SOBRE NÉSTOR SÁNCHEZ, por Silvia Mazar

Nunca volví a tener sentado frente a mí en el living de casa a un hombre como Néstor Sánchez.
Martes por medio, con su mirada vaga, el cigarrillo eterno y la frente húmeda. De tanto en tanto, una risa inocente nos premiaba.
Yo lo quería de una manera austera. Cuando encontraba belleza en un poema mío era un encuentro fervoroso, musical; cuando la devolución era “no, eso no” con una severidad de escuela, yo me avergonzaba porque seguramente él no hubiera querido tener que decirlo.
Aunque había una imperiosa necesidad de protegerlo, creo que era más fuerte su protección: esas palabras hondas con que transmitía su ética literaria eran protectoras.
Hubo tres conceptos suyos que se fijaron para siempre en mí. Casi a diario los recuerdo, los uso, me ayudan a hablar, a pensar, a ser.
Era bueno tenerlo en el sillón del living de mi casa, era muy bueno.

Marzo 2007


Silvia Mazar

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