e interpretarlo, casi siempre unido al silencio como significativo comentario que, cuando le gustaba bastante lo que habíamos leído, podía ser: “muy bien, está muy bien eso”; o aquello de la puntuación, siempre recuerdo la coma, el punto y coma; ¡ah!, los dos puntos: nunca había escuchado hablar de la puntuación de esa manera, me sorprendió gratamente y me hizo prestarle mucha más atención, recuerdo su apasionamiento por la puntuación como algo muy importante en su estructura de enseñanza. Nos recalcaba siempre el cuaderno de notas y la lista de palabras (a la que yo llamaba palabras listas) como algo fundamental para cualquier aspirante a escritor, insistía con que la materia prima de un escritor es la palabra, entonces cada uno debía forjar su propio tesoro con frases y palabras que en algún momento iba a utilizar; él tiraba sus miettes y los concurrentes debíamos pescar sus comentarios fugaces, parecía un oráculo, lo respetábamos mucho y aprendimos a quererlo, desde los sutiles sentimientos que genera el que enseña sin alardes, desde la sapiencia natural del que sabe sin aspavientos, sin necesitar nada, nada.&lt;br /&gt;Alguna vez me pregunté si eso que hacíamos (Silvia, Cecilia, Mónica, Patricia y yo) era en verdad un taller literario y creo que no; que no era un taller convencional, era más bien una reunión de gente que quería escribir con un hombre con mucha experiencia literaria, pero a la vez muy particular, y en principio nosotros esperábamos una devolución más acorde con un profesor y lo que teníamos eran pequeñas impresiones que con el tiempo aprendimos a decodificar y a utilizar de alguna manera haciendo nuestra propia experiencia. Nos guiaba en muchas lecturas: El halcón Maltés de Hammett; El oro de Blaise Cendrars; El ángel subterráneo de Jack Kerouac; Luz de Agosto y Las palmeras salvajes de Faulkner; El gato y el ratón de Gunter Grass, pero especialmente la editada por Joaquín Mortiz; así era él, un perfeccionista en esas cosas de la literatura y no así en otras, a las que el común de la gente les da muchísima importancia. En los últimos años que lo vi regularmente, a principios de los noventa, ya le interesaban pocas cosas, o por lo menos eso era lo que trasmitía, se relacionaba con muy pocas personas y muy pocas cosas; recuerdo cuando me dijo: “ya no sé qué leer, me quedan tan pocas cosas que me interesen verdaderamente, que no sé qué leer”. Comentario grave, gravedad que, como un estigma, venía grabado en su nombre y apellido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espero haber sido lo más fiel posible con mis recuerdos y anotaciones de aquella época, y también espero no haber traicionado el recuerdo siempre cariñoso de Néstor Sánchez. Termino con dos miettes que él nos dictó de Cesare Pavese: “La inquieta angustiada, que sonríe sola” y “Esa muerte que nos acompaña de la mañana a la noche, inquieta, insomne, como un viejo remordimiento o un vicio absurdo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Norberto Guarnieri&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;a href="mailto:nguarnieri@hotmail.com"&gt;nguarnieri@hotmail.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-1791320079695334343?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/1791320079695334343/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/06/miettes.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/1791320079695334343'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/1791320079695334343'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/06/miettes.html' title='MIETTES,  por Norberto Guarnieri'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-4627223168279934090</id><published>2009-05-16T07:01:00.000-07:00</published><updated>2009-06-02T09:03:20.347-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVM8skSVBI/AAAAAAAAAIY/CzPb3mGk3us/s1600-h/nestor_4_001.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5342761138584179730" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 75px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVM8skSVBI/AAAAAAAAAIY/CzPb3mGk3us/s400/nestor_4_001.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-4627223168279934090?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/4627223168279934090'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/4627223168279934090'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/blog-post.html' title=''/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVM8skSVBI/AAAAAAAAAIY/CzPb3mGk3us/s72-c/nestor_4_001.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-2382305958651480667</id><published>2009-05-15T09:05:00.000-07:00</published><updated>2009-07-11T12:37:46.478-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Heer'/><title type='text'>LO INCURABLE, por Liliana Heer</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–Vida ¿quién eres?&lt;br /&gt;–Una fuerza que practica el bien y siempre quiere el mal.&lt;br /&gt;L. H.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Página nicho.&lt;br /&gt;Aquí estoy Néstor, con los resortes de la imaginación alerta, buscando papeles, servilletas traslúcidas, leyendo lo leído.&lt;br /&gt;Yo conocía tu rumor en mi alma y en mi alma eras libre de hacer quanto quisieras.&lt;br /&gt;Tu letra, la “q”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelvo a leer tus novelas, las notas que tomé alguna tarde, cuando escribíamos de a dos.&lt;br /&gt;Podría matarlos con un estilete de dos puntas. La presión sostenida y progresiva. El viejo subido a un banquito para homologar altura. De costado ellos envueltos en una funda de lona, a cabeza descubierta, oreja contra oreja facilitando la estocada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ensayábamos tiradas cortas y menos cortas. Se llamaría Ménage à trois.&lt;br /&gt;Pero en otra composición, sugerí: Dos hombres y una mujer.&lt;br /&gt;Aceptado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ley del tres” tenía una cita de Gregory Corso.&lt;br /&gt;Besides me, in all its martial pose, walks real opportunity.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra vez tu letra: Ménage à trois.&lt;br /&gt;Los nombres: Ella es Paula. A los muchachos los podés elegir.&lt;br /&gt;Mauricio y Rafael.&lt;br /&gt;Anotaste como primer capítulo: Ironía.&lt;br /&gt;Hiciste una raya de margen a margen y debajo:&lt;br /&gt;2 Paula Rafael,&lt;br /&gt;3 Mauricio Rafael,&lt;br /&gt;4 Los tres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo demás aparte, escrito a máquina.&lt;br /&gt;Paseabas por la habitación, llegabas a la ventana, parecías seguir.&lt;br /&gt;Tan fácil como detener el mar, dije.&lt;br /&gt;Todo está perdido.&lt;br /&gt;Demasiado tarde.&lt;br /&gt;Lo sabíamos.&lt;br /&gt;Joyce lo dice mejor y empecé a leer:&lt;br /&gt;La primera noche que por primera vez la vi en lo de Mat Dillon en Terenure. Amarillo, encaje negro llevaba. El musical comanda. Nosotros dos los últimos. Destino. Detrás de ella. Destino. Alrededor y alrededor lento. Rápido rodeo. Nosotros dos. Todos miraban. Alto. Ella se sentó. Todos los expulsados miraban. Labios riendo. Rodillas amarillas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sale de ahí, ¿lo sabías?&lt;br /&gt;Carcajadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primera escena&lt;br /&gt;Parte I&lt;br /&gt;La riqueza que apareció en ella en los últimos tiempos (riqueza de percepción, de lenguaje) hizo que al recibir la noticia, Mauricio no se sorprendiera. Era evidente que Paula se sumergía en la interioridad de otro hombre. Por supuesto, se encontraron en el bar que designó Paula con extrema gravedad en el teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siete de la tarde, el crepúsculo, en el venturoso mes de septiembre. La mesa al fondo, sin dar a ninguna posibilidad de perspectiva salvo el mismo bar. Primero sombra en un idilio caracterizado por la infrecuencia.&lt;br /&gt;Importante la elección de alcohol por parte de Mauricio, Paula repitió café, se abrió el pelo en dos, aproximó en parte su torso, hecho que tal vez le hizo pensar a Mauricio en la devoción necesaria que requiere todo verdadero secreto.&lt;br /&gt;Se trataba en realidad de otro hombre, no reciente, lo había precedido como única reserva y ahora la confesión se hacía impostergable. Tal vez Paula ya presentía el presentimiento de Mauricio. Él no había hecho más que estar con Rafael, el otro hombre a punto de ser relevado en la mesa del bar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un verbo de ambigüedad absoluta, violenta el contexto. Podría entenderse exaltar, pero también absolver o destituir o sustituir.&lt;br /&gt;Tampoco ellos saben lo que desean. Todavía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lugar de callar, Mauricio preguntó: Es posible que me adelante al secreto. ¿Es posible que cierto rasgo de belleza te pertenezca de una manera oblicua? ¿No he hecho más que estar con otro hombre?&lt;br /&gt;Paula encendió un cigarrillo con el resto de su cigarrillo y respondió: Él sería más benévolo, mañana lo sabrá.&lt;br /&gt;Mauricio también fumó. No entraría en comparaciones, no ha sido su arte hasta hoy.&lt;br /&gt;¿Acaso Rafael no ha hecho más que estar conmigo desde que me conociste?&lt;br /&gt;Y Paula: En principio, su pasión aumentó, es justo reconocerlo.&lt;br /&gt;Mauricio pidió otra copa: Cuesta presentir por qué has elegido este momento, pero se supone que sería el momento perfecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta ahí la primera tirada. Fuimos interrumpidos por un amigo lenguaraz y celoso, desordenó papeles, descreyó, despreció. Distrajo.&lt;br /&gt;En sus ojos la comedia del pecado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carbón al fuego. La vez siguiente hablaste de Paula, tu pequeñísima hija mujer. Habías tenido una hermana, la fotografía sobre el respaldar, en el marco una cinta negra, te arrodillabas en la cama para besarla, siempre niña de blanco con un moño en el pelo.&lt;br /&gt;Tenías pudor de ver a tu hijita desnuda. Estabas en España, a pesar del General Franco eras feliz, escribías sin parar Cómico de la lengua. La escritura me había sido dada, dijiste. Vencido el pudor, el cuerpo de Paula. En la niña crecía una condena, consultas, diagnósticos, dilaciones. No. Primero dudas, después el sacrificio. Perder y perder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ojo del cielo revela escasa gentileza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por afinar tono leemos a Rihaku. “Carta de la mujer del mercader del río”:&lt;br /&gt;Cuando usaba aún el pelo corto sobre la frente&lt;br /&gt;Y jugaba en el portón recogiendo flores,&lt;br /&gt;Viniste montado en una caña de bambú&lt;br /&gt;Y trotaste alrededor de mí, sentada, jugando con ciruelas azules.&lt;br /&gt;Y seguimos viviendo en la aldea de Chokan,&lt;br /&gt;Dos chiquilines sin antipatía ni malicia.&lt;br /&gt;……………………………………………………….&lt;br /&gt;Arrastrabas los pies cuando te fuiste.&lt;br /&gt;El musgo crece ahora en el portón……………….&lt;br /&gt;Envejezco……………………………………………&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primera escena&lt;br /&gt;Parte II&lt;br /&gt;Paula pareció exaltarse: tal vez conozcas a Rafael, la mirada de Rafael, la quietud de las manos de Rafael, la melancolía de Rafael, lo llevo, es cierto, en mi cuerpo. A él te asomaste al tratar con mi cuerpo.&lt;br /&gt;Mauricio, tras descruzar la pierna izquierda, también inclinándose: ¿Y qué es lo verdaderamente tuyo?&lt;br /&gt;Ahí, ante esa pregunta apareció la urgencia de confesarme a ambos.&lt;br /&gt;Mauricio, después de un trago: ¿En qué se basaría su benevolencia? ¿Le harás un recitado de lo que llevás de mí?&lt;br /&gt;Paula, apoyándose en el respaldo de la silla, lloró.&lt;br /&gt;Primero una mueca, después ocultó su cara entre las manos con cautela, sin la menor arrogancia: Tal vez sea nada más que la historia de un nexo entre dos hombres que de otro modo no se conocerían. Separados por una especie de abismo de lo remoto.&lt;br /&gt;Mauricio imitó la posición de Paula, apoyado contra el respaldo volvió a fumar.&lt;br /&gt;¿La admiraba? Quintaesencia de la trivialidad. Durante años en esa caja de carne un alma femenina entró en correspondencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corte a negro.&lt;br /&gt;Subrayamos ciertas construcciones sobre el pasado.&lt;br /&gt;Decís: Te presentaste como autora de una novela pornográfica, Bloyd.&lt;br /&gt;Escuchaste eso, no creo haberlo dicho. De cualquier manera, nos conocimos antes. Mario Espósito hizo una reunión cuando salió El amhor, los orsinis y la muerte. Tengo la estampa de un Néstor alto, grande, oscuro de verano. Fumabas, te reías con el cuerpo. Empezabas a partir. Cada uno con su Heriberto, dijiste al despedimos.&lt;br /&gt;Lo recordás. ¿De qué signo era tu Heriberto?&lt;br /&gt;De Tauro.&lt;br /&gt;Estabas más sola que sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comemos y bebemos. No importa quién hable, es siempre igual: libros, viajes, drogas, amigos, películas, el suicidio. Estar trabajando con enfermos terminales en un hospital público promueve la ilusión de acceder a esa secuencia sin ningún obstáculo. Morir de a dos ante un paisaje marino. Morir como quien contempla un recuerdo, sin futurología, caminar descalzos por la arena. Había tantos ahorcados como en el hueco de mi mano, repetís intentando convencerme.&lt;br /&gt;La tercera mitad es un cementerio.&lt;br /&gt;Argentina también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos décadas de ausencia.&lt;br /&gt;Hasta llegar a Artaud:&lt;br /&gt;Volverse a encontrar en un estado de extrema conmoción, esclarecida por la irrealidad, con trozos de mundo real en un rincón de sí mismo.&lt;br /&gt;¿Era el epígrafe de Cuaderno del peyote?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segunda escena&lt;br /&gt;Parte I&lt;br /&gt;Fue al día siguiente que Paula visitó a Rafael en su casa. Permaneció allí sólo una hora, durante la cual Rafael se obstinaría en evitar lo inevitable.&lt;br /&gt;Cada vez que Paula empezaba a decir, la interrumpía, le tomaba la cara, partía en dos su pelo, enumeraba las ciudades que había conocido, parecía tender a subyugarla. Pero en realidad había otro hombre.&lt;br /&gt;Entonces, el cambio experimentado al regreso del último viaje –inquiere Paula.&lt;br /&gt;Si hubo cambios, no fueron de mi exclusiva pertenencia. Sería un desprestigio repetir la trama. Mauricio confió en mí la traducción de Schopenhauer. Intercambiamos opiniones sobre la farsa menor, la elección final, la renuncia wash. Resolví optar por plenitud de crueldades e injusticias.&lt;br /&gt;Paula observó sin entusiasmo una dificultad progresiva. El centro de equilibrio se había desplazado. No tuvo reservas en acusar impacto.&lt;br /&gt;Hay algo distinto, afirmó con sinceridad mirando la habitación en apariencia absolutamente idéntica.&lt;br /&gt;Es la luz, comentaría Rafael abrazándola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos parece bien, sin embargo hay coincidencia negativa en optar por la expresión crueldades e injusticias.&lt;br /&gt;¿Será el pesar bilingüe?&lt;br /&gt;Algo más, rechazo al codo a codo, hasta el límite de arrojar bombas en los mingitorios.&lt;br /&gt;No hay riesgo, Rafael vive aislado. Además, nunca Mauricio acordaría la demanda de ese mecanismo. Es un aristócrata, el populacho lo estremece.&lt;br /&gt;Tampoco acordaría en abandonar la idea de suicidio por contemplación.&lt;br /&gt;Allí entra Paula.&lt;br /&gt;Entre sexualidad maldita y arte.&lt;br /&gt;¿Y si Paula vio algo más que una tonalidad de luz en la habitación?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En “Ley del tres” hay una fotografía de la madre y poco después una apelación bíblica. Los personajes se contagian.&lt;br /&gt;Ménage impone las “Impurezas legales” del Levítico 15:&lt;br /&gt;Y si el que tiene flujo escupiere sobre el limpio, éste lavará sus vestidos, y después de haberse lavado con agua, será inmundo hasta la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salimos a caminar. Hacemos unas cuadras, entramos a Virgilio. Pedimos vino tinto. Hablamos de las novelas que estamos leyendo para un concurso. Hay poco, casi nada. Una.&lt;br /&gt;El título es muy sancheano, sin categorías previsibles, hay impacto-extrañeza, se abren circuitos sensoriales, el lector está invitado a darse vuelta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Argentina opaca. La televisión muestra a De La Rúa, Jefe de Gobierno, dando un discurso lamentable en la Feria del Libro. Su retórica destinada a las instalaciones sanitarias nos devuelve a los mingitorios destruidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segunda escena&lt;br /&gt;Parte II&lt;br /&gt;Paula con soltura inesperada pone sus manos sobre los ojos de Rafael. Imágenes dispersas en un armazón invisible. Un mismo impulso, premura de bocas.&lt;br /&gt;Rafael: Desconozco palabras mejores, las desconozco también en significado.&lt;br /&gt;Paula confiesa necesidad, resalta cierto fervor imperativo de búsqueda, no puede concebir sordina sin imaginar un dolor intolerable. Soñó haber llorado en un espacio baldío, una pared armada con botellas rotas la separaba de él.&lt;br /&gt;Rafael niega suavemente con un gesto, ese mover los acerca y los aleja.&lt;br /&gt;No hay obligación específica, sólo merecimiento. Ten cuidado con lo que deseas en la juventud porque lo conseguirás en la edad madura. Era Goethe, ¿verdad?&lt;br /&gt;Sin miedo, antes de la madurez también se consigue, concluye sin exageración de ímpetu Rafael.&lt;br /&gt;Paula sonríe avergonzada, una diafanidad dificultosa la suspende. Sacrifica sus ansias de hablar, frena la compulsión a la ternura, el ritornelo de una intimidad inobjetable. Se despide con la certidumbre de no poder olvidar aquella tarde. Siente la expresión de Rafael en trance de impedir su fuga. Baja por escalera los dos pisos y camina, cruza las calles sin pensar, sus pasos agregan una pausa a la pausa, perdidos en una inmediatez acogedora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu fragilidad, a la que Simone Martini&lt;br /&gt;Hubiera dado un golpe de gracia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Esperabas sangre?&lt;br /&gt;Tal vez una violencia a lo Urondo, menos decorosa. Estos hombres se comportan como señoritas en la figura de una sensiblería...&lt;br /&gt;Remotísima.&lt;br /&gt;Risas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rasgo melancólico de Rafael marca esa disposición al merecimiento, no quiere desprenderse de ninguno de los dos.&lt;br /&gt;En definitiva él ha sido pionero, permanecerá.&lt;br /&gt;También el intruso, ¿o formularías una apelación en su contra?&lt;br /&gt;Convengamos en su poder seductor ¿preferirías acompañar ese rasgo del adjetivo irreprochable?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se impone interrumpir. Sabemos que El lenguaraz puede llegar en cualquier momento, es miércoles, día de encuentro con amigos. Antes de ir a El Cuartito guardo las hojas en un almanaque viejo.&lt;br /&gt;¿Creerías, Néstor, que siguen ahí desde entonces?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tercera escena&lt;br /&gt;Parte I&lt;br /&gt;El ritmo no es una continuidad, es una oscilación. Mauricio y Rafael se reúnen en el mismo bar, los inconvenientes previsibles de la espera añaden confianza. Llegan juntos. La puntualidad no les concierne, uno y otro sabe que es Paula quien insiste en el desplazamiento de la órbita. Un afán aséptico adquirido por deliberación prolongada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con precaución de cirujanos escribimos las cinco frases de esta escena, en realidad fueron varias más, una y otra antecedida por desencadenamientos y retenciones.&lt;br /&gt;El tiempo y el tiempo, mortalidad superlativa serruchada. Leemos a Daniel Sibony:&lt;br /&gt;El rostro es un borde del tiempo, en él la orientación, inhallable, se&lt;br /&gt;desempeña en todo sentido y desconcierta a todos los sentidos…&lt;br /&gt;Antes, delante, son lo mismo en hebreo en singular: se dice a la faz de; también por temor a. Como por temor a que no aguante; en el no de la angustia donde aflora el tiempo…&lt;br /&gt;Ninguna simetría entre el antes y el después; es un buen signo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tercera escena&lt;br /&gt;Parte II&lt;br /&gt;No hay mesas contra la pared, la preferencia de ambos se desplaza. Oyen por la ventana a un diariero vocear. Los amigos sonríen, imaginan la noticia, parodian: Noche de sentimentales.&lt;br /&gt;Por un momento larguísimo el desasosiego parece desvanecido.&lt;br /&gt;Los amigos hablan de traducción, Schopenhauer opera de intermediario, pesadez y resistencia: una columna redonda es mejor que una columna cuadrada.&lt;br /&gt;Humor, acuerdo, entusiasmo.&lt;br /&gt;Beben alcohol, repiten el trago, fuman, prometen reflexión, olvidan. Saben que es mejor callar, fuera de síntoma la farsa del lenguaje, esa conspiración de alegrías minúsculas.&lt;br /&gt;¿Vida o palabra?&lt;br /&gt;Mauricio llama al mozo y pide otra botella. Rafael intuye el estupor abominable de la sobriedad y lo acompaña. Se taparía la boca para no gritar.&lt;br /&gt;La demencia funcional del ambiente, el desfile caótico de proveedores entorpece la fluidez.&lt;br /&gt;Intentaría un rezo, admite Rafael, sólo por conjurar a la especie, el desenfreno devorador del pío pío ¿cómo decirlo?&lt;br /&gt;No queda otra prerrogativa.&lt;br /&gt;Rafael delibera: Siempre hay maleficios defensivos.&lt;br /&gt;A evitar, concluye Mauricio y se dirige al baño.&lt;br /&gt;Cuando vuelve, antes de tomar asiento, deposita arriba de la mesa un sobre. La letra de Paula, su inconfundible caligrafía en el costado derecho. Sus nombres. Rafael, a instancias de Mauricio, corta con los dedos la punta izquierda del papel, lo desgarra. Mientras realiza minuciosamente esta operación repite la misma famosa frase que suele repetir ante situaciones que lo superan: Meto una bala en mi pecho la noche de mi muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corte a negro.&lt;br /&gt;¿Y tu corazón?&lt;br /&gt;Inconsolablemente triste. Un día supe que la aventura del conocimiento había llegado a su fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca más escribimos. Como si hubiéramos olvidado la historia sin lamentar el olvido, sin intento alguno de continuidad.&lt;br /&gt;Esa carta escrita por Paula sobre la cual conjeturamos variados desenlaces nos condujo a otro sitio. A las cartas que le escribías a tu madre desde New York, al “Diario de Manhattan”, los géneros menores, Kafka.&lt;br /&gt;Lo fragmentario ocupó el interés de Ménage.&lt;br /&gt;Trunco.&lt;br /&gt;Instalada la sospecha, el artificio de narrar en contrapunto a las vivencias duraderas parecía un argumento inobjetable.&lt;br /&gt;Se cristaliza el silencio textual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;M, P, R, “emeperra”.&lt;br /&gt;Los tres en convivencia, la fórmula “palito y botón” en busca del desierto orgánico es considerado obsceno.&lt;br /&gt;Juicios contra la especie no por adhesión al borgismo sino por rechazo a la finitud.&lt;br /&gt;Necesidad perentoria de abominar todo impulso basado en la fe en la vida, reinado de obviedades, estafa sin atenuantes.&lt;br /&gt;Ella elige matarse.&lt;br /&gt;Ella elige matarlos.&lt;br /&gt;Ella se aburre.&lt;br /&gt;Los deja,&lt;br /&gt;huye,&lt;br /&gt;viaja.&lt;br /&gt;Sol sucio.&lt;br /&gt;Nostalgia.&lt;br /&gt;Plan sádico.&lt;br /&gt;Influencia.&lt;br /&gt;Planeta vergonzante.&lt;br /&gt;Como en la Perinola, al final, todos pierden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cartas a tu madre, extensísimas notas, puntos de vista sobre la experiencia del despojo, la disyuntiva ética, los ejercicios acorralantes de la consciencia, la imposibilidad de asombro. El inexorable atajo por responder a interrogantes esenciales, por detonar ese estado.&lt;br /&gt;Es que existe alguna remota posibilidad de consuelo, preguntabas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces comenzó a proliferar mi oficio de animadora del vacío. Atacaba el modelo épico, tu supuesta adhesión a lo vivido, proponía lecturas, ironizaba sobre ciertas formas de inhibición disfrazadas de poética oscura. Misiles contra la página en blanco, contra la inspiración, contra el olvido de felicidad incomparable que genera el escribir. Por instantes minúsculos, volvías a creer, sin embargo, el telón de fondo era irreversible, se instalaba de inmediato acompañado de estiletes ocurrentes, divertidos:&lt;br /&gt;¿Y yo qué soy en tu vida, Walt Disney?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabía que algunas estocadas estarían dirigidas a la voluntad, otras a la apícola condición femenina, a la irresponsable maternidad generadora de muerte. Contra el psicoanálisis no te pronunciabas, el lema de hacer consciente lo inconsciente te había marcado a fuego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante algún tiempo fue distinto. Singularidad como principio de filiación a la orden.&lt;br /&gt;Si nos hubiéramos criado juntos&lt;br /&gt;hubiese sido siempre así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extraño las maneras, Néstor, tu delicadeza ante el dolor. “La maldición privada” dejó de ser el título de la novela incestuosa que escribiríamos juntos. Leíste el manuscrito, la imagen fue ganando espacio, empezamos a ver películas. Dos voyeurs silenciosos exhumando latencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si un cuerpo es posible es posible cualquier derivación.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Liliana Heer&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;a href="http://www.lilianaheer.com.ar/"&gt;www.lilianaheer.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-2382305958651480667?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/2382305958651480667/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/lo-incurable.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/2382305958651480667'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/2382305958651480667'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/lo-incurable.html' title='LO INCURABLE, por Liliana Heer'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-6268183410562723018</id><published>2009-05-15T07:24:00.000-07:00</published><updated>2009-06-02T09:26:51.893-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVSs92FYWI/AAAAAAAAAIg/bZLJA4WF1l4/s1600-h/nestor_6.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5342767465414091106" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 83px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVSs92FYWI/AAAAAAAAAIg/bZLJA4WF1l4/s400/nestor_6.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-6268183410562723018?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/6268183410562723018'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/6268183410562723018'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/blog-post_15.html' title=''/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVSs92FYWI/AAAAAAAAAIg/bZLJA4WF1l4/s72-c/nestor_6.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-8716297621391123559</id><published>2009-05-14T09:14:00.000-07:00</published><updated>2009-06-04T10:40:44.946-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ingberg'/><title type='text'>KADISH O SINÉCDOQUE, por Pablo Ingberg</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Leo o releo papeles que escribió Néstor para la psicoanalista, tiempos en que un grupo de próximos soñábamos con que así podría acaso abrirse una vía de retorno a la escritura como único posible consuelo, o al menos a una mínima ilusión de sentido. Encuentro más bien allí su gran o única o gran única cuestión de siempre: la presencia sin solución de continuidad del sinsentido de una vida marcada por el final cierto y después nada. Es hipnótico: no puedo sino sentirme poseído por ese demonio que también es mío desde la apenas niñez, pero –por fortuna para sobrellevar el cuerpo con algún entusiasmo (poseído por el dios)– en mi caso con solución de continuidad. Se me compaginó entonces aproximadamente el recuerdo de una profecía suya muy pesada, contundente como una roca lanzada desde la cima, tanto que nunca se borró en mí el peso de ese impacto sin paracaídas aunque se me borrase la precisión de los detalles: luego de alguna de nuestras charlas alcohólicas (ginebra y cerveza él, yo una de las dos) en el bar de Diagonal Norte (con Jean-Jacques Bajarlía, Liliana Heer, Carlos Riccardo, Luis Thonis a veces), la seguimos por la calle (veo todavía noche, vereda a la intemperie, los dos frente a frente de pie); a su consabida aunque no por eso más sobrellevable cuestión del sinsentido, pero ávido superlativísimamente de algún sentido que ocupara el lugar del después nada, un algo edificado sobre esa roca etérea, le respondí, si se quiere, más agnóstico que él, sin siquiera la fantasía de esa esperanza, y por lo tanto, en el fondo (abismo), más desesperado (sin esperanzas por allí), que en efecto después nada, pero vivimos, en un sentido adicional al biológico de los organismos, gracias a algunas ilusiones en las que conseguimos creer (viven como si fueran inmortales, dice más o menos Néstor en esos papeles) y nos hacen construir en el aire, con provisoria amnesia del abismo sin fondo. Mis palabras fueron más exaltadas de alcohol y contundencia, no las recuerdo con precisión, pero sí recordé hoy al despertar, leyendo esos papeles, su contenido similar al que acabo de exponer, exponerme. Con su respuesta, su pesadísima piedra de molino demoledor o machacante atada a los pies del suicidado en el abismo del agua (un devolverse a la placenta sin recomienzo), me pasa lo mismo, no recuerdo las palabras exactas, pero sí la idea como balazo de cañón: ah, pobre de vos, qué difícil va a ser tu vida. Y la verdad que en buena medida es cierto, siempre lo fue. Pero no tanto, casi infinitamente menos que la de él, diría, aunque en la hipnosis lo roce cuando aflora el abismo en carne viva. Hay algunas amarras que me sujetan, nunca con completa solidez pero al menos con soga que sostiene en vez de ahorcar, a la superficie donde se mueven las aguas cotidianas y remamos. Él pone (se lo oí, lo leo) términos extremos, hipnóticos, a ideas que ya habitaban en mí, como que la procreación es un acto de irresponsabilidad (en sus términos extremos: “una de las acciones de mayor irresponsabilidad e inconciencia que el hombre tiene a su alcance” –y sin embargo él procreó–). Nosotros, los que lo frecuentamos en sus últimos quince años de pese a todo vida, sabíamos –por sus propias escuetas palabras que afloraban de tanto en tanto, si tal vez lo interrogábamos, cada vez menos en el progresivo declive amarrado con soga de psicofármacos recetados anestésicamente para la cirugía a pecho abierto del vivir– que la idea de la muerte y después nada lo asolaba desde siempre (desde la muerte del padre siendo él adolescente, me resuena), constante, irremediable, impsicofármacamente. Aquellas ilusiones, por así llamarlas, que le menté aquella noche de la profecía son el psicofármaco tal vez de muchos bípedos humanos como yo (de otros el dios dólar, diría Néstor en Manhattan, o lo irresponsable hijos), pero un psicofármaco bastante más amigo de la vida, porque achata de abajo (suspende unos andamios sobre el abismo) pero no de arriba, permite el vuelo o revuelo de esos entusiasmos ilusorios aunque vivibles como si: billete falso con el que compramos un churrasco placentero al paladar y nutriente de la sangre irrigadora de los órganos, música para pasar nuestro breve rato largo por momentos no tan mal. A intervalos el abismo visita, claro. Mi primera noticia recordada del impacto de la muerte fue a los cinco años: la radio anuncia la caída de un avión con resultado de equis muertos, la angustia de esa noche me tira literalmente al piso en llanto, de donde me consuela y alza mi madre (cuatro años después muerta junto a su marido y padre mío). Hace unos pocos días escucho en la radio algo que sé, he oído, leído, me desasosiega, me desconsuela casi tanto como la imagen de mi calavera repleta de gusanos que disfrutan de su raviol de sesos: la Tierra, el sistema solar desaparecerán, no quedará siquiera memoria de que alguna vez existimos, no sólo nosotros sino la entera especie humana, su lenguaje, su literatura (la prosa prodigiosa de Néstor). Pero digiero el trago, más que amargo, ácido de ácido sulfúrico que muerde y roe y funde el hígado, gracias a alguna ilusión traducida en acción concreta, como la de sentarme a traducir Shakespeare o a escribir esto, aquello. Néstor sin duda tuvo de esas ilusiones, con ellas escribió cuatro novelas extraordinarias, rioplatenses de otro planeta. Desde poco después de conocerlo, de hacerme cierta configuración de su karma (él no desdeñaba esa palabra, intentó estudiar sánscrito), ya me lo hago una especie de Rimbaud estrepitosamente empeorado de la vida: sabe que, en materia de escritura, ya ha dicho todo lo que tenía para decir, que sólo podría repetirse, o sea empeorar, y le resulta intolerable la sola idea de plebeyizar así su aristocracia del alma, de condescender así al churrasco cotidiano; abandona, pues, ese camino de horror, un tren fantasma sin –para él– ilusión posible de sonrisas para pasar el largo rato (el mientras tanto, lo llama él), pero no encuentra un África de tráfico de armas y sexo con sífilis o equivalente que le arregle la muerte sin necesidad de que él intervenga por propia mano; encuentra, en cambio, la peor de las ilusiones, la de creer en que, destruyendo concienzudamente con absoluta determinación todo viso de lo que los mortales humanos viven ilusoriamente como vida con algún sentido por momentos placentero (dolor, por supuesto, incluido y sin sensación desoladora de irremisible gratuidad), en fin, que por esa vía dolorosa (pero sin ilusión de cielo junto al Padre) podría encontrar más vida en esta vida, no en el sentido simbolista desleído (ni leído) de pasar un poco mejor el poco rato que nos es dado, sino en el sentido literal de mayor cantidad de años. Es difícil imaginar qué imaginaría hacer él con esos años de gracia en caso de obtener sus anhelados trescientos con renovación del cuerpo. ¿Años de desgracia? Yo creo, estoy casi seguro, estoy seguro de que se lo dije en aquellas nuestras primeras épocas, cuando él todavía hablaba a veces, etílicamente, de tales cosas sin llamarlas su enfermedad: ¿qué harías con todo ese tiempo adicional? Dando a entender, o pensando yo al menos, que si tan invivible había sido su vida (salvo, quiero imaginar, en momentos de ilusión como los que procrearon tan magnas novelas y en algún otro: “chispas” de beneplácito, los llama en uno de esos escritos a su analista), ¿qué mejor esperaba obtener en tan largo tiempo suplementario, que yo me figuraba como la horrorífica extensión del mismo desierto casi interminable, siempre con la gusánica y escarbante y escabrosa presencia de la certeza del final (y después nada)? Encuentro en uno de esos escritos cierta corroboración de mi Néstor Rimbaud: “Así la idea de retomar la escritura se vuelve prácticamente imposible, sobre todo si se tiene en cuenta la sensación global de haber dicho ya todo. Sólo podría escribir (y sería reiteración) sobre el aciago destino del bípedo humano obligado a vivir una vida tan breve y, al mismo tiempo, a darse cuenta del nunca pero nunca más”. Su hipnosis mortífera (cargada de muerte). El peso de su profecía en una mochila lo bastante toneládica por sí sola, sin necesidad de que se le sumaran regalos de un Papá Noel zambullido por la chimenea del abismo. Supongo que los amigos de –luego de un lapso de espaciados encuentros los dos solos en confines exsiberianos– mi segunda y más larga era colectiva con él (Hugo Savino primero –unión de percherones para tirar del carro un poquito menos pesadamente–, y casi enseguida Roberto Raschella y –creería que por esa misma cuestión del carro de Sísifo, siempre cada vez desde lo más abajo de todo por más esfuerzos que uno hubiera aplicado a remontarlo– Mariano Fiszman), que los amigos de esa segunda época, digo, conjeturábamos suficientemente en Néstor el desasosiego continuo de esa nada del después nada hecho ahora, nada es siempre ahora. (Esas junturas espeluznantes tenían curiosamente de escenario un bar de Chacarita, a metros de donde ahora sus restos o sobras corporales del breve almuerzo de la vida se deshacen en la nada del después.) Pero aquella conjetura (chacarítica y aledaña) del desasosiego nestoriano (después de tanto tirar de un carro –o ilusión de que lo hacíamos– que siempre retornaba al mismo lugar desesperante) encallecía por la frustración inerme (y la necesidad de tirar del propio carro, sin lo cual no se puede tirar de ningún otro). De allí que el poco alivio mediante el callo, en sí otro dolor (como el que hablo o me habla aquí), y el igualmente escaso de la distracción con las anteojeras de lo propio, den peso nuevo o renovado al final de ese escrito que leo o releo, algo que acaso, por su dignísimo pudor aristocrático del alma (la nobleza que no precisa exhibirse), él sólo podría haber dicho tan abrumadoramente por escrito y a su analista, es decir en una suma privacidad confidencial y en cierto modo obligada: “Desde que abro los ojos, ‘vivencio’ la muerte y no consigo, para el resto del día, agarrarme de algo. Es una angustia opaca, carente de nervios, una especie de pasividad al límite del llanto. Tengo que dejar de inmediato la cama y recurrir al comprimido que uso todos los días, así se reinstala la obsesiva asociación luctuosa, sin nada ni nadie que pueda llegar a mitigarla”. Comprimido, qué palabra. Recurrir al comprimido. La vida breve. La símil vida. Después nada. Y más nada todavía (si fuera posible) cuando el sistema solar desaparezca. Pero hay, ilusión mediante, un algo en esto mientras tanto, un mientras tanto en que él pervive cuando ya desvive su nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nota bene: Había algo tan poderoso, o quedó en mí tan, en la confluencia o amalgama, o mejor aleación íntima de metales nobles, preciosísimos, entre la experiencia (léase con énfasis) de tratar a Néstor, en mi caso ese Néstor del último y no breve período argentino, progresivamente un condeduque del espíritu que, caído al lodo, se las arregla para no ensuciarse los zapatos, gastados e impolutos, y la experiencia estremecedora de leer sus novelas y relatos, algo tan poderoso que no sabría decirlo, ni para empezar decírmelo a mí mismo (sin posible acabar de decirlo abarcándolo todo como en un abrazo), de otro modo que por pequeñas sinécdoques. Aunque todo es sinécdoque y apacentarse de viento (Eclesiastés, cabecera de Néstor).&lt;br /&gt;fines de 2006&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo Ingberg&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-8716297621391123559?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/8716297621391123559/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/kadish-o-sinecdoque-el-morir-los.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/8716297621391123559'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/8716297621391123559'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/kadish-o-sinecdoque-el-morir-los.html' title='KADISH O SINÉCDOQUE, por Pablo Ingberg'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-7357602785720840002</id><published>2009-05-13T09:29:00.000-07:00</published><updated>2009-06-02T09:30:35.539-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVTlFPVBnI/AAAAAAAAAIo/VUKxlfFMZGI/s1600-h/nestor_8.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5342768429471696498" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 75px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVTlFPVBnI/AAAAAAAAAIo/VUKxlfFMZGI/s400/nestor_8.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-7357602785720840002?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/7357602785720840002'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/7357602785720840002'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/blog-post_13.html' title=''/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVTlFPVBnI/AAAAAAAAAIo/VUKxlfFMZGI/s72-c/nestor_8.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-128476751082585246</id><published>2009-05-13T07:31:00.000-07:00</published><updated>2009-06-03T06:50:05.994-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mazar'/><title type='text'>SOBRE NÉSTOR SÁNCHEZ, por Silvia Mazar</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Nunca volví a tener sentado frente a mí en el living de casa a un hombre como Néstor Sánchez.&lt;br /&gt;Martes por medio, con su mirada vaga, el cigarrillo eterno y la frente húmeda. De tanto en tanto, una risa inocente nos premiaba.&lt;br /&gt;Yo lo quería de una manera austera. Cuando encontraba belleza en un poema mío era un encuentro fervoroso, musical; cuando la devolución era “no, eso no” con una severidad de escuela, yo me avergonzaba porque seguramente él no hubiera querido tener que decirlo.&lt;br /&gt;Aunque había una imperiosa necesidad de protegerlo, creo que era más fuerte su protección: esas palabras hondas con que transmitía su ética literaria eran protectoras.&lt;br /&gt;Hubo tres conceptos suyos que se fijaron para siempre en mí. Casi a diario los recuerdo, los uso, me ayudan a hablar, a pensar, a ser.&lt;br /&gt;Era bueno tenerlo en el sillón del living de mi casa, era muy bueno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marzo 2007&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silvia Mazar&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-128476751082585246?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/128476751082585246/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/sobre-nestor-sanchez.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/128476751082585246'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/128476751082585246'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/sobre-nestor-sanchez.html' title='SOBRE NÉSTOR SÁNCHEZ, por Silvia Mazar'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-3138747636550380804</id><published>2009-05-12T09:35:00.000-07:00</published><updated>2009-06-02T09:36:42.308-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVVBWAaJgI/AAAAAAAAAIw/e3PGcXefE4Q/s1600-h/nestor_9.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5342770014520485378" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 63px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVVBWAaJgI/AAAAAAAAAIw/e3PGcXefE4Q/s400/nestor_9.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-3138747636550380804?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/3138747636550380804'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/3138747636550380804'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/blog-post_12.html' title=''/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVVBWAaJgI/AAAAAAAAAIw/e3PGcXefE4Q/s72-c/nestor_9.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-7008105492628346476</id><published>2009-05-12T06:36:00.000-07:00</published><updated>2009-06-03T06:50:43.353-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mudanó'/><title type='text'>TROESMA, por María Cecilia Mudanó</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;¿Dónde nacen las palabras, Néstor Sánchez? ¿Quién o Qué nos envía las que vienen a nosotros? Usted habrá querido saberlo también. Durante años las esperó febrilmente porque la invención es la vida del poema. Todo es invención como el Universo, que al mismo tiempo es ilusión ya que no podemos percibirlo en totalidad; dicen que es ilimitado aunque no infinito. Made me a mask.&lt;br /&gt;Usted supo narrarnos su verdad de modo nuevo, una verdad que “no puede ser comprendida por la mentalidad burguesa”, sentenció en un De profundis Saavedra Guillermo.&lt;br /&gt;Recibía las palabras del mar sin límites que tanto lo desvelara. Habrá sido por eso que en cierto momento se orientó en busca del saber sagrado.&lt;br /&gt;Palabras –decía– como en el fragmento magistral de la muerte del loro, de acción precisísima así como el ritmo rutilante, sin cantito.&lt;br /&gt;De sus novelas poemáticas diríase que son historias filmadas por podermiento de un lenguaje que condensa la imagen visual vertida en argentino portuario incomparable.&lt;br /&gt;Yo, a usted, le conté la muerte de Dylan Thomas y le hablé del pie equino de Byron; le doné información acerca de la cantidad de poetas jóvenes argentinos de la década del sesenta, cuyo número –según cómputo producido por Edgar Bayley– ascendía a unos tres mil.&lt;br /&gt;Usted, a mí, me juntó con Joyce, Eliot, Günter Grass, Claude Simon, Madariaga, Pedro Mafia y otros.&lt;br /&gt;Una vez, usted apareció en mi sueño nocturno. Hallábase sentado en una mesa rojiza y brillante de delgados volúmenes, en el centro de un escenario amplio y vacío que veía en alto desde el nivel bastante más inferior en el que me encontraba, al pie de una escalera que descubro en el momento mismo en que voy a necesitarla. Ésta de la escalera es madera clara y también brillante. Veo el vacío por entre los peldaños.&lt;br /&gt;A su término encastra en el escenario, tan ancho como ella.&lt;br /&gt;Usted está esperándome. Viste camisa blanca inmaculada y suéter azul oscuro y, aunque ante mis ojos parece un juez, no me inspira ningún temor, siento respeto y curiosidad. Se le ve serio y tranquilo. Ya era autor de una obra considerable y original.&lt;br /&gt;Entonces, despacio, porque estoy prácticamente en el aire (no hay pasamanos), empiezo a subir. No apareció más en mis sueños.&lt;br /&gt;Después a usted le ocurrió cerrar los ojos (como decía mi padre), sin que nadie esperase semejante cosa y me dejó huérfana de maestro. ¿Por qué, si usted era tres años menor que yo?&lt;br /&gt;Quizá porque allá, en la casa del nacimiento, se dejó caer cuando quedó solo sin siquiera la vieja querida y entre cigarrillo y mate tal vez se preguntara ¿para qué más? Y esperó la muerte sin otra esperanza que la de sentirla llegar.&lt;br /&gt;Dado que no tiene sentido decirle lo que no le dije antes de ese quince de abril nefasto, tampoco lo tiene continuar esta despedida. A veces, usted me visita en mi escritura.&lt;br /&gt;Gracias, Maestro. Adiós, Maestro.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;María Cecilia Mudanó&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-7008105492628346476?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/7008105492628346476/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/troesma.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/7008105492628346476'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/7008105492628346476'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/troesma.html' title='TROESMA, por María Cecilia Mudanó'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-8166595468678089235</id><published>2009-05-12T03:47:00.000-07:00</published><updated>2009-06-02T09:48:47.237-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVX1Mj2z9I/AAAAAAAAAI4/WfxZyt-TYZg/s1600-h/nestor_7.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5342773104361263058" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 38px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVX1Mj2z9I/AAAAAAAAAI4/WfxZyt-TYZg/s400/nestor_7.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-8166595468678089235?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/8166595468678089235'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/8166595468678089235'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/blog-post_5029.html' title=''/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVX1Mj2z9I/AAAAAAAAAI4/WfxZyt-TYZg/s72-c/nestor_7.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-4395710390748645532</id><published>2009-05-11T09:50:00.000-07:00</published><updated>2009-06-04T10:41:59.207-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Quiroga'/><title type='text'>EL ESCRITOR Y LA SOLEDAD, por Jorge Quiroga</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sentimiento de su tiempo encarnado de alguna forma en ese aparente aislamiento, que sin embargo es con los años el que le otorga sentido. Su narrativa se va configurando casi sin transición, y no se puede separar de la soledad de su impulso, lo que lo lleva a instalarse en un lenguaje que es tanto extremo como terminal.&lt;br /&gt;En verdad es el comienzo de un ejercicio de carácter espiritual, que de a poco se infiltra, hasta que se traslada a todo su ser, y ni siquiera es experiencia. Desencajado, empieza a dar vueltas y a ensayar los pasos obstinados de quien se sabe, dispone de ciertas palabras que dan forma a un diálogo en el que faltan algunas cosas para que sea inconcluso.&lt;br /&gt;En algún reservado del Politeama (Corrientes y Paraná), ese joven habla interminablemente, en las mesas del fondo, misteriosamente gesticula a una mujer que lo mira absorta, mientras otros adolescentes observan esas imágenes sin poder reconstituirlas. Es posible que ellas se deformen en relación a la distancia que las abruma. Lo cierto es que Néstor Sánchez aparece en un momento en el que prevalecen otras formas en el imaginario literario.&lt;br /&gt;Otro ausente, Haroldo de Campos, en la puerta de su casa, cuando nos despedíamos una de esas noches paulistas, conversando de pie, me preguntó si conocía a un escritor argentino: Néstor Sánchez, al que había visto fugazmente en un viaje a París.&lt;br /&gt;El rostro de Haroldo, mostraba aún señales de extrañeza y duda ante tal encuentro. Lo recordaba como un hombre extraño y desesperado y sin rumbo preciso, parecía muy conturbado y fuera del mundo.&lt;br /&gt;Creo que entonces le dije que en verdad la situación era como él la describía, y que Néstor Sánchez seguramente en ese tiempo la esta pasando mal espiritualmente.&lt;br /&gt;No sé por qué me acuerdo que pensé, en ese momento, que Sánchez (aunque quizás no tuviera relación con el exilio de aquellos años), en su angustia y evidente desarraigo, sufría en carne propia una separación que sólo podía entender alguien que fuera argentino. Era como si estuviesen preguntando por otro desarraigado.&lt;br /&gt;Las veces que lo vi, siempre fue como que si manifestase de diferentes maneras su profunda soledad.&lt;br /&gt;Ella está volcada a una escritura muy personal que formaba parte de un riesgo y una búsqueda. Ya derruido, muy silencioso, una vez le pregunté por qué había tomado ese camino, y me contestó: “para ser un hombre mejor”.&lt;br /&gt;En ello consistía su rara religiosidad, que hacía que lo entusiasmase, como si estuviese intuyendo allí, que estaba encerrado un secreto que no podía desoír. Quizás había llegado al límite o extremo de sus fuerzas activas y ya no le quedaba nada (por lo menos eso él creía en relación con la literatura), su cabeza no estaba vacía para pensar y escribir, se le había vuelto una soledad que no podía manejar, por eso se sentía desprendido de los afanes.&lt;br /&gt;Cuando la literatura se torna insuficiente, ya no hay posibilidad de reconstruir una imagen y sólo parece que la inmovilidad es significativa.&lt;br /&gt;Pensando sobre todo en la poética y narrativa de Néstor Sánchez, hablé de escritores desterrados y esto fue parte de un ciclo de lecturas. Empecé por Sánchez, Correas, Raschella y Ulla; decía entonces:&lt;br /&gt;“Son escritores que construyen su propio espacio, configuran un imaginario que se descentra en forma constante, mantienen una inadecuación que hace que la narrativa se convierta en la diferencia que los aísla y los singulariza.&lt;br /&gt;”Forman parte de la literatura argentina para instalar esa otra voz, sin la cual sus respectivas épocas de actuación quedarían mutiladas de sentido, y sin embargo fueron y son escrituras inesperadas que cargan su impulso, a veces experimental, a veces de rara controversia, otras desesperada y casi terminal.&lt;br /&gt;”Se encuentran invadidas por obsesiones y marcadas de estilo reconocible, y repetidas, porque basan sus respectivas poéticas narrativas en la consolidación de prolongados silencios y en la configuración de obras que inventan y merodean zagas y temáticas, que inauguran zonas de expresión fisuradas y al borde de lo desintegrado.&lt;br /&gt;”Desterrados, porque escribieron sus narrativas en la más absoluta soledad y en contra de la corriente, ocupan lugares atípicos, lo que los lleva a salir, con sus relatos y novelas, desde el encuentro y desencuentro tenaz con los verosímiles de su tiempo. Desterrados y con la angustia de vivir separados y en estado de conmoción, escribiendo en el centro de una crisis, por la cual ellos se crean a sí mismos.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando estábamos filmando La juntidad espeluznante (título extraído de la lectura de un fragmento de la novela de Sánchez El amhor, los orsinis y la muerte tal vez trasladado indebidamente), nos contactamos con Néstor para grabarle una entrevista. Sorprendentemente nos convocó a una pizzería, “La Santa María”, en el barrio de Chacarita; llegamos tarde y él ya estaba instalado en una mesa. El ruido de la zona, provocado por los coches y la multitud, era abrumador (colectivos, taxis, gente por todos los rincones, es decir un ambiente totalmente urbano, iba a rodear nuestro encuentro).&lt;br /&gt;(Néstor Sánchez no podía sospechar que una de las personas que lo interrogaba era uno de los jóvenes que, invariablemente fascinado, lo miraba fijamente en el café Politeama, hoy desaparecido, cuando él desarrollaba un misterioso diálogo amoroso, en una mesa arrumbada, junto al ventanal que daba a la calle Paraná; seguramente nuestros gritos de nostalgia y de júbilo ni siquiera llegaban al alcance de sus oídos, tan enfrascado como estaría, hablando y hablando, en una conversación interminable con una mujer; en ese tiempo para nosotros era un hombre maduro.)&lt;br /&gt;Con los codos en la mesa de fórmica de la pizzería de Chacarita, como decía, ya estaba aguardando Néstor, ya era un hombre derrumbado, una mueca triste le marcaba el rostro, una media sonrisa que parecía decir yo estoy aquí, a pesar de una inmensa desazón, le había ganado el cuerpo, y le había caído de golpe, sólo le quedaba una lucidez impensable a lo mejor después de todo lo que había quizás sufrido (en ese momento recordé la frase de Haroldo de Campos, y su vacilación ante alguien que le transmitía semejante desesperación, y aunque nadie puede explicar el destino de nadie, me di cuenta de que ese hombre que tenía enfrente estaba un poco fuera de lugar, y es posible que se sintiera despojado, como sabiendo que nunca iba a poder ser el de antes, y reflexioné que todo había sido inevitable).&lt;br /&gt;Ese fácil referirse a silencios, cuando no conseguir, es una imposibilidad de lo que se ha vivido, esa figura secreta repetía un ritual blanco que se escapaba en la comisura-mueca de sus labios, y en toda su fisonomía.&lt;br /&gt;Nos rodeaba con su cámara mi joven amigo Martín Carmona, que trataba de reproducir, en imágenes, los mínimos gestos de ese hombre ahora con una honda calma, pero que había atravesado tiempos de tormenta y de otras formas de tempestad, y justamente en ese momento se encontraba absolutamente separado del mundo. Sabía por comentarios que algunos amigos comunes lo visitaban, pero nunca me animé a hacerlo yo, por temor a mí mismo.&lt;br /&gt;Su capacidad para escuchar y luego responder llamaba la atención, siempre enmarcada en largos suspensos, que no sé por qué me resultaron muy significativos. Su forma de hablar contundente y pastosa decía que las contestaciones habían sido muy meditadas.&lt;br /&gt;Los afanes de Néstor Sánchez lo enfrentaron con su soledad, su obra de algún modo es ese deambular en la frontera, donde fue perdiendo hasta las posibilidades mismas, en un retraimiento que lo dejó exhausto y sin atenuantes.&lt;br /&gt;Hay como dos imágenes que se superponen, un hombre joven, vital, misterioso pero desaforado, que frecuentaba las reuniones y desafiante, no soportaba el sentido común y la mediocridad, reaccionando imprevistamente cuando fuera necesario, en las fiestas de su tiempo, huyendo de Chile, abrumado por la adulación, un escritor que escribe una obra tan propia, como si en ello le fuera el destino.&lt;br /&gt;La otra imagen es la de un hombre desolado, que mira tristemente sus manos, y que ha atravesado puentes y tormentas, en la necesidad de alcanzar una paz espiritual que le llega quizás tardíamente, que se sigue interrogando, ahora ganado por un silencio, un vacío que lo rodea.&lt;br /&gt;Un hombre en apariencia sin futuro, o con falta de pasado, o ambos espacios ganados por la soledad más esencial, y de alguna manera insoportable, como se ha dicho de Kafka, la imposibilidad como proyecto.&lt;br /&gt;La inexistencia de un rumbo preciso, después de que se ha entretejido un camino interior, una experiencia intransferible, que al fin de cuentas es una trama entrecortada.&lt;br /&gt;Porque se refiere a una tarea mística, pero que se hace presente en la fragmentación de la fugaz iluminación, una tensión improvisada que rastrea en el pasaje en ruinas de una entrada imaginaria.&lt;br /&gt;Néstor Sánchez, envuelto en su mito personal, llega a ese diario donde la vida es una fiesta y también una búsqueda. Las alusiones a su derrumbe, en el crispamiento (ese trabajo sobre sí mismo), que lo particulariza como individuo, y lo deshace en pedazos que nadie puede discernir.&lt;br /&gt;Porque se manifiesta una rara cualidad, un aislamiento que ronda la fidelidad de la nostalgia, la decisión, que se sobreentiende, de llegar hasta las últimas consecuencias. Que lo conduce a la proliferación poemática, resonante en la multiplicidad, por lo que descubrirse a sí mismo es una muestra de rigor.&lt;br /&gt;El avatar encierra un misterio, y la muerte es inevitable, son dos certezas que recorren, de diversas formas la mirada que se destruye, y Sánchez es un partícipe de ese juego.&lt;br /&gt;El mundo mantiene una relación imposible con lo que sucede, y la única manera que encontró Sánchez es apostar a su encuentro. Vigilar lo que no se conoce, narrar aquello que tenemos, es decir, contar ese proceso, contraponiendo las resonancias. El entrar y salir lo habrá leído en Macedonio, y además la obstinación, y la eternidad de la muerte.&lt;br /&gt;Cuando uno se reunía con Néstor Sánchez, vislumbraba que su conducta frágil escondía una bondadosa lejanía, que dejaba percibir que escuchaba con suma atención. El acompañamiento de la muerte lo arrojó a las acechanzas de la vida.&lt;br /&gt;En la encrucijada de barrios multitudinarios, estaba separado del mundo (lo que recuerdo es su empecinada manera de sumergirse en la conversación, y al mismo tiempo la retirada hacia su soledad que estaba desde el comienzo).&lt;br /&gt;En la hipotética charla con Sánchez, lo veo sortear escollos, piedras en el camino que va dejando, un hombre con una voluntad de hallar ese núcleo. Que lo justifica como escritor que crea sus propias huellas, que tal vez lo justifique, ya que el silencio de los últimos años sólo él puede pensarlo; otra vez como cuando yo recién llegaba desde lejos, puedo verlo como quien vive la literatura como un ejercicio espiritual, que viene de su historia personal, y que está ligado a un tiempo en el que la distancia significaba que recién comenzábamos a vivir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La obra es solitaria, y esto no significa que permanezca incomunicable, que le falte lector. Pero el que la lee participa de esa afirmación de la soledad de la obra, así como quien la escribe pertenece al riesgo de esa soledad” (Blanchot).&lt;br /&gt;Esta afirmación se relaciona íntimamente con la tarea de Sánchez, que en su narrativa constituye tanto su escritura, pero también requiere un lector que lo siga.&lt;br /&gt;Para él, la novela revierte un secreto que él mismo descubre, y que está redoblado en secuencias.&lt;br /&gt;Si se habla de una lectura activa, la única posibilidad de leer a Sánchez es apostar a lo múltiple, construir un espacio donde pueda leerse esa fascinación.&lt;br /&gt;Porque a partir de la repetición se accede al núcleo poemático, donde se esconde la ausencia y lo permanente. La proliferación a la que el escritor se entrega como recluyéndose en sí mismo.&lt;br /&gt;Esta escritura por ráfagas, que implica una tremenda desprotección, porque encierra como un arribo, donde está expresado, en evidencia, un lenguaje terminal, implica la soledad y la búsqueda implacable, como rasgo que la particulariza.&lt;br /&gt;Entrar en un riesgo fulminante, que puede llegar a ser aterrador por miedo existencial, es decir en una escritura obsesiva, intensa, y circular.&lt;br /&gt;Enfrentar los límites, los bordes de una experiencia, es costoso. Toda la celebración está en la condición efímera de quien excluye y anula la ausencia de paisajes anegados y los restablece.&lt;br /&gt;El yeso inconcebible del exilio lo amenaza, y la narrativa de Sánchez es la grieta que prepara, de forma irrisoria, la sucesión de años de furia y templanza, de profunda soledad.&lt;br /&gt;Siempre que lo vi lo hice desde lejos, como si se tratase de medir una distancia, de construir su figura, que me resultaba imposible de reconstruir.&lt;br /&gt;Toda escritura literaria implica soledad, la de Sánchez está cruzada por esas muestras de sentido, de humor velado, que debemos atravesar para llegar a su golpe, que es una especie de rumor, o de algo entrevisto. Por eso se basa en la repetición, lo que se reitera y evoca.&lt;br /&gt;De forma cifrada, toda su experiencia está en su narrativa, no consigue escaparse de ese círculo que en última instancia lo destierra.&lt;br /&gt;Años de soledad, de interrogarse y de cumplir ritos que lo exterminan, desgarramientos existenciales incurables, la imposibilidad de volver (la insistencia del tecleo en la máquina de escribir, donde quiere depositar el fraseo).&lt;br /&gt;Es infinita esta riqueza abandonada, piensa en el desprendimiento, que más que en instantes, él los experimenta en secuencias narrativas. Desde el momento en que reinscribe su vida, la reinstala como lenguaje, de alguna forma polemizando con el tiempo en que le tocó actuar.&lt;br /&gt;No puedo separarme de esas imágenes iniciales, Néstor Sánchez es un escritor cuyo recorrido tiene que ver con una voluntad de estilo, junto con la mezcla que le permitió tal vez conjurar su enigma concentrándose; continuará siendo un misterio, como cuando entablaba un diálogo amoroso, que, ahora lo sé, iba en esa dirección, y que lo convertiría en uno de nuestros autores más inquietantes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Jorge Quiroga&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-4395710390748645532?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/4395710390748645532/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/nestor-sanchez-el-escritor-y-la-soledad.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/4395710390748645532'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/4395710390748645532'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/nestor-sanchez-el-escritor-y-la-soledad.html' title='EL ESCRITOR Y LA SOLEDAD, por Jorge Quiroga'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-8457049173903119921</id><published>2009-05-11T06:57:00.000-07:00</published><updated>2009-06-02T10:00:00.520-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVacWNOqtI/AAAAAAAAAJA/YZo_6ySY1lk/s1600-h/nestor_5.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5342775975988865746" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 116px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVacWNOqtI/AAAAAAAAAJA/YZo_6ySY1lk/s400/nestor_5.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-8457049173903119921?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/8457049173903119921'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/8457049173903119921'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/blog-post_11.html' title=''/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVacWNOqtI/AAAAAAAAAJA/YZo_6ySY1lk/s72-c/nestor_5.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-4988861934004294416</id><published>2009-05-10T10:00:00.000-07:00</published><updated>2009-06-03T08:34:23.440-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Riccardo'/><title type='text'>TOQUES, por Carlos Riccardo</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Néstor Sánchez le gustaba trazar derroteros y convergencias, señalar encrucijadas y confluencias; rechazaba de plano la incidencia del azar; para él la vida, los hechos vividos, los encuentros y separaciones, los vínculos y las necesidades, se sucedían en un encadenamiento fatalista, se imbricaban por razones anteriores, aunque no en creencias ulteriores, desconocidas o improbables, donde no cabía la mera idea de la suerte sino la intuición oscura de la posibilidad del destino, pero de un destino que se iba haciendo en la derrota, en el sentido de línea que se traza al andar. Lástima, el otro significado vino a marcar al Néstor Sánchez que conocí. Había sido una especie irónica de héroe, había querido vivir trescientos años, había creído fervientemente en una tercera dentición y había terminado aquí, en la casa materna de Villa Urquiza, sin dientes, sin “épica”, en la más pura desolación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ese gusto de los derroteros, establezco los acontecimientos previos: En un anaquel de la librería Viridiana (que quedaba en la galería del cine Arte), encontré un libro cuyo título me llamó la atención: Siberia Blues, en esa edición de Seix Barral con una fotografía en la tapa de una mano solitaria que toca el teclado de un piano. El nombre de la novela, el epígrafe de Charlie Parker, el estilo de la escritura, como un bebop barrial, el tema lumpen, la intención de jazz, produjeron en mí una adhesión inmediata por un autor que me enfrentaba antes que nada con mi propia ignorancia. ¿Quién era Néstor Sánchez? La cuestión fue que pocos se acordaban de él, no se sabía dónde estaba, algunos decían en Europa, otros habían creído que estaba muerto. Al olvido, se agregaba cierta desvalorización de su obra: Nosotros dos y El amhor los orsinis y la muerte se hallaban a veces en las librerías de saldo de Corrientes. Motivado por su obra, escribí un texto sobre las tres primeras novelas &amp;shy;&amp;shy;–que transcurren en Buenos Aires– tratando de entrever el entramado urbano y musical que se iba desarrollando en ellas. Tiempo después, y gracias a Juan Jacobo Bajarlía, ese texto llegó a manos de Néstor Sánchez que había regresado al país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos vimos por primera vez en el 87, en un bar de Diagonal Norte, enfrente de Viridiana, lugar que sería posteriormente el punto de encuentro más frecuente. Me impresionó la contextura amplia, cierto aire a boxeador, determinados rasgos de negritud en el rostro y en el alma. Tenía un entusiasmo moderado que en los dos o tres años siguientes se fue desmoronando. Preparaba un libro de relatos para Sudamericana (La condición efímera), a partir de las notas que había estado regularmente enviando a Buenos Aires. Él intentaba armar un grupo, el Grupo de los Diez, con una intención que excedía lo literario. Nos empezamos a ver seguido. Hablábamos de literatura, de poesía, íbamos a comer, tomábamos cerveza y ginebra. Una discusión sobre literatura podía llegar a violentarlo, pero la experiencia traumática con el Trabajo de Gurdjieff era su tema recurrente. Cuando le presenté el borrador de un libro que estaba preparando con mis experiencias con peyote, sintió que había algo predestinado en nuestro encuentro. Castaneda significaba para Néstor la contracara benéfica, la posibilidad perdida, ante la oscuridad emanada del Trabajo. La cercanía me mostró un hombre sufriente, sufrido, arrasado por unas pruebas a las que se había sometido en pos de un imposible, buscando aún respuestas a sus preguntas desesperadas. Me extrañaban a veces determinadas ausencias. Después supe que se debían a sus “toques”, y los “toques” terminaban por lo general en el Borda. En enero del 89 –el mes de los apagones planificados– se nos ocurrió grabar nuestros diálogos.&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=2868397258922519093#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; No fueron más de tres encuentros en dos meses, con ese propósito. Una tarde Néstor llama por teléfono muy asustado y me dice que no puede continuar con las conversaciones porque le hacen daño, que hace ya varios días que tiene insomnio, que entra en disquisiciones mentales que lo aterran, que tiene miedo a que se produzcan nuevos toques.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los “toques” eran fugas. Las más de las veces, un estado ambulatorio: se iba caminando y no volvía por varios días; otras, era un diálogo incesante e interno que se relacionaba con un mito personal que esos mismos toques le producían:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;… si la vida fuese ejemplar y un largo plan de una tribu iluminada, para decir de algún modo, de una tribu de guerreros impecables, en una relación de doce mujeres y un hombre –perdamos de inmediato el prejuicio de la sexualidad– digamos que producen núcleos de trece. Si sucediera todo en la medida del perfeccionamiento y del bajar –el bajar, la humildización, la larga posibilidad de vivir, una ética profunda, amor real–, el drama de la muerte inexorablemente reaparecería con un interrogante que agrego que es: si digo que la vida puede durar ciento cincuenta mil millones de años, tal vez estaría condenado a saber en el amor real, en la ética profunda, en la belleza, en la relación con la naturaleza, de la necesariedad del sufrir, porque tendría que tener obligatoriamente un fin. Es el tema que me preocupa como resultado del toque columna vertebral mío. Tendría que tener un fin. El decurso daría el dolor. Es una revelación. El fin es necesario. Si el hombre pudiera considerarse –las palabras son terribles– eterno, o que vive siempre, para atemperar; si decimos inmortal... ahí ésa es la parte grave de mi experiencia. Sí, en ese sentido, si proviene, es conocimiento, acaso la revelación de ese elemento, ahora que lo palpo y lo palpo, podría tener... el hombre traicionaría. Si le es dado tres mil trillones de años de vida, si ni siquiera envejece, cada uno de los componentes de esa tribu para morir tiene que tomar una pastilla, o inyectarse, probablemente traicionaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que en un alto en las grabaciones, me refirió uno que padecía frecuentemente, y al que se refería como “la dicotomía esencial del toque niño”:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;… ahora la necesidad de morir es tan grande que aparece la dicotomía simbólica: un niño, muy niño, atemorizadísimo, un niño en mí, y un criminal que tiene que matar al niño... se acurruca, no quiere morir, quiere durar mucho más...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía lo imagino en las noches, despierto, encarnando en la relatividad absoluta del tiempo, murmurándose que la duración de la vida del hombre es inexistente, que es la inexistencia misma. Todavía le oigo decir que toda la vida en la tierra no es más que un ínfimo tejido vibracional que la recubre como un musgo, apenas un poco de carne pegada al hueso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Establecer el absoluto y la manifestación de la materialidad produce una concomitancia con el sistema solar y el universo en general. Esa reducción que amplía el radio de la creación, desde el punto de vista del absoluto, a Tierra-Luna, una octava, donde la luna sería el si, y donde el segundo do falta; es notable ver en esa reducción que la vida orgánica en la Tierra no aparece y que la finalidad de existir es puramente material, vibracional. Es terrible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le escucho aún repetir que la materia tiene un plan, y que ese plan es únicamente dolor, que el espíritu tiene un plan y que ese plan es, efectivamente, más dolor. Voz poética de un desconsuelo, le escucho citar el Eclesiastés, y repetir lo de la vanidad y el esparcido viento: consuelo sin consuelo. Tal vez haya sido un Job agnóstico, desolado, escéptico y atormentado, sin la creencia necesaria para sostener la farsa de un personaje –en su caso habría sido el del escritor– en la vida. Algo fatal, un destino quizás, lo encaminó de una manera oscura a un estado obsesivo, sin cura y sin anestesias posibles, sin subterfugios, desesperado. No había podido sostener ningún rol, ningún papel en esta obra absurda que es la condición humana. Algo, una apuesta muy grande quizás, lo había tentado a un más allá de la escritura y su alma y su carnadura, fueron puestos en juego: la recompensa prometía la solución al problema siempre presente de la muerte, de Dios, del hombre. Verlo otra vez después de unos años de alejamiento mutuo fue sólo constatar esa suerte de desilusión infinita que había conseguido como única respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puede haber gratuidad. Somos esclavos de esa grandeza (que es el universo), desprovisto de toda significación divina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=2868397258922519093#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; El drama sin atenuantes, ése es el título, sugerido por Néstor mismo, para el texto de las desgrabaciones que aún permanece inédito, salvo unos fragmentos editados y publicados en la revista tsé-tsé nº 5, verano 98/99, también con ese nombre.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Carlos Riccardo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="mailto:criccardo@fibertel.com.ar"&gt;criccardo@fibertel.com.ar&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-4988861934004294416?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/4988861934004294416/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/toques.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/4988861934004294416'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/4988861934004294416'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/toques.html' title='TOQUES, por Carlos Riccardo'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-5333647806527783938</id><published>2009-05-10T03:16:00.000-07:00</published><updated>2009-06-02T10:16:55.879-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVebgGdEKI/AAAAAAAAAJI/HidKAUas2_A/s1600-h/nestor_3.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5342780359511445666" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 62px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVebgGdEKI/AAAAAAAAAJI/HidKAUas2_A/s400/nestor_3.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-5333647806527783938?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/5333647806527783938'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/5333647806527783938'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/blog-post_10.html' title=''/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVebgGdEKI/AAAAAAAAAJI/HidKAUas2_A/s72-c/nestor_3.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-6138841026201053180</id><published>2009-05-09T10:17:00.000-07:00</published><updated>2009-06-04T10:58:01.774-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Savino'/><title type='text'>NÉSTOR SÁNCHEZ : UN RETRATO, por Hugo Savino</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;Para Américo Cristófalo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Néstor Sánchez reemplazó la pasión de hacer fragmentos escritos por el vagabundeo, primero, por el vagabundeo espiritual, solo, después, no sé cuándo, sintió la necesidad de ir la calle. O quizás se le impuso el vagabundeo, pudo más que la literatura, que se le deshilachó. Andar por ahí se le convirtió en una pasión, y se alejó del mundo, de él mismo. Siempre vio el mundo, pero no pudo tomarse un descanso de los horrores. Tampoco dijo mucho sobre qué vio y cómo se le estragó la épica. Decía, obstinado, cuando yo le hablaba de su don: perdí la épica. Y se apartó. Vivió apartado. La vulgaridad le sacaba una mueca, y mucho silencio. Nunca se olvidó de Apollinaire: ¿por qué? En 1986 parecía que estaba siempre yéndose, todavía la espiritualidad lo envolvía, la calle o el camino le mandaban mensajes. Escribió Condición efímera: intento de rescate o de invención de otro hilo. Otro poema. Plantó. El viaje hacia el futuro de la vida eterna le corrió la épica. Ahí la muerte empezó a tomarle la sopa. Néstor Sánchez tenía una velocidad de espíritu que lo puso en vulnerabilidad. Las naturalezas toscas lo abrumaban. No pudo buscarse un lugar en el mundo. Caminar por un rectángulo o por calles sin veredas, deambular pudo más que tiempo, había que acallar las resonancias, alguna música insoportable. Hasta ir a parar al cordón de la vereda. Sin quejas. Una vez fue a dar una conferencia y entendió algo definitivo: lo sobrecogedoramente universitario. Ya estaba desesperado de desasosiego. Sacó la mano a espiritualidad, a camino, a caminata hasta zapato roto. Quería encontrar ese De Kooning que una vez quiso abrazar. O lo atrapó la tentación de desaparecer, de disolverse en las calles de esa cuadrícula. ¿Qué vio ahí? Néstor Sánchez pasó de una literatura física a una espiritualismo físico volvió a su literatura física, y después se concentró, como pudo, en no ir a ninguna parte. En Néstor Sánchez la concentración es específicamente física. Es una exigencia de la fragmentación. Va del tango a la novela, a la espiritualidad, a los relatos, a la vida atea y contemplativa: ahí se queda. Y no dejó de desplazarse. Vagabundo. O clochard: no le venía mal esa palabra. O lumpen: la conducta como oración. Un día me dijo: Beckett tuvo suerte con Godot: pudo seguir tranquilo, aseguró economía, no le apuraron la sopa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sánchez siempre leyó con exactitud – la lectura en voz alta estaba en esa precisión: no era una armonía, estábamos en el sonido. Néstor Sánchez nunca se defendió del arte, de lo que amaba: “con otro refregándose pornográficamente contra un de Kooning”. Puso el mundo en su voz interior, el rollo de adentro lo escribió en poema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Willem de Kooning era el pintor de Néstor Sánchez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía la delicadeza de hacernos creer que estábamos en el mismo barco, pero bastaba con leerlo para darse cuenta de que él se había bajado en otro puerto. Pero: había que leerlo. Frecuentarlo era leerlo. Sus novelas eran como su baile: la muerte del compadrito. A él le tocó escribir en épocas del matonismo sartreano. Cada época tiene sus matones. Ahora son lacanianos o filosóficos o poetas del consenso. Sacar el pie como nadie lo sacaba. Sánchez es el escritor, no de lo que sucede sino del ritmo de lo que sucede. Un pie no baila, sale. Sale a lo destiempado. A tango: a jazz. El jazz: “no adhiere a mundos corroborables. Se toma el tema y se lo destruye, o sea el hombre es convocado por lo concebido, pero lo concebido no lo ilustra, ni lo limita”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sánchez no estaba asustado: no tuvo que salir corriendo a pensar la realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Cita:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“me permito cualquier clase de término, de giro, de invención absoluta”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Jamás ir a la página con un plan de escritura”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Leyes aprendidas a fuerza de error”. (Nosotros dos)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para Sánchez la memoria y la transmisión son temblorosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La memoria: “¿Entonces toda memoria, toda memoria personal y por lo tanto apesadumbrada por el sin ton ni son sobreentiende, fundamentalmente, el olvido, la desmemoria? Es decir que sólo quedaría recordar que se ha olvidado, que se ha olvidado tanto, a fin de algún día (ni cercano ni demasiado probable) admitir ese incierto y mucho más evasivo recuerdo de tanta desmemoria. ¿O sea que cualquier vida puede ser contada en diez minutos?...&lt;br /&gt;Dicho de otro modo: esa devastadora desmemoria destiempada y desarticulable...”. (Cómico de la lengua)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para Sánchez la experiencia profunda es intransmisible –pero la escritura tiene una dimensión ética que empuja a poner ese intransmisible: quede lo que quede –hay una obligación de decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco importa mucho si la voz de Sánchez sigue siendo incomprensible para esos turistas de la literatura, no tiene ningún interés, los poetas del libro colectivo no están hechos para la lectura, ahora toman clases de balbuceo con la policía del pensamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sánchez empieza contando con un lector imposible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El escritor no tiene que contar algo que sabe de antemano, sino que va a la página a consultar una memoria que está fuera del tiempo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El lumpen mal definido por Marx, aquellos, los únicos que tienen la conducta como oración”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lumpen para Sánchez: el músico nocturno inconformista, el ladrón de caja fuertes: para ése, es imposible equivocarse. La capacidad de atención. El lumpen se oculta – hay en él una necesidad de ocultamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo estrictamente Raúl Berón en Sánchez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo beligerante sanchístico es su manera de hacer lista de rechazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo Troilo en Sánchez es puente a lo clochard celeste kerouac.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para Sánchez en el mundo de las letras se trata de ser marginal. Un escritor va al estado de gracia: se relaciona consigo mismo de manera imponderable: “como amistad que no se traiciona”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soplo del Ángel subterráneo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz interior es la única brújula –hasta perderse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Néstor Sánchez se llevó un Carlo Emilio Gadda para ver si arrancaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La música: “si es intérprete se está fatalizado”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La disyuntiva de la música es lumpen”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Néstor Sánchez: “Yo digo que el ritmo de lo que ocurre es la mejor frase que encontré para decir lo que es mi trabajo narrativo. Porque el ritmo va produciendo la sucesión de imágenes. La historia interesa y no interesa, el lenguaje interesa más que la historia”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puntuación: “La puntuación por otra parte, debe volverse imposición de cadencia”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para Sánchez se trata de avanzar hacia lo que no estaba pensado: ir sacándose de encima lo que en las palabras había de pensado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo pensado y remanyado hasta lo sobado era la bestia negra de Sánchez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siberia tenía todo para novela realismo testimonial: entra el jazz –improvisación- y Sánchez conquista otro tono. (Reportaje Bajarlía)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leer Sánchez es entrar en un largo período de pérdida. (Reportaje Bajarlía)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Mi imagen como escritor es por lo general resistida y esto llega, aunque parezca mentira, al ámbito de las editoriales, donde aparezco como un raro de cierto peligro para el buen negocio de la facilidad y de los lugares comunes que tanto abundan”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La obra de Sánchez enciende las futuras rivalidades. Trabaja en contra del consenso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cuchitriles de las novelas de Néstor Sánchez aparecen por sacudones, en ráfagas, a libro abierto como quien dice “yo leo a libro abierto”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una cita: -Su Lista de Rechazos -(para ir al núcleo de eso que Sánchez empezaba a intuir de la transmisión y sus problemas): “primer monólogo en la ciudad de Santa Fe, frente a un auditorio sobrecogedoramente universitario que, según comprobara casi de inmediato, esperaba escuchar exactamente lo contrario de lo que yo me proponía transmitirle”. Este artículo de Sánchez está fechado en diciembre de 1971. En ese primer encuentro como escriba -él mismo se llama escriba- verifica la ausencia de “lenguaje común” : o sea se transmite buscando consenso o se asume esa ausencia de lenguaje común, se admite la experiencia de la soledad por decantación y rechazo y sin garantías: aún a riesgo de hacer reír a todo el mundo y sólo ahí, en esa soledad, aparece la necesidad de la experiencia poética: Sánchez ese día quiso transmitir eso: y sus rechazos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No ficcionar para ilustrar una tesis o por ficcionar en sí&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No admitir la puerilidad del compromiso&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni las convenciones del ‘escriba dios’”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para Sánchez todavía se trataba de conquistar el silencio por la vía de la experiencia poética.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Admitió para él esta frase de Artaud: “estoy, por debajo de mí mismo, lo sé, lo padezco”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rechaza: “Uno: hacerse divulgador por escrito, o titular de una cátedra amenazada por el sentimiento inmediato del porvenir y por el tedio que implica toda convención hombre-que-supuestamente-sabe frente a hombre-que-supuestamente-escucha-o-lee”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sánchez no está por el hombre que tiene que calificar para leer o escribir: leer o escribir para Sánchez es ir hacia “un acto sin garantías posibles de tranquilidad”. Y lo aniquilaron: ¿por este desacato? Sí. La obra de Néstor Sánchez es la del artista en desacato. Esa palabra es clave en su poética. Es el escritor en desacato con el escritor patentado. Lo aniquilaron: como lo aniquiló a Leon Bloy ese crítico del Figaro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Víctor Sklovski: “Amo cuando un hombre no entiende lo que escribe, cuando escribe como al azar, amo a los navíos extraviados que descubren continentes y les dan nombres inexactos. Atraviesan los mares verdes de algas, trazan en esos mares un camino y esas aguas calientes e inmóviles levantan los vientos”. (Carta a Iuri Tynianov de febrero del 34)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para él: “un poema hace las reglas de su lectura a medida que uno avanza, y esas reglas se modifican a medida que uno avanza”. (Henri Meschonnic)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo nuevo en poesía, para Sánchez, está en “la materialidad rítmica del lenguaje” y esto nuevo no debe confundirse con la novedad de la estética – ese facilismo – no: lo nuevo es la invención o en palabras de él: “aventura humana en primera audición, cierto enfrentarse cada vez (puse énfasis en la frase) a ese terror si se quiere inefable de lo que no puede corroborarse ni siquiera valiéndose del colmo de un hambre común en nuestros días: la información fulmínea (una pausa) y al alcance de la mano”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vía posible: Sánchez tacha, apenas, para revisar después, quizá, si se reedita este artículo en un libro, una frase en la que está citado Beckett: una referencia más o menos constante: él decía: ese batacazo de Beckett, Godot, que lo dejó seguir –. Tacha en grilla, para que se lea : “En este punto de inercia fue cuando se produjo parte de algo que todavía no entiendo bien: Samuel Beckett: a pesar de su fealdad y de su aislamiento se refiere en alguna parte al viejo asunto del tedio total y la costumbre, ese mismo tedio de vivir y de escribir) al que uno puede considerar el más tolerable de los males humanos a causa de ser el más permanente”. Queda esta frase, casi un aforismo, ahí, colgada en el espacio: “Qué relación encontré entre la ausencia de un lenguaje común y el tedio de Proust, entre la imposibilidad manifiesta de monólogo y mi vida actual?” Y lo pone blanco sobre negro: “Sin embargo lo único que me interesa es que me sirvió para no desistir”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salir, escapar de ese “tufo a lo didáctico”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esos días Néstor Sánchez todavía tiene esa épica que lo hace seguir. Ese no puedo pero debo en el que Beckett insiste de mil maneras posibles todavía no lo abandonó a Sánchez. En Beckett se fracasa: no se puede decir pero hay muchas maneras de no llegar a decir esa cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sánchez también llegó a esta síntesis beckettiana: “El hecho de saber que el arte siempre ha sido burgués tiene en definitiva poco interés”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sartre fue su bestia negra: por un tiempo: de ahí ese categórico “no admitir la posibilidad del compromiso”. Pavese su amor. Y Kerouac su libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“En mi caso hay una limitación muy grande de aparato narrativo a todas esas cosas”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para Sánchez Buenos Aires: “Sobre todo en una ciudad como ésta que es devoradora de visión”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sánchez: “Tomé fuente inspiradora en el objetivismo francés, que es la limitación de los poderes personales del autor para contar una historia. Y el surrealismo y la “beat generation” de EEUU, que fueron los valores máximos de la época en me tocó escribir”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el jazz: “Sí, por supuesto. Ahí está la improvisación, también se improvisa sobre un tema dado, se lo fractura. De ahí Siberia Blues que son improvisaciones sobre un barrio de Buenos Aires”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuerpo de escritor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poema contra filosofía. Enemigos del poema: la filosofía, la poesía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Joyce: libro de cabecera: capítulo de las preguntas y respuestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sánchez: “No manejo ideas, sino que manejo imágenes que fluyen en mí si hay disponibilidad frente a la página en blanco. Veo, no pienso”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En disponibilidad de poema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jazz: Charlie Parker - John Coltrane - Albert Ayler.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aníbal Troilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conciencia de saberse resistido. La novela por TE: “no hay que contar nada que pueda contarse por TE”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lumpen (para Sánchez): “el que tiene la conducta como oración”. Personajes lumpen: Charlie Parker. Troilo y si lo apuran Dillinger.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas de sus premisas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El tedio que implica toda convención hombre-que-supuestamente-escucha-o-lee”. (Sobre otro monólogo)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La lectura, como discernimiento y la escritura como conocimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuaderno de notas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los libros de predilección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La educación del gusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inmoralidad de la expresión fácil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entrenamiento de la lectura en voz alta: aprender a leer: (tono, ritmo, cadencia, la voz propia).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O sea: todo tendría que tender a voz propia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La traducción es el lenguaje ajeno”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Néstor Sánchez: “Orsini es una manera frontal, el marginado en estado de gracia. Sabe que el dinero es usura e infamia y que un mundo que lo venera como al dios único no puede hacer otra cosa que caer en la crueldad”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La escritura poemática, una vez conquistada como voz propia, ya nunca más podrá resignarse al discurso intelectual, prosaico. Más que un logro personal, es una ley que se revela”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sánchez va a su último libro con una sensación de imposibilidad de transmitir: el habla de “resonancia apaciguada del otro aspecto de mi aventura individual”. Ya pasó por la caminata deambulada hacia la búsqueda de sentido, el trabajo tenaz y obstinado a coscorrón en la experiencia mística con el consecuente abandono de la escritura, fracaso de esa experiencia y vuelta a la literatura: La condición efímera: “Conquista del estado de pregunta”. Toda la literatura de Néstor Sánchez se rebela contra la solemnidad. Contra los moldes de comodidad interpretativa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sánchez no fue al colegio: escribía lo que escribía: es casi piadoso, casi conmueve ese trabajador del viejo y gastado clero que le sigue buscando el pelo en el huevo, le hace ficha, le levanta antecedentes: lo quiere ver ceder, busca pruebas para condenarlo: ¿a qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sánchez no sirve para ilustrar: es peligroso para la “nueva familia de la marginalidad cultural”, ese animal social aprendió a clasificar: no perdona a los réprobos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sánchez poeta del desacato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue en un café perdido perdido: un rato en ese café olvidado de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se hizo posta: a café, a sábado de otoño, a toque entre lo divino y lo sagrado, a peloteo cómico metafísico: me llevo a remolque voz que se va a poema: una forma de vivir: siempre a banda: la alegría de mendigo celeste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sánchez tenía “un oído irreprochable”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es la primera vez que veo que se persigue a alguien por sus méritos. O se los atribuyen a otro, como hicieron con Biély. Los que saben André Biély sabrán algún día Néstor Sánchez y saben quién dijo lo mejor sobre Biély y mostró cómo lo persiguieron y saben que Irina Bogdachevski lo traduce.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si no entendían la letra, Sánchez los mandaba beronianamente a consultar el Alma que canta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sánchez caminaba de Lacroze a Cabildo como por el piso de un salón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La crónica poética de Néstor Sánchez va a sonido: los que ya no van a escuchar gurúes filosóficos encontrarán aquí una manera de saber algo de la vida unida al tiempo que pasa, a la felicidad de la vagancia, al amor que se desliza por los dedos, a los caminos que llevan a perdición, a la mirada de cadencia, a la respuesta discreta, a la risa elotiana, a lo Ismael en cada hijo de vecino, a mate cebado, a rincón oscuro, a irse, a ninguna historia que contar, a historias: todos los ojos para leer en esas briznas de líneas que escucho a saco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poner el oído en salto mata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cuando la Historia con esa cabeza repugnante nos empezó a invadir, la escuchamos zumbona, puso al poema en la línea de fuego, nos excomulgó, nos puso a trabajo forzado, ahora nos enseña a ganar plata, nos insulta con los pesos pesados de la filosofía, esa maldición escolar nos busca debajo de la cama, nos quieren hacer contar una historia, nos desabotonan la memoria, se la reescriben, excomulgan a los díscolos, por la Historia ellos van a buena reputación, a farsa rentada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contar con el lector imposible y soltar el lastre de lo que se sabe de antemano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A épica de tango, a épica de jazz, a épica de desasosiego. Ir a poesía. Como Santana iba a fomento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dije pescador de líneas: agrego: pescador de momentos: la línea y el momento: fijas: pero a veces a perdedor. Y siempre a ganador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mala reputación viene de la ponzoña de los que tienen la mano atada: el murmullo sanchístico expandía el tono misterioso, delicado, el acorde vivo y momentáneo. No enseñaba nada, no comunicaba nada, no clasificaba nada. De lo sagrado a lo divino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay una risa Sánchez: es explosión a irreverencia, es una mano a rostro, es a ronda de café, a código sabatino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y estuve ese día junto a Mariano Fiszman: y Néstor Sánchez contó la épica de Cómico de la Lengua en Barcelona, la conquista de cada capítulo, círculos de lápiz rojo, flecha al pasado, todo el adentro lento desplegado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La burocracia crítica no sabe dónde ponerlo: sanciona silencio: queda como cogote de gallina pasado a hornalla, religiosa, y social, finalmente el pelo de un tío o la caca de paloma se le escurre de entre las manos o se desorienta con el andante desviado: la tacada Sánchez es rápida, adhesión extrema o pasar a otra cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo corría Horacio Ciaffardini. Así se puede leer Sánchez. Si quieren referencias. Así cantaba Raúl Berón si quieren más. Así tocaba Albert Ayler si quieren que el poema vaya a aliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Compro la revista Noticias y hay una entrevista a Sánchez: 23 de septiembre del 2000: Sánchez sentado entre una heladera y una pava: “¿A quién admira?” Respuesta: “A Joyce. Siempre lo mismo”. Remate: “Mi escritura siempre se inventó a sí misma. Hubo bastante improvisación”. Otra foto de Néstor Sánchez en campera encendiendo un cigarrillo. Un amigo, Gabriel Fernández, me pasa la reseña de Primera Plana –18 de abril de 1967– a Siberia Blues: eran tiempos en que los reseñistas se maravillaban ante la puntuación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro recorte: Primera Plana: sección Señoras y señores: Título: “Varados – Llegó a Buenos Aires hace seis meses, enarboló un centelleante saxo-soprano y, con un par de acordes que dejó chorrear en el aire, como un reguero de oro, conquistó al público de la salita de Artes y Ciencias, en la calle Maipú. Un público que, lamentablemente, reveló ser mucho menor de lo que STEVE LACY (34) había calculado cuando arribó a la Argentina para someterse a las estipulaciones de un contrato no demasiado favorable, que había promovido la mujer del trompetista de su cuarteto, Enrico Rava. De modo que pese a las excelencias de Lacy (discípulo y colaborador de Ornette Coleman, y también de Thelonious Monk, aclamado por sus discos y participación en festivales europeos), la suerte no le ha sonreído en la Argentina. Al punto que está pensando seriamente en ser repatriado por la Embajada de su país, los Estados Unidos; pero surgen problemas para la repatriación de su mujer, del trompetista y del baterista y el contrabajista, ambos negros sudafricanos. La situación es desesperada, y lo peor es que se esfuman las posibilidades de cumplir los contratos que, a partir de noviembre, tenía pendientes en USA el apóstol del free jazz”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esa estadía Steve Lacy vivió en la casa de Néstor Sánchez. Así era ese mundo, así eran esas almas: eran las mejores: no eran ninguna corriente: eran poetas en la vida real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro recorte, en Radar libros del 29 de octubre del 2001: Néstor Sánchez: “El jazz alienta la emoción, convoca ganas de vivir, hurga en la rajadura de la tela”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Steve Lacy se deschavó: se embuchaba dos botellas de ginebra por día, le dijo a Sánchez que cuando hacía heroína se miraba durante doce horas la cutícula. Acá se quedó en banda. Néstor Sánchez se fue a banda en París: (está en la conversación con Claudio Sánchez)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Néstor Sánchez: “Carlos Riccardo intuye, creo, la influencia decisiva que tuvo en mí la ética-estética del jazz de improvisación. Los grandes músicos de jazz tuvieron, a su modo, el horror de los moldes de facilidad. Siberia Blues (el mito tribal lumpen) presentaba todos los atributos para transformarse en un fresco naturalista con tentación de realismo testimonial. Al tratarlo como una improvisación sobre un tema dado, conquisté el tono requerido, conquisté su marginalidad”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mariani: “Mucho antes había comenzado mi amistad con Néstor Sánchez, él escribía escuchando siempre algún disco de jazz, escribía y de fondo estaba Coltrane. Varias veces llegué a su casa y parecía drogado, absorbido por la escritura. Era una cuestión de ritmo. A él le debo la publicación de mis 7 historias bochornosas en Sudamericana. Creo que Sánchez llegó al corazón de la literatura, una obra donde no hay casi personajes, ni historias evidentes. La obra de Sánchez es una metáfora sobre la incomunicación, la ansiedad de sobrevivir y también sobre la muerte. Por ello llamó Siberia al área donde había nacido, Villa Pueyrredón, esa soledad en medio de la ciudad”. (18 de enero del 2004)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge Asís: “Su prosa era un encanto: luminosa, soberbia, perfecta”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Néstor Sánchez es irreal, y no le pongo comillas, tan irreal como cuando en el bar La Ópera habló de Orsinis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Orsinis es aceite sobre el fuego. Sánchez lo escribió pidiéndole lo imposible a la voz, y además, diga lo que diga, ahí ya se fue a free.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ir a página: despojado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribió Siberia Blues, escribió “Diario de Manhattan”, vio al “ángel tuerto”, al que sospechaba de subvencionar amigos, no escribió novelas por encargo, fue a tango, fue a jazz, toda su obra es una gran tratamiento del odio: “El odio es inconcebible. Se necesita una enorme pobreza para odiar”, buscó el rigor terminantísimo, reverenció Ángel subterráneo, resaltó esta línea del tango Garras: “Busco desolado tu calor, y aquí no estás”, pescador de líneas, voz y contra voz en esas líneas de Sánchez, citadas sanchísticamente, líneas de lo imprevisible, línea a estado de gracia, a baile, línea a turf, voz a ínfimo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Hugo Savino&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;a href="mailto:hugosavino@hotmail.com"&gt;hugosavino@hotmail.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-6138841026201053180?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/6138841026201053180/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/nestor-sanchez-un-retrato.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/6138841026201053180'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/6138841026201053180'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/nestor-sanchez-un-retrato.html' title='NÉSTOR SÁNCHEZ : UN RETRATO, por Hugo Savino'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-6744369246131676241</id><published>2009-05-09T01:19:00.000-07:00</published><updated>2009-06-02T10:22:21.353-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVfszMg1eI/AAAAAAAAAJQ/k5NuEbsF26I/s1600-h/nestor_7.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5342781756206536162" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 38px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVfszMg1eI/AAAAAAAAAJQ/k5NuEbsF26I/s400/nestor_7.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-6744369246131676241?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/6744369246131676241'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/6744369246131676241'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/blog-post_09.html' title=''/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVfszMg1eI/AAAAAAAAAJQ/k5NuEbsF26I/s72-c/nestor_7.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-8180708682066073461</id><published>2009-05-08T10:22:00.000-07:00</published><updated>2009-06-03T06:52:40.153-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Volonteri'/><title type='text'>EL AMOR, NOSOTROS Y LA MUERTE, por Mónica Volontieri</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;A Néstor Sánchez, el desasitiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé muy bien, o mejor será decir, no recuerdo si Néstor me trataba de tú o de vos. En rigor, hay muchas cosas que se me han ido borrando, como la última vez que lo vi o el lugar exacto de ese bar en Chacarita donde nos juntábamos algunas tardes de domingo, durante el 90, a conversar amenamente sobre el suicidio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé muy bien en qué lugar está Néstor, si en el corazón, en la ficción, en el saber literario o en la niebla dolorosa en que se me ha convertido Buenos Aires. Lo cierto es que está, como se diría en el Caribe hispano, desasitiado. Su recuerdo no tiene ya lugar y menos aún tiempo, pero sin duda existe. Existe de manera persistente como la muerte de Pavese o la de todos nosotros o la que planificó Néstor varias veces esos domingos de bar en Chacarita con cortado, cigarrillo, tos y el muro del cementerio como escenografía obvia de un folletín existencialista tan propio de nosotros o de ustedes. También me confundo con los pronombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue por recomendación de Pablo Ingberg que lo llamé para unirme a su grupo de taller literario. Me citó en la Ópera, el público local no necesita referencias. Tampoco sé cómo nos reconocimos pero él pidió café y yo leche batida con crema. Él estaba derrotado, era alto, oscuro, barítono, encantador, soberbio e inmensamente cruel con mis palabras, que a los veinticinco años son parte de la carne. Yo, en cambio, era una inconsciente y estaba al límite de lo imposible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo recordar, ahora que escribo en esta desgastada libreta de notas (por consejo de él), que me dijo, con una sintaxis inédita y una semántica de otra dimensión, que me aceptaba en su taller, que mis textos servían como inicio del inicio, que todo era vanidad y apacentar vientos, que era vergonzoso que no conociera a tantos autores que ya olvidé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creí encontrar un maestro y no me equivoqué. Néstor no me enseñó a escribir, sino a desescribir. Después o ahora: escribo. Sin embargo, lo que realmente me brindó Néstor, sin saberlo, fue la posibilidad de percibir el borde que atormenta a los sobrevivientes. La línea de dolor que separa al suicida del mandato de vivir y el deseo de matarse. Me explico, porque me reconozco como su aprendiz, pero –sin duda– prefiero ser clara y transitar la anécdota o la vida, que son casi lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, me acerco a donde quiero llegar, y es aquí mismo, Subte B, estación Chacarita, año 90, primavera porque me gusta. Bar sobre Lacroze de la mano de la terminal de una línea de trenes que ya ni sé de dónde viene. Las vías, sin duda, se unen en el infinito porque son ejemplos perfectos de líneas paralelas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Repito: café, cigarrillo, tos y tema el suicidio. Néstor habla, yo escucho. Dice sobre las diferentes opciones como pastillas, saltar al vacío y así por el estilo. Yo escucho sin pasión, no me alarmo, aprendo a no ser catequista de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después me voy a Manhattan y confirmo su certeza que no puedo citar porque alguien se quedó con mi ejemplar de la Condición efímera y eso me duele mucho más que su ausencia de muerto. Su persistencia de vivo me dolía de pura empatía. De verdad, deseaba que se hubiese atrevido a suicidarse. En cambio el que se pegó un tiro fue mi padre, una mañana de mayo en el año 91, allá muy lejos de Chacarita, de Manhattan y Siberia Blues, en Viedma, Río Negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces lloré como lo hacen las hijas de los padres suicidas y le agradecí a Néstor Sánchez que me haya regalado la palabra, no la poética, sino la verdadera, esa que toca el costado de la realidad, que todos sabemos que no existe. Néstor me brindó la posibilidad que casi nadie tiene, hablar con el que se va a ejecutar a sí mismo y entender sus desasosiegos. Y en este caso en particular es evidente la relación entre el padre y el maestro: misma edad, hombres, bailarines de tango. Es suficiente para convencer a cualquier psicoanalista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después, ya no habló más de la muerte, me escribía cartas con una caligrafía pésima, lo llamaba por teléfono y lo visitaba cuando iba a Buenos Aires. Solía decirme que debía convertirme en una viejita sabia. Ojalá. Y la verdad es que aún le tengo un inmenso cariño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me consta que intentara acercarse a la vida. Yo, por mi parte, lo convertí en detective privado de la novela que aún no puedo escribir: El gran ginecólogo de la Patagonia. Ronda el suicidio de un padre y el detective se llama igual que Néstor: Néstor Sánchez, es puertorriqueño, tiene su oficina en 42nd. y Broadway, una secretaria colombiana y un trabajo: seguir las certezas de una hija que tiene pruebas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Néstor, el verdadero, me contó que destruyó una novela en París, que se casó muchas veces, que hay que encontrar un estado de sinceridad irremisible, que cuando el texto se le entorpecía de musicalidad, copiaba nombres de la guía telefónica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Néstor Sánchez, finalmente, se murió, me enteré en el fin del mundo. Estaba en Dinamarca y me quedé desasitiada, igual que él, entre el amor y la muerte. El nosotros es un recurso desesperado de la gramática para espantar la soledad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santo Domingo, 16 de abril, 2007&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Mónica Volontieri&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-8180708682066073461?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/8180708682066073461/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/el-amor-nosotros-y-la-muerte.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/8180708682066073461'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/8180708682066073461'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/el-amor-nosotros-y-la-muerte.html' title='EL AMOR, NOSOTROS Y LA MUERTE, por Mónica Volontieri'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-2236105545912933703</id><published>2009-05-08T08:28:00.000-07:00</published><updated>2009-06-02T10:29:28.272-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_S6Q2Vc1lLvE/SiVhWWlGlcI/AAAAAAAAAJY/vhhs5u7C9Bo/s1600-h/nestor_4.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5342783569591178690" style="DISPLAY: block; 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Por entonces estaba por aparecer su tercera novela, &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;El amhor, los Orsinis y la muerte&lt;/i&gt;,&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt; &lt;/i&gt;y su nombre, impulsado con gran entusiasmo por Julio Cortázar, comenzaba a ser frecuente en el mundillo literario. Sin embargo Néstor Sánchez renunció a estas módicas pompas para iniciar un periplo que lo condujo de Iowa a Nueva York y Nueva Orleans, de allí a Caracas, luego a Barcelona, después a París, y por fin nuevamente a Nueva York, pasando por San Francisco y Los Ángeles. En París y Nueva York transcurrieron nada menos que 15 años de una existencia que a Sánchez le resulta insoportablemente corta. En su breve estancia barcelonesa escribió su cuarta y &lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;―&lt;/span&gt;hasta ahora&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;―&lt;/span&gt; última novela, &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Cómico de la lengua&lt;/i&gt;, que pronto será publicada en Buenos Aires (las anteriores, además de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;El amhor&lt;/i&gt;... fueron &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Nosotros dos&lt;/i&gt; y &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Siberia blues&lt;/i&gt;.)&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Su ausencia se dilató tanto como la de cierto general que, según Sánchez, tuvo el dudoso mérito de lograr que los argentinos nos bajáramos los pantalones. Durante la mayor parte de su ostracismo Sánchez renunció a escribir, consagrándose a las enseñanzas esotéricas del caucásico Geroge Ivanovich Gurdjieff. En Estados Unidos pasó de la costa Este a la Oeste viviendo a veces como un vagabundo: “Aprendí a subsistir con dos dólares por día, durmiendo en cualquier sitio y haciendo dinero mínimo para mis gastos de cualquier manera”. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Tuvo varias parejas, aunque dice que fueron “comentarios más o menos felices de la que me estaba destinada que nunca llegó, váyase a saber en qué punto se torcieron nuestras sendas”. Casi no reconoce a Buenos Aires, una ciudad que apenas ha dejado espacio para que se eduquen lúmpenes que hagan culto de su conducta.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Sánchez, que nos habló de sus ansias de colaborar en el fermento de un movimiento literario que combata “la murga del facilismo” en la que se ve embarcados a la mayor parte de los escritores y lectores argentinos, dice que volverá a publicar y se duele por haber dejado de creer en la posibilidad de llegar sano a los 200 años y tener una tercera dentición: “Toda mi vida es ahora una lucha contra la estafa biológica.”&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;–&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;¿Qué es lo lumpen? ¿Qué relación hay entre lo lumpen y la jerarquía?&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– &lt;/span&gt;Mucha, porque el lumpen tiene como oración la conducta. Por eso, porque tiene conducta, difícilmente entra en el pacto biológico, difícilmente procree y se deje arrastrar por la murga.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;–&lt;/span&gt;¿Qué tipo de lumpen eras vos en Buenos Aires antes de irte?&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– &lt;/span&gt;Hasta los 19 y desde los 14 fui bailarín de tango y turfista. Esta era una ciudad que educaba, que tenía una enorme cantidad de exigencias de conducta.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– &lt;/span&gt;¿Cuáles, por ejemplo?&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;–&lt;/span&gt; De ser rápido, de ser vivo, pero no como ahora cuando se trata de ser “vivo” a expensas de otro, se trataba de estar siempre atento a los demás y al propio cuerpo: de no ser marmota. Durante mucho tiempo lo peor que se le podía decir en la cara a un porteño era “no sea pavote”. Y lo peor que se podía decir de alguien ausente era “no tiene conducta”.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– &lt;/span&gt;La conducta, la jerarquía, sigo sin entender cómo se relacionan exactamente con lo lumpen...&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;–&lt;/span&gt; El logro más importante al que un muchacho podía aspirar era a tener una conducta propia, forjada a través del aprendizaje con quien sabía más que él. Por eso para ser “ladero” de quien se admiraba era preciso ser estricto y riguroso. Sus enseñanzas sólo se podían pagar con una cosa: conducta. Con una conducta que pudiera llegar a iluminarse. ”La conducta iluminada” podría ser&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;un buen título, por ejemplo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– &lt;/span&gt;Tu defensa a ultranza de lo lumpen, de sus códigos cerrados ¿no puede ser una coartada para el inmovilismo. Incluso para la reacción?&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;–&lt;/span&gt; Creo que no. Hay una exigencia para el lumpen: la de no transigir con el facilismo, la de la seguir avanzando en su ruptura. Claro que hay quienes no lo hacen y caen en la autocomplacencia, pero me parece que es mucho peor quedar encerrado en la isla de la carne...&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– &lt;/span&gt;La isla... &lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– &lt;/span&gt;De la carne. ¿Cuál es el mundo para un hombre? Su familia, el que forma con su pareja. A lo sumo en el caso que la rompa, se añade al punto de vista que aporta su nueva mujer. Y, si transige con el pacto biológico, sus hijos. Y ahí se acabó todo. En &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;El amhor&lt;/i&gt;... contrapongo lo lumpen a lo encásico, aquello propio de quienes constituyen su radio psicológico en los límites del egoísmo doméstico. Su cosmovisión del mundo no tiene otros parámetros y es tremendamente limitada. Así hay una literatura encásica y otra lumpen, una música encásica y otra lumpen. Por un lado va la murga y por el otro lo &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;underground&lt;/i&gt;, la vanguardia.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– &lt;/span&gt;¿Quedan lúmpenes en Buenos Aires?&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;–&lt;/span&gt; Y... algunos quedan, pero lo tienen muy mal, ya no hay casi escuela, fijate que ni siquiera queda lugar para los turfistas, antes se esperaba toda la semana a que llegara el domingo, ahora hay carreras casi todos los días. Lo que casi equivale a que no las haya nunca. En turf el insulto más corriente era “usted parece un hincha de fútbol”. Es decir un encásico, alguien que no se arriesga, que no pone nada de sí, que simplemente es espectador. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– &lt;/span&gt;¿Cómo llegaste a comulgar con las enseñanzas de Gurdjieff?&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;–&lt;/span&gt; Leyendo obras de su discípulo ruso, Ouspensky. Lo leí en Buenos Aires y viajé a Chile y Perú antes de marcharme a Estados Unidos. Buscaba conectarme con sus discípulos. No me entendí con ellos y recién después, en París, pude adentrarme en su Trabajo. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– &lt;/span&gt;¿El trabajo de quién?&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;–&lt;/span&gt; De Gurdjieff. Es una enseñanza, no el título de un libro. Una enseñanza esotérica que el introdujo en Occidente. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– &lt;/span&gt;¿Y en qué consiste, si se puede saber?&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;–&lt;/span&gt; Se puede pero es muy complicado, es una enseñanza muy vasta.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– &lt;/span&gt;En líneas generales aunque sea. No creo que muchos lectores sepan de qué se trata...&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;–&lt;/span&gt; El monje trabaja sobre las emociones, el fakir sobre el cuerpo y el yogui sobre la mente. Gurdjieff unificó estos tres caminos tradicionales en el cuarto camino, que debe cumplirse en la vida, no en el retiro y en la soledad. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– &lt;/span&gt;Gurdjieff concedió mucha importancia al sexo ¿no? Y vos también: ¿Cuántas parejas tuviste?&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;–&lt;/span&gt; Tuve muchas, pero las que importan son cuatro. De todas maneras no fueron más que comentarios, buenos comentarios de la mujer que nunca encontré. Gurdjieff decía que el hombre no está completo hasta que encuentra a la mujer que es para él. Váyase a saber dónde nos desviamos, pero el caso es que no nos encontramos. Con las mujeres que tuve no fue fácil, claro, ellas tenían la obligación de reemplazarla. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– &lt;/span&gt;¿Por qué dejaste de escribir?&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– &lt;/span&gt;Porque cuando se tiene una revelación tan plena como la que yo tuve, uno se da cuenta que escribir es un acto de orgullo. Dejé de escribir porque me encontré frente a un conocimiento sagrado que requería una humildad inédita.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;–&lt;/span&gt;Pero en el boom estaba Cortázar, tu amigo...&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;–&lt;/span&gt; No. A él lo metieron, que no es lo mismo. Lo usaron, se aprovecharon de su renombre. Cortázar casi no ganó dinero con el boom. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– &lt;/span&gt;¿Cómo fue tu relación con él?&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;–&lt;/span&gt; De mucho afecto. Julio era un solitario y sin embargo nos vimos con mucha frecuencia durante los ocho años que pasé en París. Lo volví a ver incluso una vez más, poco antes de su muerte, en Los Ángeles. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– &lt;/span&gt;¿Por qué rechazás tan tajantemente el boom?&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;–&lt;/span&gt; Porque fue un invento de la revista &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Primera Plana&lt;/i&gt; y de una editorial. Vendieron como si fuera la mejor una literatura superficial, inaugurando el camino del facilismo. Fue el momento más bajo de una lengua. &lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– ¿Cuáles fueron tus aspiraciones? &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– Mis aspiraciones... no sé: me revuelvo contra la estafa biológica que supone que el cuerpo defeccione cuando uno apenas está entrando en una cierta madurez psicológica. Creí durante mucho tiempo que podría existir una disyuntiva inédita para el drama de la brevedad de la vida: que si lograba la calidad y cantidad de impresiones requeridas, quizá viviría muchos, muchos años. Tal vez tratase de merecerlo, de pagar el precio requerido. Confié incluso en una tercera dentición. Es muy difícil resignarse a la nada. La vida es groseramente corta y se pasa más rápido todavía cuando uno viaja y vive al borde del peligro, tal como recordaba Gurdjieff. Espero saber qué es exactamente lo que tengo que hacer. Hace ya mucho tiempo que tengo claro que debo volver a escribir, pero aún no sé exactamente qué. Tiene que ser algo distinto, que refleje estos 18 años tan ricos en experiencias. Estoy buscando, escribiendo relatos... y cada vez más convencido de que el conjunto aportará una clave de sentido. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– ¿Cuál es la relación que ves entre política y literatura?&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– Un monumental equívoco. La literatura tiene que ver con la ideología sólo en lo general, jamás en sus instrumentaciones parciales. La narrativa y la poesía tienen una esencia única: el ritmo de una lengua. Eso es lo único que cuenta: tener voz propia. El fenómeno que nutre a la literatura es la resonancia, no la comunicación, como pretenden casi todos los críticos. Sé que me dirijo a un lector difícil. No hay muchos así, que simpaticen por resonancia. Se trata necesariamente de un lector entrenado... Pero presiento que habrá una reacción que revierta la tendencia actual, que pretende sólo entretener y confirmar esquemas. La verdadera escritura es un estado permanente de pregunta. Me asusta la presión de cierto tipo de lectores, producto de esta misma tendencia: sólo quieren lo que no los contradice en nada...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;– Por lo que decís, supongo cuál será tu opinión del periodismo...&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;– Antes, los que seguían el camino lumpen tenían las cosas muy claras. El código del escritor lumpen, del poeta, era sencillo: 1) No hacer la carrera literaria, 2) No ganar ningún premio nacional, 3) No hacer periodismo y, 4) No hacer publicidad. Siempre fue así hasta que la crisis económica trastocó todo, permitiendo que los facilistas se adueñaran del corazón y la mente de los lectores como si el corazón y la mente fueran sólo un mercado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style=""&gt; Entrevista de Juan José Salinas.&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;Publicada en la revista &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Cerdos y peces&lt;/span&gt;, en mayo de 1987.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;   &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-;font-family:Calibri;" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="ListParagraph"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-4816218493332187038?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/4816218493332187038/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2011/08/para-ser-lumpen-hay-que-tener-conducta.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/4816218493332187038'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/4816218493332187038'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2011/08/para-ser-lumpen-hay-que-tener-conducta.html' title='PARA SER LUMPEN HAY QUE TENER CONDUCTA'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-5152748820240818086</id><published>2009-05-05T11:00:00.000-07:00</published><updated>2009-07-09T09:24:55.811-07:00</updated><title type='text'>LA YAPA 1, entrevista de L. Ortiz</title><content type='html'>&lt;a href="http://webs.satlink.com/usuarios/s/spmseu/elum.gif"&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;EL SOBREVIVIENTE DE SÍ MISMO&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Reportaje de Lautaro Ortiz, diario Página 12, año 2001.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Néstor Sánchez (1935) parece haberse convertido por propia iniciativa en el más secreto de los escritores argentinos, al punto que, alguna vez, sus amigos lo homenajearon porque creyeron que había muerto. Próximamente será reeditada su novela Cómico de la lengua (1973) y Radarlibros quiso hablar con él de ese libro y de su lugar en la literatura argentina..&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El hombre permanece sentado en la oscuridad de la cocina; prende un cigarrillo y de pronto confiesa: “Yo creía que podía vivir 300 años. Hoy supongo que da lo mismo”. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La voz pertenece a Néstor Sánchez (1935), el novelista, el poeta, el traductor, el bailarín profesional de tango, el místico, el escritor que fue dado por muerto por sus seguidores, el hombre que finalmente abandonó todo. “Sí. Yo decidí terminar con todo. Siento que se terminó la épica y dejé de escribir. En realidad, cuando yo escribía, mi vida tenía otra riqueza que fue perdiendo. Ahora me quedé sin nada: es la vejez. Siempre escribí en relación conmigo mismo, en relación con un estado de sinceridad irremediable. Le repito, se me terminó la épica.”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Sánchez regresó al país en 1986, sin embargo sus dieciocho años de ausencia (repartidos entre Barcelona, París y Estados Unidos) sumergieron su obra en el olvido; hasta tal punto que su último libro de relatos La condición efímera (Sudamericana, 1988) pasó casi inadvertido. Hoy sólo unos pocos admiradores (“adhesiones extremas”, dice) lo visitan. Ante la próxima edición argentina de su última novela Cómico de la lengua (editada en España por Seix Barral en 1973), Sánchez se permite hablar de su vida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Sánchez fuma Particulares, toma mate y escucha tango a todo volumen, dentro de una casa que permanece totalmente cerrada, como todos los días desde su regreso a Villa Pueyrredón, barrio de su infancia. Antes de empezar a hablar, camina de un extremo a otro de la pequeña cocina. Cada paso que da puede sentirse como un recuerdo: el baile, Julio Cortázar, el jazz, las mujeres, el boom latinoamericano, el cine, Gallimard, Castaneda, Gurdjieff, Estados Unidos, París, Barcelona. “Me cuesta creer todo lo que he vivido.”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¿Es cierto que usted fue profesor de tango?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–No. Yo bailé tango profesionalmente, nunca enseñé. En 1955 tuve un conjunto con Juan Carlos Copes, yo tenía unos veinte años. Todo empezó cuando estaba en el colegio secundario, y un día me asomé a un baile multitudinario en el Club Atlanta. Me pareció mentira la cantidad de gente que había, lo que se bailaba y cómo se bailaba. Entonces aprendí a bailar por mi cuenta. Ahí lo conocí a Copes, que era de mi barrio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¿Y cuándo llegó la literatura?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–Siempre estuvo. Pero un día opté por la literatura y dejé todo, cambié de vida radicalmente. Fue una época en que me separé de mi mujer y me casé de nuevo. Mis amigos eran todos poetas: Siccardi, Bayley, Madariaga y Molina. Esas amistades eran una confirmación. Entonces me dediqué a leer mucho: yo fui un buen lector de poesía, más que de novelas. Pero como el poema nunca se me dio, opté por una escritura poemática. Es que a mí me interesó siempre la novela que se vincula con la poesía. Lo demás no me interesa; digo, la novela como historia no me interesa. Hoy por hoy, sólo se escribe y se lee ese tipo de literatura. Será por eso también que no soy muy leído.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Usted cree que su obra no ha sido bien leída.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–Hay algo de eso. Mi obra no fue entendida. De hecho, Cómico de la lengua nunca se editó en Buenos Aires.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¿Y por qué?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–No sé. Pasa que mi imagen como escritor es por lo general resistida y esto llega, aunque parezca mentira, al ámbito de las editoriales, donde aparezco como un raro de cierto peligro para el buen negocio de la facilidad y los lugares comunes que tanto abundan.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¿Tal vez su enfermedad colaboró con esa imagen de escritor raro?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–Puede ser. Pero ya estoy recuperado. Además, mi enfermedad es clave para entender mi obra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Historias de cronopios.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Sánchez guarda silencio. Espera. Vuelve a encender un cigarrillo. Apenas levanta la mirada cuando en la radio se escucha “me he quedado como un pájaro sin nido”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¿Cómo surgió su amistad con Cortázar?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–Mi amistad con Cortázar se inicia desde Buenos Aires. Yo le mandé los originales de Nosotros dos, mi primera novela, y él la recomendó para que se publicara en Sudamericana, y quedamos amigos. Después, en París, tuvimos un gran acercamiento. Nos veíamos con mucha frecuencia. Por aquellos años él estaba muy metido en política. Creo que era muy adolescente la actitud política de Cortázar, muy atrasada, le llegó tarde el marxismo..Dos años más tarde apareció Siberia Blues y luego El Amhor, los Orsinis y la Muerte. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¿Qué pasó después?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–Pasó que cuando corregía las pruebas de galera de Siberia sentí que se había terminado un proceso de vida, yo necesitaba abrir fronteras y hacer contacto con otras fuentes culturales. Entonces partí a Perú y Chile, pero tuve que regresar a Buenos Aires por mi mujer y ahí empecé a escribir El Amhor, los Orsinis y la Muerte. Cuando terminé, inmediatamente partí hacia Iowa, donde me habían otorgado una beca. Esa novela salió en Buenos Aires cuando yo ya estaba en Estados Unidos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Mucho se habló de esa novela, incluso se dijo que había sido escrita bajo el efecto de alguna droga.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–No. Pero sí es cierto que tuve una experiencia muy corta con marihuana que me marcó, fue una experiencia breve pero muy fuerte. Quizá un poco por imitación, ya que por aquellos años yo adhería a la Beat Generation y al surrealismo –mis grandes influencias además de Joyce–, que habían experimentado con drogas. Fue sólo una breve experiencia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¿Ya había hecho contacto con los grupos de Gurdjieff y Castaneda?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–Sólo con los grupos de Gurdjieff. En Perú me acerqué a ellos y luego aquí en Buenos Aires. Con la obra de Castaneda me encontré recién en Estados Unidos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¿Y después?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–Abandoné Iowa, la beca. No soportaba ese desierto, esa soledad espantosa. Me fui a Roma y ante la imposibilidad de ganarme la vida, una mañana, al amanecer, experimenté un inexplicable aleteo y opté, a pesar de mi asco creciente por el boom de la literatura latinoamericana, por tentar Barcelona. Solicité humildemente una traducción en Seix Barral y me contestaron con un montón de dinero como anticipo de la reedición allí de mis tres libros. Un pequeño milagro. Dije, mintiendo, que tenía una novela en marcha (ya no quería ni siquiera escribir) y me pagaron por mes, durante un año, lo que terminó siendo Cómico de la lengua. Medió bastante alcohol, desaliento total... Después salté a París y volvieron a producirse casi las mismas decepciones, la garrafal brevedad de la vida. En Gallimard, donde hacía informes de lecturas (y donde se publicaron mi primer y mi cuarto libro) me encontré una tarde otra vez con los libros de Castaneda, el mismo que yo había leído en Estados Unidos. Lo tomé sin ganas, pero lo leí en una tarde...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¿Conoció a Castaneda?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–No. Estuve en la Universidad donde él estuvo. Creo que murió hace poco, ¿no? En realidad yo le tengo un afecto profundo a don Juan Matus, el personaje, tal vez el más bello de toda la humanidad en su conjunto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¿Qué buscaba a través de las experiencias vividas con los grupos de Castaneda y Gurdjieff?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–Yo buscaba vivir más. Estaba convencido, en mi enfermedad, de que se podía vivir 300 años. Hoy supongo que da lo mismo. Gurdjieff fue una experiencia decisiva en mi vida. Siempre estaba la muerte como leitmotiv, me parecía mentira que la gente no se diera cuenta de que se iba a morir, eso me pasó siempre, entonces en todos mis libros hay una advertencia: la vigencia de la muerte. Ésa era la épica..El fin de la literatura.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Sánchez se sienta por primera vez durante la charla. Está cansado. Por la radio se escucha la voz de Floreal Ruiz. “Extrañé mucho el tango durante mi ausencia. Mi hermano me regaló una radio FM, hecho que ha posibilitado mi regreso a la música. La música, dicho sea de paso, siempre acompañó mi escritura y ahora me permite que algunos recuerdos sean menos penosos.” De los 18 años que pasó fuera del país, ocho los vivió como clochard en Estados Unidos, donde se ganaba la vida como podía. Durante su ausencia, sus seguidores lo creyeron muerto y realizaron un pequeño homenaje en su nombre. “Sí, muerto...”, y se ríe.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¿Qué halló al final de su experiencia límite, marginal, fuera del país?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–Viví catorce años dedicado por entero a lo que creía una experiencia iniciática y, ahora, recalado en esta fea ciudad, tengo que reconocer poco a poco que sólo estaba vinculado con mi inconsciente (a su enorme capacidad de generar conjeturas), y la esperanza intratable que entonces se generó ya carece de fundamento..&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¿No ha escrito nada después de La condición efímera? ¿Lo ha intentado al menos?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–A veces, por las tardes, cuando voy a un bar que está aquí cerca me permito pensar por un momento en la escritura y es evidente que aparece una leve onda de sosiego, es como si me fuera dado encontrar una épica en esta vida monótona que llevo. Es que nunca en mis libros inventé una historia. Todo ha sido en base a mi vida presente o pasada y esto ahora ya no puede ser. Me quedé sin épica. De todos modos pedí prestado algunas novelas célebres y las leo con la remota esperanza de que me motiven. Pero esas lecturas no hacen más que recordarme desde qué punto de vista escribí mis libros, es decir “en contra” de la novela tradicional, procurando que la prosa fuera nada más que una excusa para llegar a la poesía. El escritor parece siempre un Dios que todo lo sabe y que por lo tanto puede estar en la cabeza y en el corazón de sus personajes, después viene el diálogo y las descripciones del paisaje. A veces tengo una sospecha de Tema, pero no encaja en un ritmo y así giro en redondo sin tampoco la alegría que me deparaba el hecho de escribir. Le repito que no puedo inventar una historia y mucho menos manejarme con los elementos del suspenso que abundan hoy por hoy. Es aquí donde redescubro que me quedé sin épica y sin pasado personal como materia de vida que se transforme en lenguaje.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Los caballos, el jazz y Truffaut.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Hay en su obra una constante referencia a los juegos de apuestas, como la ruleta, el turf...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–Sobre todo el turf. En mis años mozos fui muy adepto al turf, cuando había carreras nada más que sábados y domingos. En ese mundo se manejaba un lenguaje muy especial, era muy distinto del de ahora, iba mucha gente y en las tribunas se hacía lo que se llama cátedra, se discutía mucho, se creaba con el lenguaje.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;También hay una constante referencia al lenguaje cinematográfico...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–Sí, yo siempre tuve la intención de dedicarme al cine, pero en este país era una aventura muy difícil. A mí me interesaban films como Disparen sobre el pianista y Ocho y medio. En París hice una adaptación cinematográfica de mi novela El Amhor, los Orsinis y la Muerte, que le acerqué a François Truffaut. Y el me contestó que era un excelente guión para escribir una novela (risas).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Su prosa está marcada por el jazz, por el ejercicio de la improvisación jazzística. ¿Al dejar de escribir dejó también el jazz?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–Sí. En este largo proceso de pérdidas entró ese extraño estímulo capaz de encenderle a uno todas las luces. El jazz alienta la emoción, convoca ganas de vivir, hurga en la rajadura de la tela. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Articulo:&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.pagina12.com.ar/2001/suple/Libros/01-10/01-10-28/nota3.htm"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;http://www.pagina12.com.ar/2001/suple/Libros/01-10/01-10-28/nota3.htm&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-5152748820240818086?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/5152748820240818086/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/la-yapa-1-reportaje-nestor-sanchez.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/5152748820240818086'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/5152748820240818086'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/la-yapa-1-reportaje-nestor-sanchez.html' title='LA YAPA 1, entrevista de L. Ortiz'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-2803552263151951988</id><published>2009-05-05T10:50:00.000-07:00</published><updated>2009-06-15T09:10:21.381-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La yapa'/><title type='text'>LA YAPA 2, nota de M. Dupont</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;SIN RED &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Pocos escritores argentinos se aventuraron tan lejos como Néstor Sánchez. La edición argentina de Cómico de la lengua, su última novela, publicada originalmente en España en 1973, es una buena oportunidad para iniciarse en su lirismo kamikaze.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es fácil escribir sobre Néstor Sánchez. Nada fácil. La indocilidad, el frío de los dedos; las palabras no salen, quieren salir, sí, pero no salen. El cerebro, nulo. Las ideas se mezclan, chocan, se disgregan, chau, no están más. Las frases asaltan el cerebro, lo acosan, pero así como vienen, se van, se hacen humo, hilacha. No duran. Y no hay de dónde agarrase. El “hilo” no aparece. Nada. Contagio Sánchez, pareciera. Ese intentar asirse, entonces, a algo, a lo que sea. Porque en Sánchez es eso, es sentir eso: como si el mundo con sus cosas se nos escurriera de las manos. Las historias por delante. Y alguien atrás tratando de seguirlas. A destiempo. Los libros de Sánchez son libros de arena. No hay más remedio que entregarse al ritmo, seguir la respiración, improvisar. Ver qué pasa, vamos a ver. Ningún plan. Lo seguimos de cerca, no le sacamos el ojo, pero al menor descuido nos deja a pie, con la mirada en el techo: lo perdimos, ya está en otro lado, siguió su ruta, llevándose con él su lírica crispada, arrítmica, imprevisible. (Después, releyendo, es posible alcanzarlo, sí, pero no logramos tenerlo mucho tiempo a la par: en trance, introspectivo, persiguiendo, como un baqueano, rastros verbales inauditos, Sánchez va siempre varios pasos adelante.) La música, el jazz, frases que son solos (de Coltrane, de Pharoah Sanders, de Ornette Coleman), pero que sin embargo carecen de los aullidos del free. Son, más bien, susurros de la lengua, murmullos atemperados. Ningún énfasis. La prosa de Sánchez no levanta la voz. ¿Para qué? Si igual nadie escucha. Mejor así: escribir para una docena, como René Daumal. Escribir fuera del mundo, borrado, purificando una y otra vez las palabras de la tribu.&lt;br /&gt;Un día a Sánchez lo abandonó la épica y dejó de purificar. Dijo basta, hasta acá llegué, les dejo todo. Había ido demasiado lejos. Su legado: cuatro novelas extraordinarias y un libro de cuentos también extraordinario. A la par de la escritura, su búsqueda espiritual: una serie de viajes por Sudamérica, los Estados Unidos y Europa siguiendo a los grupos de trabajo de Gurdjieff. Vida y literatura: posiblemente no haya otro escritor argentino en el que esas dos instancias hayan estado tan ligadas. “Jamás he escrito una sola palabra que no se refiriera a mí mismo.” Sánchez hubiera podido firmar esa frase de Gombrowicz. Lo demás –ficcionalizar, tramar, construir diálogos, personajes, etc.– es tarea de novelistas. Lo de Sánchez no iba por ahí, nada que ver. Su antinovelismo se emparienta, más bien, con los libros “concienciales” de Macedonio Fernández, cuyo nombre aparece más de una vez en El amhor, los orsinis y la muerte (1969). Escribió novelas, sí, pero en contra: desguazando sus procedimientos tradicionales, sus formas anquilosadas, sus tediosas categorías. La solemnidad le daba urticaria; de ahí que Sartre y sus feligreses le resultaran indigeribles. El boom le dada risa. A diferencia de muchos de sus compañeros de generación –“escritores con tema y con estilo”–, el mercado nunca fue un problema para Sánchez: de entrada le dio la espalda. Como buen heredero de Joyce, de Beckett, escribía lo que se le cantaba la gana. Se corría a un costado y dejaba que las presiones pasaran de largo. Ni siquiera cedió cuando los amigos lo alentaron para que volviera a escribir. Había dejado de creer en la literatura, ya estaba del otro lado. No solamente había perdido la épica, sino que a partir de la escritura de Cómico de la lengua (1973), que coincide con su compromiso cada vez mayor con el “Cuarto Camino” de Gurdjieff, escribir se había vuelto para él una actividad sospechosa. “Todo es vanidad y apacentarse de viento.” La frase del Eclesiastés se le metió en la sangre, en los huesos, como un virus. ¿Escribir?, ¿para qué? ¿Qué más decir? Es que Sánchez, deliberadamente, radicalmente, se había vaciado. ¿Cómo escribir después de haber dado –después de haber perdido– hasta lo que no se tiene? Cualquiera que hojee unas pocas páginas de El amhor, los orsinis y la muerte o de Cómico de la lengua enseguida se da cuenta de que la escritura poemática de Sánchez es una experiencia singularísima con los límites del lenguaje, con sus posibilidades semánticas y sonoras; una experiencia anclada, como pocas, en un presente sin garantías, en una disponibilidad, y atravesada por el bello e imposible intento de horadar el idioma para ver u oír –como quería Beckett– lo que se oculta detrás. Así y todo, hubo un último libro, La condición efímera (1988), que reúne los relatos que escribió durante sus años de errancia por los Estados Unidos. Pero después nada más.&lt;br /&gt;En el trayecto que va de Nosotros dos (1966) a ese último libro, lo que sobre todo se lee es cómo Sánchez, “profundizando en su propio instrumento”, fue adelgazando cada vez más y más sus frases hasta componer con ellas una suerte de escritura del vacío, un tejido de significantes agujereados que resuenan en múltiples direcciones; una lógica “narrativa”, o sea, que nunca responde a los dictados de la cárcel cargosa del sentido. (Por si hace falta decirlo: lo de Sánchez siempre fue la libertad.) Porque si bien en Nosotros dos o Siberia blues (1967), a pesar de que ya están presentes el fuera de foco referencial y los disloques sintácticos característicos de su prosa, todavía es posible seguir ciertas líneas argumentales, a partir de El amhor los relatos estallan, el texto se fragmenta, se desparrama, componiendo párrafos autónomos, ribeteados por líneas en blanco, que pueden leerse perfectamente como pequeños poemas. En Cómico, incluso, esos poemas por momentos adquieren la disposición espacial y la abstracción que habitualmente le atribuimos a la poesía. Por último, La condición efímera: relatos de un lirismo radical –la cuerda del instrumento siempre a punto de cortarse, tensísima, como la soga de la que cuelga el ahorcado– y en los que sólo es posible entrever anécdotas en una segunda o tercera lectura. No es fácil leer a Néstor Sánchez. Nada fácil. “Mi único consuelo de la angustia permanente”, escribió, “fue escribir. Al hacerlo, sólo atiné a recordarles a mis semejantes que se iban a morir a plazo fijo”. De ahí, precisamente, su actualidad, su vigencia. Su literatura sin concesiones no sólo pulveriza, deslumbrándonos, nuestros estúpidos hábitos intelectivos, sino que también nos recuerda –a la pasada, en voz baja, siempre en voz baja– que un día esto se acaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mariano Dupont&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;(publicado en la revista Los Inrockuptibles, 2007) &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;*******************************************************************************&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Yapa a la yapa: Acceso al texto de L&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;eonardo Longhi publicado en la revista virtual "La idea fija", año 2000 o 2001:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;a href="http://www.laideafija.com.ar/especiales/sanchez/1fatal.html"&gt;http://www.laideafija.com.ar/especiales/sanchez/1fatal.html&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-2803552263151951988?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/2803552263151951988/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/la-yapa.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/2803552263151951988'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/2803552263151951988'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/la-yapa.html' title='LA YAPA 2, nota de M. Dupont'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-6982940434296779030</id><published>2009-05-05T09:36:00.000-07:00</published><updated>2009-06-15T09:12:27.395-07:00</updated><title type='text'>LA YAPA 3, nota de L. Guaragno</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;UN NARRADOR INQUIETANTE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La reedición de Siberia Blues y la de Cómico de la lengua, prevista para 2007, confirman la vigencia de Néstor Sánchez, autor fundamental de los años 60Cuando a fines de 1964 Edgar Bayley, Francisco Madariaga y Enrique Molina festejaron Nosotros dos, la novela de Néstor Sánchez reeditada en 2004 por editorial Alción, afirmaron que era "la mejor novela que se había escrito después de Arlt". Sudamericana, ante los elogios de Julio Cortázar, la publicaría en 1966 y la reeditaría en 1967. Ese año apareció Siberia Blues, que hoy reedita la editorial Paradiso para algarabía de los viejos lectores de Sánchez y de los muchos nuevos que despiertan ante la obra inquietante de este autor de la década del 60, que modificó la novela de su tiempo y recibió críticas elogiosas de Emir Rodríguez Monegal y fue destacado, bajo el signo de la renovación y la ruptura de las formas narrativas, por Ramón Xirau y Noé Jitrik. El reconocimiento de la obra de Sánchez continuará en 2007, cuando Paradiso reedite Cómico de la lengua&lt;br /&gt;.Néstor Sánchez (1935-2003) había nacido en Villa Pueyrredón, en la casa donde falleció un 15 de abril. Amante del tango y del jazz, bailarín de tango, gran lector de poesía, se reunía en El Moderno con Gianni Siccardi, José Peroni, Martín Micharvega, Roberto Brullón (que ilustró la tapa de Esperando a tu hijo , libro de 1963 del que renegó), con Noé Jitrik y Tununa Mercado, Vicky Rabín, su segunda mujer, Clide Eliche y los Cedrón. Por ahí andaba también Ruy Rodríguez con la revista Opium, en la que Sánchez colaboró. Las charlas tendían a la búsqueda de una salida al realismo crítico, hablaban de Pavese, Montale, Vittorini, de Eco y Obra abierta, de los dadaístas, surrealistas y objetivistas franceses, de Faulkner, de los poetas argentinos Paco Urondo, Alejandra Pizarnik, Mario Trejo y Rodolfo Alonso, cuyos poemas se publicaban en la revista Poesía de Buenos Aires junto a generosas traducciones de Rimbaud, Joyce, Michaux, Reverdy. Mientras tanto, Sánchez, al que la poesía "no se le daba", creaba la ´Novela poemática, que une la experiencia de vida y literatura a la poesía.Sánchez, opuesto al realismo imperante y al boom latinoamericano, desacataba todo programa y asumía las libertades de la poesía moderna. Influido por la generación beat y por cierto surrealismo, con un narrador-cámara que mima la fotografía o las tomas del cine, se apartó, ya en Siberia Blues, de toda melancolía cortazariana..Su fino oído musical convirtió en lenguaje los ritmos del tango y del jazz. El jazz se integra en su onda de improvisación con reiteraciones y variaciones de motivos en avance o retroceso en una escritura en marcha, fraseo que atrae por resonancias y da lugar a pliegues que descolocan tiempos y espacios con efectos de simultaneidad..En Siberia Blues entra "en foco" la quinta de Saavedra en Villa Urquiza, la Siberia del título, donde se reunía la barra de Tomasol, grupo lumpen formado por Natalio Ventura, el flaco Colombres, el negro Cepeda, Remigio y otros pero sobre todo por un chico al que apodan el Obispo por "contemplativo" y "poco inclinado al trabajo", personaje clave en la novela. Otro chico, el que los mira jugar al fútbol tras el alambrado, narra las historias que le cuenta el Obispo, ya en la adolescencia y hasta sus 30 años, cuando el Obispo desaparece, tiempo que coincide con el apogeo del tango y su decadencia, entre los años 40 y 60. La modernización de la época peronista desalambra la Siberia para construir un parque y un museo, y la barra se destierra en el bar del Trece para dispersarse por las calles "con tumulto y luz", perderse en la urbe fabril, con sus lluvias de hollín y la masa de obreros con cierta fe en el "progreso". La trampa en los vueltos, el juego, el turf, el billar, la muerte del negro Cepeda, la mudanza del viejo Ventura en un carro tirado por la yegua blanca disuelven definitivamente al grupo. Esta novela de un Buenos Aires transpuesto a la letra con la energía vital de la escritura de Néstor Sánchez no transmite melancolía, sino la desdramatización sostenida en resonancias de tango y jazz. Lo que pretendía Sánchez del lector no era ninguna identificación sino adhesión por resonancias..En la entrevista que en 1974 le hizo su traductor de Gallimard, Albert Bensoussan, Sánchez dijo, acerca de Siberia Blues, que prefería lo marginal, porque lo no marginal le parecía "de una pobreza sobrecogedora".Sánchez se interesó por las filosofías orientales y desde 1968 viajó a Chile, Perú y Venezuela. Volvió a Buenos Aires y publicó El amhor, los Orsinis y la muerte (1969). En 1970, becado por la universidad, fue a Iowa, donde permaneció cuatro meses. Viajó luego a Roma, y de allí a Barcelona. Seix Barral reeditó sus dos primeras novelas y editó Cómico de la lengua (1973). Más tarde, en París, fue asesor de Gallimard, que reeditó Nosotros dos y Cómico.... Allí encontró un grupo importante de trabajo Gurdjieff, dedicado al conocimiento sagrado. Sucesos de vida y cierto temor a "la estafa biológica", como llamaba Sánchez a la brevedad de la vida, deterioraron su salud. Volvió a Estados Unidos, donde vivió en estado de pobreza hasta que su hijo Claudio lo ubicó, y regresó a la Argentina en 1986. En 1988 Sudamericana editó su último libro, La condición efímera, y él declaró que se le había acabado "su épica de vida".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Liliana Guaragno, publicado por La Nación, 2006&lt;br /&gt;Link corto: &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.lanacion.com.ar/859769"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;http://www.lanacion.com.ar/859769&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-6982940434296779030?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/6982940434296779030/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/la-yapa-3-nota-de-l-guaragno.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/6982940434296779030'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/6982940434296779030'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/la-yapa-3-nota-de-l-guaragno.html' title='LA YAPA 3, nota de L. Guaragno'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-1533643074151414050</id><published>2009-05-05T08:30:00.000-07:00</published><updated>2009-06-15T08:34:13.868-07:00</updated><title type='text'>LA YAPA 4, entrevista a L. Guaragno</title><content type='html'>&lt;a href="http://diarionco.com/blog/index.php/2007/12/05/nestor_sanchez_una_escritura_sin_limites?blog=7"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Néstor Sánchez, una escritura sin límites&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Entrevista a Liliana Guaragno, por Augusto Munaro, publicada en &lt;a href="http://diarionco.com/blog/index.php/2007/12/05/nestor_sanchez_una_escritura_sin_limites?blog=7"&gt;diarionco.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El escritor argentino Néstor Sánchez (1935-2003), publicó durante toda su vida un número reducido de libros: Nosotros dos (1966), Siberia blues (1967), El amhor, los orsinis y la muerte (1969), Cómico de la lengua (1973) y La condición efímera (1988). No obstante, se trató de una desafiante obra narrativa que fijó nuevas delimitaciones estéticas en el campo de la literatura nacional. Fue gracias a su espíritu transformador, aquello que lo impulsó a una renovación estilística, una honrosa búsqueda hacia intransitados horizontes.&lt;br /&gt;Perteneció a la generación de Isidoro Blaisten, Daniel Moyano, Abelardo Castillo, Pedro Orgambide, y Juan José Saer, pero muy temprano, desde la aparición de Nosotros dos, se vio manifestado su desinterés por los transitados métodos y retóricas de sus coetáneos. Puesto que su pluma sigue un timbre y latido muy diferente, fue uno de los pocos narradores que quisieron dar a la novela, el prestigio que muchos creían perdido.&lt;br /&gt;Para ello no copió fórmulas de la vieja literatura agonizante, consabida -y por sobretodo mimética y tradicional-; sino que se lanzó al placer de la creación. La narrativa de Sánchez reintegra elementos, promoviendo una nueva sintaxis. La alta calidad de su lenguaje consiste en enhebrar las palabras cotidianas para dotarlas de nuevo sentido. Y esa feliz conjunción de vocablos, es una de las razones por las que perduran sus libros, en especial, el tono con que éstos están compuestos. Néstor Sánchez vivió la escritura como una intensa experiencia de vida.&lt;br /&gt;La belleza inaudita de su prosa reside en la exaltación de la musicalidad y el admirable ritmo donde transcurren sus páginas. Por eso es menester considerar a la exploración lingüística como uno de los méritos medulares de su escritura. Una sensibilidad que resultó de la lectura atenta de finísimas voces poéticas, como así también su amistad con los poetas Edgard Bayley y Enrique Molina, entre otros, quienes abrieron ciertos canales de percepción en su estética, distanciándose de las gastadas – y siempre monótonas- escuelas literarias preexistentes.&lt;br /&gt;Su técnica alcanzó la perfección formal en Cómico de la lengua, donde la armonía musical -por momentos al borde de lo ilegible-, cobra su cadencia definitiva gracias a su imponente virtuosismo por la improvisación. Ya lo resaltó Julio Cortázar en una epístola, refiriéndose a su inusual capacidad inventiva: “es una de las mejores tentativas de crear un estilo narrativo digno de ese nombre (...) lo que representa un raro caso de personalidad en un país tan despersonalizado”. En Néstor Sánchez, el idioma se suelta completamente, respira innovación, situándolo como uno de los mayores vanguardistas argentinos.&lt;br /&gt;Por desgracia, tal originalidad resultó ser su mayor estigma. A este novelista se lo marginó por varios motivos. Tal vez el menos justo se deba a que su prosa poética –como Héctor Libertella-, se sitúe instintivamente en contraposición con las exigencias del mercado editorial. Sánchez no pudo gozar en vida de un merecido reconocimiento, no obstante, el destino lo ha beneficiado. Luego de su muerte acaecida en 2003, varios sellos han decidido reeditar sus obras, lo que permite redescubrir a un singular innovador de la contracultura, creador de la denominada “novela poemática”, género que nació y murió con él.&lt;br /&gt;La escritora Liliana Guaragno, amiga personal y estudiosa de la obra de Néstor Sánchez, ofrece una mirada esclarecedora sobre los aspectos medulares del autor de Siberia blues. En sus pertinentes declaraciones, destaca la pasión que sentía hacia la “infinita capacidad del lenguaje”, así como las posibles causas de su exclusión del canon literario. Se trata de un valioso testimonio, sobre uno de los mayores – y más enigmáticos- novelistas argentinos.&lt;br /&gt;-¿Cómo conoció a Néstor Sánchez y qué recuerdos guarda de él? -Lo conocí cuando regresó a la Argentina en 1986. Pensaba que había muerto por murmuraciones que se corrieron en el ambiente, y fue una verdadera conmoción saber que estaba vivo, me lo comunicó el escritor Luis Thonis quien me dio el número de teléfono, y así acordamos un encuentro para una entrevista que salió en La Actualidad en el Arte unos meses después. Mario Mucciardi, se ocupó del grabador y de las fotografías. La entrevista fue buena, y fiel a sus palabras.&lt;br /&gt;Él mismo lo reconoció. De ahí se dio una amistad, venía a visitarnos, yo hacía empanadas, o preparaba alguna comida, y charlábamos los tres, Mario, él y yo. Hablamos muchísimo de los Beat, de James Joyce, Samuel Beckett, de Castaneda y Gurdjieff, de sus diferencias con Cortázar, del clima de época del ’60, de Macedonio Fernández, de T. S. Eliot, de Cesare Pavese y su alejamiento de lo dramático, de “el pobre Sartre” como él decía, del problema del mercado. Sugería que no iba a escribir más. Dio una charla: “La disyunción ética”, en el Complejo Cultural de Bernal en el que yo coordinaba un taller literario.&lt;br /&gt;También charlamos con él y otros escritores en un bar de la galería de Corrientes que da a Diagonal, frente al cine Arte de ese entonces. Fue en algún momento jurado de un certamen literario, y pensó en armar, y armó, un taller literario, pero su salud y ánimo fueron decayendo, no había respuestas para él. Sudamericana le editó, a cambio de la parte de ganancias que le debía, La condición efímera en 1988. Luego dejé de verlo por circunstancias de vida, en él la alegría se apagaba y yo tuve una serie de problemas y mucho trabajo.&lt;br /&gt;A veces hablábamos por teléfono, y siempre le envié los libros míos que iban saliendo, pero terminó por darse un largo paréntesis que duró hasta unos meses antes de su muerte que ocurrió el 15 de abril del año 2003. Un mes antes, un sábado por la tarde fui a verlo con otros escritores que se venían reuniendo con él a menudo y desde hacía tiempo, como Roberto Raschella, Hugo Savino, Pablo Ingberg y Mariano Fiszman. Se trató de que sus libros se reeditaran en vida pero fue imposible.&lt;br /&gt;-Con frecuencia se relaciona la obra de Néstor Sánchez con la de James Joyce. ¿Cuáles son los puntos de convergencia entre el argentino y el irlandés autor de Ulysses?, ¿qué afinidades estéticas comparten?-Tanto Joyce con el Ulises (1922) como Néstor Sánchez con Cómico de la Lengua (1973) marcan un hito insoslayable en la innovación-renovación de la novela en su tiempo y contexto, el primero en el ’20 a nivel mundial, el segundo en el ’60. Convergen ambos en la creación de lenguajes y la ruptura con las formas dominantes de la narrativa. Podríamos agregar que ambos autores, embebidos de múltiples lecturas, integran su experiencia literaria, a los distintos niveles narrativos. En la Argentina diversos factores incidieron para que Néstor Sánchez no cobrara el lugar que merece por su excelencia.&lt;br /&gt;-En su última entrevista concedida en 2001, Sánchez aclaró que no podía escribir más, dado que se le había “acabado la épica de vida ”, ¿qué cree Ud. que quiso decir al respecto?-En Sánchez experiencia de vida y experiencia literaria se aúnan intensamente en el momento de escribir. Sus cuatro novelas abarcan nueve años de su vida (Nosotros Dos estaba terminada en el 64). Sánchez se va del país, viaja, migra como lo harán sus personajes. Años de una energía total dedicada a la vida y a la escritura lo van dejando en pérdida, de ahí la frase. El agotamiento lo lleva al silencio, como sucedió con escritores como Baudelaire, Rimbaud, y Mallarmé. Después de quince años, en 1988, Sánchez publica un libro de relatos: La condición efímera, ya sobre un material previo. Cuando lo entrevisté, dudaba entre ese título y Comarca de actores. En ese momento planteó también el problema de la “Disyunción ética”, debía elegir entre una entrega a las ideas que se había formado con el trabajo del grupo de Gurdjieff , y la autonomía de la literatura, esta escisión da lugar al silencio y lo aísla.&lt;br /&gt;-¿Cuánto de espontaneidad e improvisación hay en sus libros?, ¿se trata de una búsqueda deliberada?-El efecto de espontaneidad se consigue con mucho trabajo. Néstor contaba que comenzaba a escribir sin ningún plan premeditado, y que a medida que escribía se iba dando cuenta de lo que podía seguir y así continuaba, cada vez con una idea más clara de adonde llegaría. Es lo que se suele llamar “work in progress”. En él es fuerte la impronta del jazz, su capacidad de improvisar un tema, continuar y volver a tomarlo modificándolo a medida que se suceden las historias, ya que no se puede hablar de una historia, porque descentra realmente la narrativa. Esto se mantiene en La condición efímera aunque en este libro trabaja, como dijimos, con material previo.&lt;br /&gt;-¿Cómo explicaría la “escritura poemática” de Néstor Sánchez? ¿Cuáles son los elementos característicos de su prosa, y su estilo? ¿Cuáles fueron los aportes que introdujo en la narrativa nacional al modificar la novela de su tiempo?-Néstor Sánchez era un gran lector de poesía, amigo de Egard Bayley, Francisco Madariaga, Enrique Molina, que publican en Poesía de Buenos Aires a Juanele, Macedonio Fernández, James Joyce, René Char, Rimbaud, Dylan Thomas, tan importantes para Néstor, a quien “la poesía no se le daba”, según sus palabras. Pero porque leía sobre todo poesía, su escritura toma las libertades de la poesía moderna en el tratamiento narrativo. El silencio, el fraseo, el uso de espacios, de cortes o distribución del texto en el blanco de la hoja son notorios. Él tenía plena conciencia de que estaba jugándose por una forma nueva de novela de modo radical, a la que llamará “Novela poemática”. La de Sánchez, una escritura de ‘fluencias’ no sólo por los movimientos y viajes constantes de las ‘personas’ y sus historias que conectan al irradiarse puntos de Buenos Aires, de Latinoamérica, Europa, o por las numerosas citas, alusiones y parodias literarias, sino que, en una continuidad de lo discontinuo, integra el relato, las escenas (teatrales, cinematográficas, fotográficas), con el ritmo, las pausas y los silencios La fluencia verbal va en pos de ‘lo que va siendo’, superpone los tiempos con las marcas del ‘narrante’, o “recordante” escribiendo sin plan previo, o reescribiendo, o criticando y describiendo lo paratextual como en el caso de Cómico de la Lengua (donde reremingtonea’ las “Novecientas cuarenta y dos páginas” ‘remingtoneadas’ por Roque Barcia).&lt;br /&gt;-¿Fue la exploración lingüística, el motivo fundamental de su escritura? Según su criterio, ¿qué fue lo que Néstor Sánchez intentó transmitir en sus libros?-Sánchez afirmaba “la posibilidad aún infinita de asociación, deformación y maravilla del lenguaje”. Quería que la palabra nombrara con el asombro de la primera vez. Esas posibilidades no surgen de la nada sino de la integración de lecturas y posiciones frente a la literatura, a la vida, al mundo. Inciden fuerte la Beat-generation, el surrealismo con la idea de que “la vida es otra cosa” de Breton, las filosofías orientales, autores como René Daumal, René Char que buscan cierta trascendencia en la vida-literatura. Néstor crea una lengua diferente en la que lo coloquial, y lo ‘literario’ se entremezclan, en la que los neologismos, la sintaxis, los acentos rítmicos, se desprenden totalmente del lenguaje del hábito que repite las ideas de siempre. Desde ya que su escritura es “otra cosa”, transmite lo que no puede comunicarse, esa transmisión se relaciona con una búsqueda de conocimiento que ataca la pereza del pensamiento, el rechazo al “progreso” que uniformiza a los sujetos e impide la libertad y la vida a fondo, el alejamiento de “la idea de que somos trágicos”, de aquí la impronta de la “desdramatización”, el humor en la frase satírica, o irónica, en fragmentos inigualables dentro de las historias de los personajes, en los que la forma de contar lleva a la sonrisa o directamente a la risa.&lt;br /&gt;-Los prestigiosos sellos Seix Barral y Gallimard han editado su obra, no obstante, ¿por qué continúa siendo en Argentina un escritor secreto, sólo apreciado por las minorías?-Adelanté al principio la idea de que diversos motivos hacen que Néstor Sánchez sea poco conocido. Es difícil tener del todo claro este aspecto, aunque podría mencionar algunos: La escritura de Sánchez no es popular aunque trate temas sencillos o populares, mantiene cierta dificultad, incita a otra forma de leer, exige experiencias de lecturas previas muy amplias, y aún de saberes distintos que a veces no poseemos, tal como sucede en el Ulises de Joyce. Sánchez se aleja de toda linealidad, de una trama clara con introducción, nudo y desenlace, no hay suspenso, descoloca los tiempos y descentra las historias, hay ironía y plantea cuestiones. Otro aspecto fue su negación a ser parte del Boom latinoamericano al que no adhería. Siendo parte de la contracultura, Sánchez se negaba a la neutralización que daba calma a las buenas conciencias de la literatura del Boom. Lo que lo ubicaba en una situación sin salida. Otro aspecto ineludible por motivos históricos en la Argentina fue la politización y la tendencia que se consagra, la del compromiso político, con su programa, que Sánchez desacata. Él mismo se excluye, se aleja del existencialismo sartriano, y de consignas políticas. Como Onetti está por la autonomía de la literatura. Por otro lado Sánchez no soporta lo que él llama “la chatura de la cultura”, una especie de repetición de jingles con que la gente se da sentido y no hay búsqueda ni pensamiento, aunque sí mucha muerte.Sánchez no es un escritor de mayorías, tampoco Joyce, ni Beckett lo son, ni Alberto Vanasco, ni Antonio di Benedetto, etcétera, sobre todo en este momento que vivimos, en el que se estimula una literatura sin dificultad, sin pasión incluso. Según considero predomina cierta desventura que tiende a evitar conflictos reales como la muerte, por ejemplo. Hugo Mujica, en un reportaje que le hace Fabiana Fondevilla en la revista Viva, dice “En los últimos 50 años destapamos el sexo como tabú, y agarramos el paño que cubría el sexo y se lo pusimos a la muerte. Empezamos a no hablar de la muerte, a no morirnos”. La muerte está muy presente en Sánchez, como está muy presente el “estar siendo”, el “estar viviendo”. Sánchez fue, y sigue siendo un desafío. Pero también habría que decir que hay más lectores de su obra a partir de la reedición de sus libros, más gente lo lee y disfruta, muchos jóvenes muy interesados, como sería tu caso, escriben notas o artículos sobre él, su escritura en general o sobre algún aspecto en particular.&lt;br /&gt;-¿Qué papel juega el ritmo y la musicalidad de las palabras en sus novelas? Su posición rupturista ante la escritura de molde convencional, es bien conocida. Es indudable la intensa elaboración rítmica a la que sometía sus textos. -En efecto Néstor llegó a decir que por humildad no se atrevía a pedir que primero se leyeran sus novelas para saber de qué se trataban, y luego se leyeran para seguir el ritmo. Estaba muy interesado, porque es importante el ritmo en su lenguaje, tiene que ver con lo poético, y también con la música, con el jazz del que era un cultor, y con el tango, del que fue bailarín. Agreguemos que los ritmos tienen sentido, el ritmo transmite como la música; los tonos, timbres y acentos atraviesan lo sensible corporal, la respiración, el cuerpo entero y su memoria. Toma las capas más profundas del sujeto ligadas a la percepción y al sentimiento.&lt;br /&gt;-Aunque jamás se haya adherido por completo a ningún movimiento, ¿qué fue lo que lo sedujo del surrealismo y de la generación “Beat” y cómo florecieron en su escritura?-No sé si la palabra es “seducir”, sí que hay lectura fuerte de autores de ambos movimientos, y coincidencia con el inconformismo extremo, con el desacuerdo ideológico-político de la época, en su caso especialmente con los Beatnik, antecesores del hippismo. La conexión se da a través de la oposición a las formas de vida de Occidente, a la violencia, a los convencionalismos prepotentes y gastados, las frases o escrituras “correctas” que conllevan formas de pensamiento anquilosadas. Todo esto concuerda en Sánchez. Así libera para la irrupción de lo “no artificioso”, de un lenguaje que entra de lleno en lo coloquial y en las posibilidades inexploradas del lenguaje. Creo que lo toca y atraviesa la relación experiencia-vida de los Beat, y las asociaciones y lo onírico del surrealismo, al que parodia burlándose en Cómico de la lengua, es que el surrealismo quedó al fin como un juego experimental de automatismos. Sánchez leyó, por ejemplo, Habitaciones de Luis Aragon, leyó a Artaud, se quedó con los que se sobrepusieron a esa incursión primera, se queda con los que hicieron vida de la escritura y escritura de la vida, fundamental en Sánchez. Los Beat ‘hacían’ droga y jazz, sostenían la idea de vivir con la muerte como peligro, se oponían a la idea de progreso,-lo que nos lleva a la frase sarcástica de Sánchez “la confianza en la vida”-, piensan la vida como viaje sin rumbo fijo, la conciencia del presente, lo que está sucediendo, indagan la sensibilidad sensorial, sostienen el amor libre con su antecedente en Wilhelm Reich, se acercan a las filosofías de Oriente, fomentan la liberación del ‘yo’ superyoico, Sánchez insistía como Macedonio Fernández, a quien leyó muy bien, en la precariedad del ‘yo’. Se podrían tender numerosas relaciones. Lo fundamental es que no se puede concebir una nueva forma de ver y pensar el mundo, el yo, y los otros, si no hay la creación de un lenguaje nuevo. A esto último, no sólo por los Beat, sino por toda su experiencia de vida y múltiples lecturas, responde Sánchez de modo radical.&lt;br /&gt;-¿Podría mencionar los motivos por los cuales aconsejaría la lectura de su obra?-Cada lector va haciendo un recorrido, en mi caso, recomendaría a Sánchez como se recomienda leer un clásico, pero prefiero hablar de los autores por la felicidad que me deja la lectura de sus libros, como es el caso de Sánchez que logró una verdadera revolución en género y en el lenguaje. El deseo de leer ciertos autores se transmite, eso intento. Muchas veces lo logro.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-1533643074151414050?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/1533643074151414050/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/la-yapa-4-entrevista-l-guaragno.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/1533643074151414050'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/1533643074151414050'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/la-yapa-4-entrevista-l-guaragno.html' title='LA YAPA 4, entrevista a L. Guaragno'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-831541181920773861</id><published>2009-05-05T08:28:00.000-07:00</published><updated>2009-07-09T09:23:27.285-07:00</updated><title type='text'>LA YAPA 5, entrevista de A. Bensoussan</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Entrevista con Néstor Sánchez hecha en París en 1974 ante la aparición de la traducción al francés de &lt;strong&gt;Cómico de la lengua&lt;/strong&gt;. El autor aclara el sentido de su primera novela y de su obra por venir, contestando las preguntas de su traductor francés Albert Bensoussan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NOVELA Y POESÍA&lt;br /&gt;Me resulta prácticamente imposible pensar una novela sin relación directa con la poesía. Por el momento (y siempre provisoriamente) creo saber que la elección de un género y su cuestionamiento se debe a una ley personal, muchas veces ni siquiera entrevista. Entre el poema y la novela, para mí, la única diferencia hay que buscarla en el aliento, en la capacidad o no de aliento. Si la expresión de un hombre “no cabe” en el poema, en algún momento tenderá a abrir las formas. Las relaciones son siempre idénticas, desde el punto de vista de una lengua: el verso es el párrafo, período es el capítulo, la totalidad es la misma, aunque haya trescientas páginas de diferencia. El problema reside en que muchísima gente sin nada que ver con la poesía “noveliza” presupuestos culturales, en lugar de recurrir al ensayo. Por eso es, tal vez, que leo tan pocas novelas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BUENOS AIRES: EL MUNDO MARGINAL&lt;br /&gt;Buenos Aires fue, es cierto, la gran fascinación de mi primera adolescencia. Mis personajes no son héroes de tango porque en general todos los letristas de tango fueron siempre literatos del populismo. Mi atracción por el mundo marginal se debió, fundamentalmente, a que el mundo no marginal me parece de una pobreza sobrecogedora. Todavía hoy si tengo que elegir entre un buen ladrón y un buen sociólogo, prefiero cenar con el primero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“NOSOTROS DOS”&lt;br /&gt;El título fue un homenaje a Henri Michaux, poeta que en aquella época tuvo una considerable importancia para mi escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“CÓMICO DE LA LENGUA”&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cómico de la lengua&lt;/strong&gt; es mi propio cuestionamiento de la literatura como “destino”, es el resultado de un horror muy concreto a sentirse condenado para siempre a una imagen de sí mismo, a la pobre imagen del escritor que vive (y padece) en función de su prestigio. La literatura es un instrumento de conocimiento, y como tal, a cada nuevo intento, debe volver a sobrecogerse de la estupidez de nuestra cultura, de la pobreza de cada uno de sus ritos de visibilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL PERSONAJE ABSTRACTO: EL INSCRITO, EL ADIVINO, EL FANTASMA…&lt;br /&gt;El único sentido que reconozco es el aparente sinsentido global de una vida tan corta. Todo esos personajes soy yo ¿acaso hay algún hombre que puede asegurar que es un solo personaje todo el tiempo? Más que abstracto diría inaprensible. En el fondo, como sucede con todo el mundo, yo ignoro la oscura voluntad de mis personajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SALVADOR DALÍ, ¿OTRO GENIAL CÓMICO DE LA LENGUA?&lt;br /&gt;Ignoro si Dalí ha llegado a elaborar una máscara para consumo de los otros, o si en el fondo no sigue siendo el esclavo. A pesar de todo, me gusta su frase “participar activamente en la cretinización del mundo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PARTICIPACIÓN DEL LECTOR&lt;br /&gt;Mi escritura actual está orientada hacia un cambio radical de perspectiva en cuanto a la participación del lector. Esto se debe a que, por primera vez, necesito decir cosas muy concretas, cosas que tal vez representen mi despedida de la literatura. El libro que estoy escribiendo es al mismo tiempo una historia terrible y un llamado. Es el resultado de un momento de fricción extrema en que siento, como nunca antes, que en realidad estamos estafados por una visión minúscula del mundo, que es preciso realizar un gran (y doloroso) viraje anterior para poder escapar de esta trampa de idiotez en la que nos ha metido una cultura basada en la mentira y en secreto miedo a la muerte. En suma: necesito decirle a cada lector que va a morirse muy, muy pronto, y que a pesar de todo vive como si fuese eterno. Necesito hacerle compartir esta vergüenza, la miseria de sus esquemas de aislamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;París, junio de 1974.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-831541181920773861?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/831541181920773861/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/la-yapa-5-entrevista-de-bensoussan.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/831541181920773861'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/831541181920773861'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/la-yapa-5-entrevista-de-bensoussan.html' title='LA YAPA 5, entrevista de A. Bensoussan'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-1816262486216157710</id><published>2009-05-05T08:27:00.000-07:00</published><updated>2009-07-23T09:08:09.980-07:00</updated><title type='text'>LA YAPA 6, Entrevista de Luis Thonis</title><content type='html'>El presente diálogo con Néstor Sánchez tuvo como punto de partida la publicación de su libro de relatos La Condición Efímera, Ed. Sudamericana, 1988. Me fue solicitado por un suplemento literario pero luego por motivos varios no llegó a publicarse. Data de febrero de 1989.&lt;br /&gt;Ni Néstor Sánchez quería un reportaje convencional ni yo sabía cómo hacerlo. Ambos estábamos de acuerdo en que es un arte donde no debe evitarse el conflicto, que éste era preferible a la fusión adormecedora. La convención fue monástica: si uno podía escuchar mínimamente a otro, habría leña para el fuego. Este encuentro surgió de abdicar de la formalidad maniatada, sin abandonar por eso el orden retórico de los tópicos, para que un diálogo tenga lugar.&lt;br /&gt;Cabe al lector adaptar las coordenadas temporales, el registro de las señas del mapa cultural del momento, inferir si estas voces que a veces intercambian sus lugares, permiten que pase algo de la obra diversa de alguien que desde su primera línea trazó-encontró-una frontera, un límite desde el cual atravesar esa “maldición escolar” a la que refiere: guardiana de mil caras de un malestar vencido una y otra vez en su escrito que se transforma en sinónimo y causa de un malentendido acérrimo para la “voluntad de consenso”.&lt;br /&gt;L. T.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Néstor Sánchez nació en Buenos Aires en 1935. Publicó hasta el presente las siguientes obras: Nosotros Dos, Ed. Sudamericana, 1966, reeditada por Seix Barral, 1971; Siberia Blues,Ed. Sudamericana, 1967, reeditada por Seix Barral, 1972; El Amhor, los Orsinis y la Muerte, Ed. Sudamericana, 1969, reeditada por Seix Barral, 1972; Cómico de la Lengua, Ed. Seix Barral, 1973; La condición efímera, Ed. Sudamericana, 1988. Tradujo del francés: Nietzsche y el Círculo Vicioso de Pierre Klossowski; Muerte a Crédito de Louis Céline, además de poetas como René Daumal, Balzac, Maupassant y Cesare Pavese. Sus obras Nosotros Dos y Cómico de la Lengua, fueron publicadas por Ed. Gallimard, París en 1973 y 1977.&lt;br /&gt;____________________________________________________________________________&lt;br /&gt;Luis Thonis: Néstor Sánchez, tengo cierta hipótesis sobre su escritura. Pienso que hay una velocidad en sus frases donde reside la dificultad, el desafío de leerlo. No es que vaya rápido, en el sentido de correr. Es más bien lo contrario: la velocidad es la interrupción de un circuito, donde todo circula dócilmente. Ante todo, el de la lengua. Si el lector no capta el ritmo, el no reconocer los códigos habituales, puede dejar de leer. Habría que empezar por la música. En Siberia Blues está el jazz, y el tango. Son, por decirlo así, ataques diferentes.&lt;br /&gt;Néstor Sánchez: En Siberia Blues trato de la memoria del cuerpo en relación a las mitologías populares: el jazz, el tango, la poesía, el baile, el turf. Las extiendo sobre una mesa de disección, como juegos de lenguaje. En mi último libro La Condición Efímera en el relato Adagio para Viola de Amore menciono a Telemann. En Siberia Blues hay una celebración y un homenaje al jazz en tanto improvisación profunda sobre un tema dado. Estas mitologías han sido condenadas a la ley de la entropía. Por eso en Adagio hablo de la historia invertida de una creencia.&lt;br /&gt;L. T.: En la revista Innombrable en el 86 se publicó un ensayo de Liliana Guaragno que indagaba el motivo –más que el tema- del doble en su literatura. Lo vincula con la música, dice que cada vez que hay un cuarteto se produce la irrupción de un quinteto.&lt;br /&gt;N. S.: Eso está muy bien. Pero no tuve ninguna intencionalidad. Si hay dobles en los Orsinis tienen que ver con la recurrencia.&lt;br /&gt;L. T.: Por ejemplo, Heriberto Orsini encuentra, o recurre ¿en Donald Gleason?&lt;br /&gt;N. S.: Sí, hay líneas de vida. Un intelectual tiene un espejo en otro, un gánster en otro gánster, un músico en un músico…&lt;br /&gt;L. T.: Pero se cruzan: Heriberto es un intelectual y un gánster. Hay que estar muy atento y seguir en qué líneas deriva la ruptura de la identidad.&lt;br /&gt;N. S.: Hay líneas indefectibles, definidas, del orden. Pero están las que responden a la fatalidad. En las líneas definidas es lo mismo ser cajero que albañil, o corredor. Son las otras las que aluden al drama de la individualidad.&lt;br /&gt;L. T.: La fatalidad suena un poco al azar en las experiencias no definidas…&lt;br /&gt;N. S.: Son líneas que responden a lo clandestino.&lt;br /&gt;L. T.: En su caso, Néstor Sánchez, lo clandestino es algo fiel a sí mismo porque hay una estética. Pero puede ser el oficio más unilateral cuando se trata de determinar la marginalidad cultural, no hablo de la social. Hay cierto, mucha vanguardia que declama estar “fuera” cuando es notorio que está perfectamente ubicada como el cortesano en el ala del palacio. Recuerda la paradoja del barbero que no puede afeitarse a sí mismo. Abundan los “anti”, tanto que “cultura oficial” ha llegado a ser una expresión sin significado… con la chata jerga que cultivan no pueden estar en contra de nada…de la literatura tal vez sí.&lt;br /&gt;N. S.: La antiliteratura es eterna. Por eso mi libro se llama La Condición Efímera. A diferencia de otros libros míos se escribe en torno a disyuntivas éticas.&lt;br /&gt;L. T.: Yo voy a hacer un poco de historia, entrar en el terreno más prohibido de una franja de vanguardia. Aclarando primero que en sus años de ausencia en el país –de 1969 al 86- se aseguraba que estaba muerto. Alguna vez en una de esas reuniones de escritores para romper el conmovedor aburrimiento –todos, qué maravilla, estaban de acuerdo en todo lo que mencioné: casi todos dieron vuelta la cara, buscaban un apuntador ausente para preguntar quién es ese Sánchez, tal vez el padre de una precoz narradora. Bueno, yo también soy un malo por excelencia en esta vieja película, siempre la misma. Sigo con la historia. Su nombre a partir de los Orsinis pudo sonar junto a otros escritores latinoamericanos de lo que se llamó el “boom”.&lt;br /&gt;Algunos publicaban en Seix Barral, estaban los elogios de Cortázar, dijo que Cómico de la Lengua era un milagro, incluso que usted había ido más lejos que todos ellos. Una palabra de peso, generosa y cierta. Pero usted da un giro: se dedica al estudio del sánscrito. En más de diez años lo único que llegó fue el reportaje de Héctor Bianchotti en la Quinzaine Littéraire, que publicamos después en Innombrable. Creíamos que estaba muerto: lo hicimos como homenaje. Me disculpo por eso… quiero señalar qué clase de clandestinidad se trata en su excepcional caso. Yo hablaría más bien de un anonimato que sucedió al amontonamiento publicitario del “boom”.&lt;br /&gt;N. S.: No entiendo cómo pudieron meterme con los escritores del “boom” en las antologías. A mí Vargas Llosa me parece peor que Pérez Galdós. Dije entonces que los escritores del compromiso eran los más irresponsables.&lt;br /&gt;L.T.: Ese tipo de opiniones fue otra contribución a la omisión total. Se puede o no compartirla, pero basta leer especialmente Cómico de la Lengua para comprobar que se trata de otra estética, inimaginable entonces, de otra respiración de la lengua.&lt;br /&gt;N. S.: Estos escritores para mí representaban el momento más bajo de una lengua por su falta de relación con la poesía. Julio pensaba lo mismo. Lea lo que escribió en La Vuelta en Ochenta Mundos. Y por otra parte, que yo piense así ¿es algo tan grave?&lt;br /&gt;L. T.: En esa época para el medio, sí. Y hoy también. Hubo alguien que se llamó Taine. Hoy está refutado, no lo mencionan por desconocimiento o vergüenza, pero reaparece siempre, hasta posmodernizado. Para él el medio lo explica todo y el sujeto refleja su ambiente. Un paso más y nos hallamos ante el positivismo descarnado: la supervivencia de la lucha por la vida donde triunfa el más apto, es decir, el que mejor se adapta, el que mejor hace deberes para el “eterno” dictum de turno. Por otra parte, usted no hace concesiones: parece que en esta época no se salva literariamente nadie.&lt;br /&gt;N. S.: Rescato las primeras cincuenta páginas de Cien Años de Soledad. Ahí cuando se señala con el dedo hay cierto efecto de Génesis. Pero no hay llegada del lenguaje, quiero decir, a Márquez le falta una sensibilidad refinada para dar con el ritmo que esto exige. Se queda flotando, se ahoga, abandona la “soledad”, nos condena a otro siglo de novelas por encargo, entramos en la demagogia, la sensiblería, el fascismo…&lt;br /&gt;L. T.: Sánchez… ese último epíteto es de tono muy subido. Suena a invectiva y hoy carecemos de un arte de la injuria. Va a ganarse nuevos enemigos, esto está bien, pero no van a decir nada, sólo añadir un san benito más a los otros, tantos que pesan sobre su obra.&lt;br /&gt;N. S.: No es un insulto. Lo que ocurre es que hay fascistas tímidos. Devotos de arquetipos. El que sepa leerme entenderá qué estoy diciendo.&lt;br /&gt;L. T.: A mí la palabra fascismo no me escandaliza. Pero me parece vago aplicarla a la literatura, incluso a la que se detesta. Pasolini decía que bajo diversas expresiones el fascismo era la religión de nuestro tiempo. Pienso que quien sepa leerlo interpretará –algo muy distinto a comprender- que hay cierto “fascismo” en el mercado. En el sentido que se está perdiendo, extinguiendo una forma específica de novela argentina que es posible leer en Arlt, en Cortázar, hasta en el mismo Viñas, además de lo hecho por las vanguardias del 70. Está siendo aplastada por las burbujas estereotipadas, enchapadas en el policial norteamericano y el cine correlativo: leemos pésimas traducciones en un tipo de novela que ha perdido el diálogo, el temblor del estilo, el conflicto, y en ese aspecto podría considerarse letal al ejercicio.&lt;br /&gt;N. S.: En el fascismo la bestia en el poder es peor que un anarquista. Ya se sabe qué queda después de un anarquista… un poco de tierra para cultivar. Después de un fascista, en cambio, queda su cuenta de banco, la que decía no tener. No digo que sean “ogros”, eso es “filosofía”, mala literatura, lo son por sus buenas intenciones. Cuando éstas entran en conexión con una política cultural las consecuencias son aberrantes. Si esa palabra molesta, recordaré que más de una vez afirmé que la Argentina sufría una maldición escolar, esa gente refuerza eso…&lt;br /&gt;L. T.: Quieren reeducar absolutamente todo sin…&lt;br /&gt;N. S.: Quieren ganar plata como sea, nada más.&lt;br /&gt;L. T.: En Cortázar yo admiro la primera parte de su obra. Pero están sus llamadas veleidades. El cayó en una de esas redes donde la necesidad de coherencia política puede llegar hasta diluir la ética.&lt;br /&gt;N. S.: Julio fue leal, siempre. Tenía mucho miedo a la muerte y eso lo llevó a asumir la política como un adolescente.&lt;br /&gt;L. T.: Usted le reclama a la novela una relación con la poesía ¿Tuvo en su obra en cuenta a algún poeta argentino?&lt;br /&gt;N. S.: A Francisco Madariaga. En Siberia Blues le hago un pequeño homenaje.&lt;br /&gt;L. T.: En su cuento Ley de Tres hay un hombre entre dos mujeres. Al leerlo pensé que se puede estar –iba a decir “tener”- con una, ninguna o mil, pero estar así entre dos, bueno, es el principio del fin de la aventura…&lt;br /&gt;N. S.: Depende de la inteligencia de las mujeres. La mujer no inteligente es la mujer madre. En Ley de Tres lo que podría suceder queda en suspenso. Concedo que el dos es un número muy burdo. El tres en cambio es un número sagrado… la Santísima trinidad. Yo tengo la preocupación que la tecnología en avance va a tirar por tierra lo que queda de las religiones. Hablo de las computadoras, de los bancos de datos que están en Rusia y en los Estados Unidos. El marxismo siempre fue una teoría económica.&lt;br /&gt;L. T.: Se postuló como filosofía dividida, creo, entre materialismo histórico y dialéctico. Habrá que pensar por qué derivó en una religión a veces alucinante, por ejemplo, Marx redujo al pueblo judío a una clase histórica, el pueblo-clase lo llamaba, o sea era sólo una categoría económica…&lt;br /&gt;N. S.: Pero qué bueno es eso de Marx…&lt;br /&gt;L. T.: Fue una reducción pero no hay nada en sus escritos -¿cómo escribe, no?- que justifique lo que el estalinismo llevó a cabo, me refiero a las masacres. Habría que indagar –aunque interese poco ya que no es temático, es un tópico, un lugar de discusión- si en los nudos de las vanguardias no prosiguen las llamadas guerras de religión aunque por otros medios. Piense en el lugar que la Trinidad tiene en la obra de Joyce, o cómo Kafka toma la ley del Antiguo Testamento, en el sentido literal de “edicto”… en cuanto a la cuestión judía…&lt;br /&gt;N. S.: Nosotros los argentinos también somos judíos. Y los peruanos, los uruguayos, todos nosotros estamos listos. Somos un eco de lo que la física llama el quark. El testigo obligado del fenómeno.&lt;br /&gt;L. T.: Quarks es un término que Gell Mann tomó de Finnegans Wake para denominar, no sin humor joyceano, a unas partículas que acaecen en millonésimas fracciones de segundo. En Joyce, quark, es un personaje no visto ni oído por nadie. Yo me acuerdo de otra palabra: “quaks”, uno de sus sentidos es “embaucadores”. Si testigo significa etimológicamente “mártir”: ¿no habrá martirios embaucadores? No creo que la satelización del mundo sea algo terrible, apocalíptico. La prueba de fuego es cómo las culturas van a evitar ser americanizadas totalmente, o caso de la Unión Soviética, rusificadas, como Polonia. Pero a su vez no caer en “fascismos”. Porque ante la a veces brutal modernización en ascenso recrudecen los fundamentalismos, intentos desesperados de recuperar una identidad perdida. En ellos la palabra suele coincidir con el código: sentencia a muerte a todo lo diferente.&lt;br /&gt;N. S.: ¿Y China? A mí me interesa todo lo chino, incluso Mao. No deje afuera a los chinos que son muchos y enormemente correctos.&lt;br /&gt;L. T.: En su literatura hay más de un toque de arte clásico chino. También está, creo, lo hindú. En su antológico -para mí- relato “Diario en Manhattan” de La Condición Efímera el narrador toma verbalmente la isla desde una posición “zen”, como si la escritura pulsara el temple del arco en esa ciudad eco, doble, “sostén” de Nueva York. Imperceptiblemente se oye la impostura sexual que trabaja la vida americana, la ausencia de estilo en primer término, es decir, la brutalidad, la liberación del boy-scout, la militancia homosexual, la voz del matriarcado, la segregación, los mass media que “llegan a producir el deber instantáneo de aullar”, todo el furor egoísta que no es incompatible con la tenacidad comunitaria, según escribe. Y se nota que no tiene nada en contra: atraviesa la isla desde lo singular…&lt;br /&gt;N. S.: Sí, es el mito de la Isla contra mis propios mitos. El primero de ellos es el de la condición lumpen: ”Y si un imbécil se ríe es porque es el Tao”.&lt;br /&gt;L. T.: Se detiene en las fruterías, abiertas día y noche. ¿Lo asombra que estén en manos de chinos?&lt;br /&gt;N. S.: Los chinos conforman una isla en medio de la Isla. Un descanso de la usura, de los sacerdotes gigantes que rezan al dios Dólar, los altoparlantes. Los chinos son “reductos a contraimagen”, cito, el narrador aprende de ellos.&lt;br /&gt;L. T.: Y transmite… se ocupa en detalle de los movimientos del cuerpo, a derecha, izquierda, descritos con minuciosidad, son como acordes, una música que va separándose de cuanto acontece, sin influir ese continuo plebiscito.&lt;br /&gt;N. S.: Son ritos, oraciones, contra la mecanicidad del cuerpo. Propongo ahí la conducta como oración cotidiana, es una disyuntiva ética. Eso es lo lumpen: sé que esta palabra suena peyorativa, pero para mí es santa.&lt;br /&gt;L. T.: Muchos escritores “antiimperialistas” caen de rodillas cuando pisan yanquilandia. Algunos hasta predican desde allá, a buen resguardo, la revolución. Otros transcriben la última película que llegó acá. Sarmiento en su Viaje descubrió algo que sería decisivo en su obra: que ser pobre allá no era un mérito. Usted habla del “lumpen”, alguien que no se explica para nada por la necesidad, tiene, en todo caso mucho más que ver con la libertad que esas figuras macizas, que parecen salidas de un pandemónium conductista. Creo que pocos escritores actuales norteamericanos hayan ido más lejos que usted en eso, salvo Thomas Pynchon, quien establece nuevas conexiones entre el dinero, la mierda y la Bomba. Es otro ilegible, en el Diario, por otra parte la cosa no tiene que ver con ideas, sino con ciertos circuitos, esos relámpagos interrumpidos de sus frases…&lt;br /&gt;N. S.: A mí me interesó por un tiempo la literatura beatnik. Grinsberg escribió Kaddish, una oración fúnebre judía, que es uno de los mejores poemas en lengua inglesa.&lt;br /&gt;L. T.: En otro relato de La Condición Efímera, Las Grandes Maniobras, la mujer dice que la desdicha es “un viejo asunto calumniante”…&lt;br /&gt;N. S.: Eso no es distinto de algo que afirmó Nietzsche: que sólo quienes atraviesan un gran dolor tienen la posibilidad de la risa. Una escritura sin humor no tiene posibilidad, pero sin sufrimiento, cómo inventar el humor. Ahora dígame, usted, Luis Thonis, ¿cuántos universos hay?&lt;br /&gt;L. T.: No sé. Giordano Bruno habló de infinitos mundos, lo quemó un tribunal véneto. Sé que la teoría del Big Bang trata de un estallido que sucedió… ¿hace 18.000 millones de años, no? Una detonación irreconstruible para la conciencia. Casi como el pecado original, tal vez más tenue…&lt;br /&gt;N. S.: Eso suena antropomórfico.&lt;br /&gt;L. T.: Dije el pecado original. No hay que confundirlo con otra clase de actos…&lt;br /&gt;N. S.: Explíquese.&lt;br /&gt;L. T.: En el pecado original Adán imita a Dios bajo dictado femenino. Ahí está la falta, irrepetible. Los que imitan a Adán, hablan del nuevo Hombre, etcétera, son adamitas. Jesús dijo que el hombre justo peca por lo menos siete veces por día, imagínese uno… por eso hay teólogos que hablan de la libertad de pecar; San Agustín dice que no hay que tener miedo de equivocarse, la lujuria para él no es algo tan grave como puede serlo la soberbia con la fanfarronería de los dioses cotidianos…&lt;br /&gt;N. S.: No cambie de tema ni se alegre demasiado. El drama del Big Bang es que tiende a la entropía. Y la entropía significa el fin de las religiones, por ingenuas.&lt;br /&gt;L. T.: Pero para que eso ocurra tienen que pasar miles de millones de trillones de años. Y, entonces, seremos ¿inocentes? ¿otra vez? ¿no habrá antes otra detonación, en otro agujero, esta vez, blanco?&lt;br /&gt;N. S.: El hombre del futuro va a ser menos ingenuo. Se va a establecer el fin de todas las religiones, por geocéntricas. Ha de haber miles de millones de sistemas solares…&lt;br /&gt;L. T.: Pienso que las religiones son diferentes y por eso no pueden terminar de la misma manera, como por decreto. También está la ética, ahí tampoco puede haber demasiado “progreso”.&lt;br /&gt;Por ejemplo, quienes hoy éticamente se pronuncian contra la condena a muerte de un escritor dictada por el imán chiita aún si son ateos adhieren implícitamente a posturas éticas que se fundan en los mandamientos.&lt;br /&gt;N. S.: A veces no queda sino atarse a una roca. Como decía Eliot: en una playa distante y a riesgo, agrego, que la roca se tome revancha.&lt;br /&gt;L. T.: Otro relato de La Condición Efímera se llama Job. El Job bíblico vive más de ciento cincuenta años, el suyo está en el trigésimo año de su existencia.&lt;br /&gt;N. S.: Desenvuelve un poema de Dylan Thomas, En memoria de Anne Jones, que fue su ama de leche.&lt;br /&gt;L. T.: Pienso que en Job hay un reproche hacia el lenguaje. El purismo invertido se manifiesta cuando pregunta cómo de mujer puede nacer algo puro. En el fondo quiere ser inmortal, usted retoma eso, o es su arte el que me hace atribuírselo.&lt;br /&gt;N. S.: Es que el hombre debería poder vivir trescientos mil años, sin escoria.&lt;br /&gt;L. T.: Admiro su apego a la vida. Sé que lo que dice no es potencialmente imposible. Sé que morimos de desinformación: el ADN, que parece es imperecedero, no puede, como sistema recibir el mensaje de las células para que se regeneren, dividiéndose. O sea que se ha descubierto algo inmortal. Pero hasta ahora sólo se ha conseguido doblar, creo, la vida de ratones.&lt;br /&gt;N. S.: Lo que dice es extraordinario. Los ratones, además, son los lúmpenes por excelencia.&lt;br /&gt;L. T.: En todo caso le digo que la cifra hiperbólica que propone postula la inmortalidad de contrabando.&lt;br /&gt;N. S.: Nada de eso. Yo ayer salí del vientre de mi madre. Esa cantidad de años es poca considerada en términos científicos.&lt;br /&gt;L. T.: Usted, para recordar lo dicho por Cortázar, encuentra caminos nuevos, casi desconocidos en literatura. A propósito de eso me acuerdo de una frase casi proverbial, que quien se asoma a lo desconocido no puede ignorar. A ver qué le parece: “Los tontos toman los caminos que suelen evitar los ángeles”.&lt;br /&gt;N. S.: ¡Qué hermosa es! Si me dice quién la escribió la pongo de epígrafe en mi próximo libro.&lt;br /&gt;L. T.: La cita es de Burke, en sus Reflexiones sobre la Revolución en Francia, no me acuerdo de quién es, seguro no es jacobina. La vanidad es otro tema importante en su obra, su último libro se abre con una cita del Eclesiastés. ¿Qué le sugiere lo que dice un arrogante personaje de Jane Austen: “But vanity, not love, has been my folli?”&lt;br /&gt;N. S.: Que suena bien, pero que no es así. La vanidad engendra vanidad, nada más. Y el amor locura. En toda experiencia amorosa profunda –y no sólo con mujeres- el organismo comienza a producir anfetaminas. El amor vuelve loco y si no es loco se vuelve loco. La monogamia es un criterio ético ante eso. El odio es inconcebible. Se necesita una enorme pobreza para odiar.&lt;br /&gt;L. T.: No creo que se necesite mucho para eso. Una enorme pobreza ya habla de amor si recuerdo a Ignacio de Loyola. Hoy, además, no hay tiempo para odios personales, lo más abominado suscita tan sólo una etiqueta, o una bomba. Es una época de odio programado donde el otro no llega a tener un rostro. ¿Y los celos, están a medio camino? Me acuerdo de un personaje de Calderón que dice que ella no es sino “toda celos” y que Proust escribe como los celos suelen ser mucho más intensos que el amor.&lt;br /&gt;N. S.: También está quien tiene celos de quien está celoso porque no siente siquiera eso… el odio programado es el más destructivo. Yo escribí el “amhor”, con h, porque sé que es imposible. Si querés algo mal te embrutecés. En La Condición Efímera digo que estamos realmente solos en medio de lo que amamos.&lt;br /&gt;L. T.: Y con un uso de la imagen que cambia constantemente de plano y me ha hecho pensar en el cine mudo.&lt;br /&gt;N. S.: La imagen, así, no miente. La palabra, en cambio, sí. La imagen nos condena a ser lo que somos.&lt;br /&gt;L. T.: Hoy la imagen predomina sobre la palabra. Creo que ya no necesita mentir. Funciona a fuerza de electro-shocks. Pienso que en su escritura la condena se levanta cuando hay un encuentro en esas imágenes de cine mudo y su palabra, esto tiene que ver con los planos, con un arte de escuchar musicalmente el pasado desde otro tiempo irreductible de lectura. Además, esto es lo único que hoy permite subvertir el poder aplastante de unas imágenes que no quisieran interrupción alguna: dividiéndolas, he ahí el efecto mudo, que desconcierta el relato lineal, he ahí la línea auditiva, múltiple, son movimientos que lo dejan a uno sin reflejo donde protegerse, reproducirse. Ahí es donde comienza la lectura.&lt;br /&gt;N. S.: Mi próximo libro trata de todo eso. Se llamará Redención por la Delicadeza. Y ahora para terminar quiero me permita un pequeño exabrupto: ya que el amor es imposible –digo-, ¿por qué no cerrar las puertas con cuidado?&lt;br /&gt;L. T.: Hay en esa frase un cierto tono…profético?&lt;br /&gt;N. S.: Espero que no. Los profetas eran enfermos graves. Es cierto que mucho más sanos que los que hoy quieren salvarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en la revista Pierre Menard n° 1, año 1992.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-1816262486216157710?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/1816262486216157710/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/la-yapa-6-entrevista-de-luis-thonis.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/1816262486216157710'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/1816262486216157710'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/la-yapa-6-entrevista-de-luis-thonis.html' title='LA YAPA 6, Entrevista de Luis Thonis'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2868397258922519093.post-8271235936820412067</id><published>2009-05-05T08:26:00.000-07:00</published><updated>2009-07-25T11:15:59.187-07:00</updated><title type='text'>LA YAPA 7, entrevista de Victoria Morana</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Esa diversidad simplísima. Etcétera.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Preparar pacientemente, amorosamente, un estado de sinceridad irremisible” fue su propuesta de trabajo. Una entrega absoluta en la escritura, casi un abandono del estado de conciencia; como él decía la única posibilidad es hablar desde uno mismo, encontrar la voz interior. Conocí a Néstor Sánchez cuando un amigo me contó que estaba dando clases a un grupo y que había posibilidades de participar en él. Comencé el taller a principios de la década del ’90 y esa cita, de su autoría, fue la frase que nos hizo copiar en nuestros cuadernos el primer encuentro, punto de partida para el trabajo.&lt;br /&gt;Escribir y comenzar a corregir, a agudizar el ojo. Y más que leer, nos explicaba, que debíamos aprender a leer, entender cómo está construido el texto, ver hasta el mínimo recurso, y tratar de comprender la lógica sutil que eso crea, provoca; buscar el sentido en los soportes técnicos, más que en una simple anécdota.&lt;br /&gt;Néstor Sánchez construye su narrativa tomando elementos del jazz, del cine, del surrealismo. Trabaja sobre sus personajes con la premisa específica de que la mirada determine los límites absolutos de la acción, sin ir más allá de lo que ellos mismos puedan decir o hacer. La búsqueda de un estilo donde se fusionen la poesía y la prosa, donde lo esencial es el trabajo con el lenguaje, el ritmo, lo sonoro. Tal vez todos estos elementos, y otros del cotidiano, un deber ser con el cual él no estaba de acuerdo, hicieron  que su obra no entre en el canon de esa época, por lo menos en esa Buenos Aires. Publica Nosotros dos (1966) Viaja por diferentes países, y con finalidades distintas. Trabaja como traductor de autores italianos y franceses y hacia fines de los ’80 vuelve a la Argentina.&lt;br /&gt;Siberia Blues (1967) El amor, los orsinis y la muerte (1969), Cómico de la lengua (1973) son las novelas que componen su obra. Luego de su regreso a Buenos Aires publica La condición efímera (1988) único libro de relatos.&lt;br /&gt;Compartimos mates y charlas de taller un par de años. Tiempo después, tuve la posibilidad de hacerle un reportaje, que fue publicado en una revista en septiembre del ’97. Como no era específicamente literaria, pude tener la ocasión de preguntarle sobre su historia, sus recorridos. Eso que quedaba fuera del taller, porque él solo hablaba de otros grandes escritores, y de él todo era y se volvía una referencia literaria. Sabía escuchar y compartir conocimientos, saberes, otro aprendizaje que sólo es posible con buenos maestros.&lt;br /&gt;Vino a mi casa, lugar donde nos reunimos en los encuentros del taller. Acordamos algunas cosas, y demasiado pronto para mí me pidió que encienda ese aparatito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;V.M.: Comencemos desde el principio, los inicios.&lt;br /&gt;N.S.: Nací en Villa Pueyrredón, entre Urquiza y Devoto. Hice allí el colegio primario y el secundario, en el Mariano Acosta. Después murió mi padre y tuve que dejar; él era ferroviario. La literatura apareció desde la época del colegio secundario, y a escribir concretamente poesía comencé a los 18 años, aunque no llego a publicar. Después vino el intento que está en todos mis libros, el de fundir la poesía con la prosa. Entonces ya no busqué el poema sino que busqué el ritmo de la narración.&lt;br /&gt;V.M.: ¿Esto está presente ya en el primer libro que publicaste?&lt;br /&gt;N.S.: Comencé publicando en Sudamericana “Nosotros Dos”, después “Siberia Blues” y “El amor, los Orsinis y la muerte” después de un viaje a Chile y Perú. Obtuve una beca para ir a los Estados Unidos a Iowa. Viví en Venezuela un tiempo y de allí fui a Europa. En España escribí “Cómico de la lengua” y reeditaron todos mis libros en Seix Barral.&lt;br /&gt;V.M.: Alguna vez contaste que habías trabajado también como periodista.&lt;br /&gt;N.S.: Si, hice crítica literaria firmada en Primera Plana y también trabajé un tiempo en Confirmado. Después me dediqué a la traducción del francés, en Venezuela y en España. Me pagaban muy bien, como autor, no como ahora que está tan mal pago. En España traduje del italiano y del francés a escritores como Cesare Pavese, Luis Ferdinand Céline, René Daumal, Henri Muchaux y otros. Acá, en Argentina, traduje a Simone de Beauvoir. Pero donde más traducciones hice fue en España.&lt;br /&gt;V.M.: Cuando escribiste tu primera  novela ¿pertenecías o participabas de algún grupo literario?&lt;br /&gt;N.S.: No, pero tenía amigos y formábamos naturalmente un grupo. Todos nuestros encuentros eran literarios, leíamos en común, sobre todo poesía. A mí me interesaba más la poesía Argentina que la prosa. Algunos de mis compañeros eran Bayley y Madariaga; también era amigo de Paco Urondo, de Enrique Molina. Nos encontrábamos una vez por semana. Sacamos una revista que se llamó Baires, pero salió un solo número. Esto era más o menos alrededor del ’63.&lt;br /&gt;V.M.: ¿Cuál fue el motivo para hacer tu primer viaje?&lt;br /&gt;N.S.: La idea era ir a Chile y a Perú, y luego a Europa. Pero una contingencia personal me hizo volver a Buenos Aires. Después salió una beca en Estados Unidos. Me quedé cuatro meses porque no soporté el frío y la soledad de Iowa. De ahí me fui a Venezuela, estuve unos siete meses y me casé por tercera vez. Luego me fui a Europa, a Italia, donde vive mi hermano; y de allí a España, donde me fue muy bien.&lt;br /&gt;La editorial Seix Barral me pagó para escribir mi libro “Cómico de la lengua” que ya tenía iniciado, me ofrecieron varias traducciones y reeditaron mis libros. Después me fui a Francia, viví siete años en París y trabajé para Gallimard como lector. Luego regresé a Estados Unidos, viví ocho años en Nueva York y en Los Ángeles. Continuaba trabajando , también, como traductor.&lt;br /&gt;V.M.: Luego venís y te quedás definitivamente acá&lt;br /&gt;N.S.: Si, y publico el primer libro de relatos La condición Efímera&lt;br /&gt;V.M.: En uno de los relatos, Adagio para viola d’amore, le hablás a ese viejo querido, que fue Juanele?&lt;br /&gt;N.S.: Sí, yo lo conocí. Fui a Santa Fe y de allí cruzamos a Entre Ríos. Me llevó el que era su lazarillo, Hugo Gola, a quien está dedicado el cuento. Él lo acompañaba a todas partes donde viajaba Juanele.&lt;br /&gt;V.M.: ¿Qué escritores argentinos son los que más te interesan?&lt;br /&gt;N.S.: Bueno, me interesan los poetas, como Enrique Molina, que murió hace poco. Edgard Bayley, Francisco Madariaga. Alejandra Pizarnik, aunque creo que ha sido un poco exagerada por su muerte, pero está bien. Sin duda Leopoldo Marechal, Julio Cortázar por Rayuela, no por todo. Y Borges, pero no como poeta, se insiste en él como poeta y no es bueno, en cambio Otras inquisiciones es un muy buen libro. De los escritores nuevos no sé.&lt;br /&gt;V.M.: ¿Hay algún o algunos libros que releas?&lt;br /&gt;N.S.: El Tao Te King es un texto fundamental. Releo a Joyce, que es un libro de cabecera, sobre todo el capítulo de preguntas y respuestas que me parece un hallazgo, me sirvió mucho para Cómico de la lengua como factor inspirador. En general hay en mí un cansancio de lecturas, no siempre acudo a viejas lecturas.&lt;br /&gt; En Nosotros dos hay una influencia del Cortázar de Rayuela, que fue su libro fundamental, por eso puse el epígrafe de él en la novela. Él fue además quien recomendó su edición a Sudamericana. Nosotros nos escribíamos y luego lo traté estando en París. También recomendó la traducción al francés de mis libros a Gallimard.&lt;br /&gt;V.M.: ¿Cuál es la manera en que escribís una novela? ¿Seguís algunas pautas?&lt;br /&gt;N.S.: No hay un plan, van apareciendo las cosas, hay una idea general de lo que va a ser el libro, pero es muy vaga. Un capítulo trae otro, lo importante es la voz que aparece, o las voces.&lt;br /&gt;V.M. ¿Pero sí hay una tarea de corrección?&lt;br /&gt;N.S.: Si, una ardua tarea. Pero nunca cambio un capítulo, solo frases o el estilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia invertida de una carencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Entonces toda memoria, toda memoria personal y por lo tanto apesadumbrada por el sin ton ni son sobreentiende, fundamentalmente, el olvido, la desmemoria? Es decir que solo quedaría recordar que se ha olvidado tanto, a fin de que algún día (ni cercano ni demasiado probable)  admitir ese incierto y mucho más evasivo recuerdo de tanta desmemoria. ¿O sea que cualquier vida puede ser contada en diez minutos?&lt;br /&gt;Dicho de otro modo: esa devastadora desmemoria destiempada y desarticulable.”   Fragmento extraído del libro “Cómico de la lengua” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;V.M.: Se ha dicho que la muerte es el tema central de tus libros. Sin embargo la memoria, el olvido son temas recurrentes en toda tu obra narrativa.&lt;br /&gt;N.S.: En el paso del tiempo está la muerte, la vejez, la inexorabilidad del tiempo que transcurre. Esa era mi arte poética para decirlo de algún modo. Y el tiempo se encargó de demostrármelo, porque ya llego a viejo. Hay también una relatividad en la memoria, una imprecisión, en los hechos que se narran y hay que hacerse cargo de esa imprecisión.&lt;br /&gt;V.M.: ¿Esa relatividad, se relaciona con el uso de ciertas expresiones desde su negación?&lt;br /&gt;N.S.: Está en la relatividad de la visión del autor. El autor sabe y no sabe lo que sucede, el libro se va construyendo por asociación. Es el contrario de un narrador omnisciente, del autor-dios, como lo llamaban los objetivistas franceses, aquel que lo sabía todo y estaba a la cabeza de los personajes, que podía decir que piensa un personaje. En mi caso hay una limitación muy grande del aparato narrativo, un intento de renunciar a todas esas cosas. Es lo que me propuse desde mi primer libro, Nosotros Dos.&lt;br /&gt;V.M.: La reconstrucción de la historia por lo tanto siempre será fragmentaria&lt;br /&gt;N.S: Yo digo que el ritmo de lo que ocurre es la mejor frase que encontré para decir lo que es mi trabajo narrativo. Porque el ritmo va produciendo la sucesión de imágenes. La historia interesa y no interesa, el lenguaje interesa más que la historia. Yo tomé como fuente inspiradora al objetivismo francés, que es la limitación de los poderes personales del autor para contar una historia. También, al surrealismo y a la beat generation de los Estados Unidos, que fueron los valores máximos de la época en que me tocó escribir.&lt;br /&gt;V.M. Y el jazz&lt;br /&gt;N.S.: Si, por supuesto. Ahí está la improvisación, también se improvisa sobre un tema dado, se lo fractura. De ahí Siberia Blues que son improvisaciones sobre un barrio de Buenos Aires. La Siberia era acá, en Villa Urquiza, un barrio de inmigrantes de difícil acceso, muy peligroso, en la frontera entre Villa Urquiza y Saavedra. Siberia es un intento de que el lector participe de la escritura. A mí la crítica me dijo siempre que los míos eran textos oscuros, de difícil lectura. Yo no luché contra eso, lo acepté como una desgracia porque mi intención no era la oscuridad  En mi escritura lo que pasa es que predomina la improvisación, como todo es autobiográfico, todo se relaciona con mi propia vida, sería el ritmo de lo que ocurre lo que procuré hacer.&lt;br /&gt;V.M.: ¿Entonces para la crítica de ese momento involucrar al lector era un sinónimo de oscuridad?&lt;br /&gt;N.S.: La oscuridad venía de eso, de la participación del lector que se descarta en la escritura. Lo mío era una aventura poemática. Cuando se lee un poema no se busca suspenso, se lee el poema en sí. Y también puede pasar con la prosa que se puede leer como poesía.  Es lo que yo hago, unir la poesía a la prosa. En general se busca una lectura fácil llena de concesiones al lector, lo que comúnmente llaman gancho.&lt;br /&gt;V.M.: En las novelas hay constantes desplazamientos y viajes.&lt;br /&gt;N.S.: Bueno fueron mis desplazamientos al mismo tiempo. Más que lo autobiográfico están los hechos vividos. No hay imaginación. Si la hay es en muy pocas dosis, por lo general son cosas que me sucedieron. Nosotros Dos es una historia en Buenos Aires, está el tango, los bares, la primera mujer. Después de eso se transforma, viene el espacio tierra, y empiezo a viajar.&lt;br /&gt;Yo sentí la necesidad el irme de Buenos Aires, para ampliar el espectro de visión del mundo ir al mundo. Esa era la convicción que tenía. Eso me pasó después de Siberia, me di cuenta que quedándome en Buenos Aires se empañaba el espectro de visión, se empequeñecía y los viajes abren otras posibilidades.&lt;br /&gt;V.M. Es una forma de exilio&lt;br /&gt;N.S.: Es una adecuación a nuevas condiciones de vida y a ver el propio país desde fuera. Se lo ve distinto, cambia la visión. Encerrado en el país se está muy limitado. Sobre todo en una ciudad como esta que es devoradora de visión.&lt;br /&gt;V.M.: ¿Se puede leer parte de la historia del país, o una visión de ella, a partir de tus textos?&lt;br /&gt;N.S.: Una novela deja sentir un poco la época en la que fue escrita, no creo que se coloque fuera del tiempo. Pero de ahí a que sirva para una lectura de la historia, creo que es un poco diferente, creo que el autor tiene que proponérselo para que se cumpla. Bueno, ahora ha dejado de ser pasión pero en mi época de juventud lo del escritor comprometido políticamente era un factor ineludible de escritura. Ahora pesa menos ese fantasma, pero en ese momento era muy arduo no entrar en ese código. Cuando escribí Nosotros me permití tomarme el atrevimiento de renunciar a esa imposición de un escritor comprometido, y vincularme más a la poesía. Y ahí vino el compromiso mío, que fue de otro tipo, con la poesía.&lt;br /&gt;V.M.: Era una propuesta estética diferente&lt;br /&gt;N.S.: Sí, una nueva estética. Esto fue una decisión personal. No había círculos que defendieran la relación poesía prosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Y usted no dijo todo poema es y será la historia invertida de una carencia o, con un poco menos de afectación: estamos realmente abandonados en medio de todo lo que queremos. Usted descreyó una vez más de toda palabra, en plena vejez, en la misma provincia de casi toda la vida”  Tomado del relato  “Adagio para Viola de Amore”, publicado en La condición efímera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;V.M.: Y ahora&lt;br /&gt;N.S.: Ahora vivo el sinsabor de la Argentina que proponen. No tengo demasiada idea política como para expresarme pero es un momento difícil de identidad. Estoy empezando a escribir, después de mucho tiempo de silencio, desde La condición efímera que no escribía, y como fueron relatos le perdí la mano a la novela. Me quedó el sabor del relato y quiero volver a escribir una novela. Actualmente trabajo también con talleres, con alumnos individuales. En el taller trabajamos lectura y escritura, lectura de distintos textos y escritura obligada de temas fijos que propongo, después se hace una corrección en común.&lt;br /&gt;En eso estoy, se me hace muy difícil porque, como digo siempre, ha pasado la épica para mí. La épica de los viajes, de la juventud, el cambio de escenario y la épica de la muerte si se quiere. Ahora por proximidad la muerte es una cuestión mucho más real, antes era un fantasma que me perturbaba sobremanera, pero no dejaba de ser un fantasma porque faltaba mucha vida por delante. Pero ahora ya queda poca vida futura y entonces la épica ha sufrido un deterioro. Salvo que tome la vejez como otra épica.&lt;br /&gt;V.M.: Cambia el sentido&lt;br /&gt;N.S.: Cambió de máscara, ahora más temible. Tiene que ver con el inicio de la vejez y nada más. La novela va a ser autobiográfica, el tiempo que viví en los Estados Unidos y Nueva York. Mi época en Estados Unidos fue un corte radical de todas mis relaciones, me quedé muy solo, estuve enfermo también. Ahora tengo amigos nuevos que no tenía antes, que se hicieron cuando llegué. Lectores de mis libros que se interesan en mi escritura. Para editar no tengo problema, me pidieron de Seix Barral y de Tusquets.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me hace un gesto con la mano. Apago el grabador. Creo que ya está, dice y se queda callado. Lo veo cansado y más ensimismado. Se levanta despacio y se retira. Esa fue la última vez que lo volví a ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María Victoria Morana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2868397258922519093-8271235936820412067?l=visionesdesanchez.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/feeds/8271235936820412067/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/la-yapa-7-entrevista-de-victoria-morana.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/8271235936820412067'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2868397258922519093/posts/default/8271235936820412067'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://visionesdesanchez.blogspot.com/2009/05/la-yapa-7-entrevista-de-victoria-morana.html' title='LA YAPA 7, entrevista de Victoria Morana'/><author><name>Mariano Fiszman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12137935375970250079</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
